Hindú derrota de visita a un Alumni combativo y demuestra que sabe ganar en encuentros duros

17 mayo, 2026

Hindú salió a enfrentarse a Alumni con el ánimo marcado por un golpe reciente en su orgullo. Su autoestima había quedado herida; el penal que Gonzalo Gutiérrez Taboada convirtió en el último instante de la prórroga de la semana anterior le arrebató la sonrisa que venía mostrando cada sábado de esta campaña. Esa acción significó también la pérdida de su invicto, que se había sostenido gracias a aquel derechazo ejecutado por un apertura de gran brillo.

Por ello, el plantel dirigido por Santiago Fernández llegó tenso, con la frente fruncida, al choque de este sábado frente a Alumni en Manuel Alberti. Fiel a la consigna de “laburar y laburar”, bajo una tarde fría y nublada Hindú volvió a saborear la victoria y recuperó esa sonrisa. Se impuso en un encuentro poco vistoso, muy trabado, por 23-17 sin sobresaltos, y se mantiene entre las posiciones de vanguardia del Top 14 de la URBA.

El local, alentado por la inusual goleada de 76-7 sobre Champagnat la semana anterior, apostó por un desarrollo de alto contacto. Cara a cara, de choque continuo. Y le costó, porque el rival se adaptó sin mayores contratiempos y se desarrolló un duelo áspero, duro, de ida y vuelta, con infracciones para todos los gustos. “No todos los partidos se dan como uno espera”, opinó Lautaro Bávaro para LA NACION apenas finalizado el encuentro. Y añadió: “Y cuando eso ocurre, hay que jugar de otra manera. Tuvimos oportunidades en ataque y supimos aprovecharlas. Pero hubo jugadas que no salieron… Hay mucho por mejorar”, analizó el tercera línea del equipo ganador, uno de los hombres más destacados del laborioso pack amarillo y celeste. Y la verdad es que Hindú no mostró un juego hermoso.

El choque fue antiestético. Pero el Elefante supo responder a las exigencias del momento. Más allá de algunos errores en la conducción y de las deficiencias señaladas por Bávaro, Hindú fue más pragmático y eficiente que su oponente. Cuando le tocó resistir el empuje de Santiago Neyra, Manuel Mora, los Bottoni, Tomás Bivort, Juan Patricio Anderson, Santiago Alduncín y los Cubilla, lo hizo de forma ordenada, en un marco tenso y al límite de la línea de off-side, como suele ocurrir con todos los equipos. Es decir, defendió bien ante el fervor desordenado del anfitrión. Y cuando dispuso de balones limpios, atacó con la misma pericia. Un try de Sebastián Cancelliere poco antes del descanso (Ignacio Cubilla fue amonestado en la acción previa), el de Franco Diviesti apenas iniciado el segundo tiempo, y el que determinó la victoria, de Lisandro Rodríguez a la media hora, llegaron como consecuencia de maniobras colectivas muy bien hilvanadas, circulación de pelota de costado a costado y desequilibrio con amagues y por destreza.

Alumni se plantó para luchar. En momentos lo hizo muy bien. Se sobrepuso a un 0-6 fruto de dos penales ejecutados por Fermín Ormaechea, gracias a un maul demoledor que terminó en la zona del in-goal del Elefante y con su hooker y capitán Bivort apoyando la pelota. Pero las infracciones reiteradas, merecedoras de tarjetas amarillas según el criterio del árbitro Nehuén Jauri Rivero, afectaron su rendimiento. En consecuencia, debió afrontar unos diez minutos decisivos, alrededor de la mitad de la segunda etapa, con la baja temporal de Bivort. Y dejarle ese margen a Hindú resultó demasiado.

Rápido resumen del triunfo de Hindú

Alumni lo pagó caro, con la derrota. Bivort volvió al campo para el tramo final, pero el Elefante se afirmó y terminó jugando en el terreno del local, con más probabilidades de ampliar la ventaja que de verla amenazada. Hindú ya no está herido; volvió a reencontrar el camino del triunfo. En cambio, Alumni continúa atrapado en un vaivén extraño: gana y pierde, gana y pierde. No logra estabilizarse. Necesita lograrlo. Ganando, por supuesto.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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