El rugby, al igual que el fútbol, es un esfuerzo colectivo que exige oficio, concentración, solvencia, madurez y equilibrio, y además requiere de la cuota de talento para desequilibrar. Esta definición, atribuida a Juvenal, célebre periodista de El Gráfico, puede aplicarse al rugby y a la actuación del CASI de este sábado. Desplegando cada una de esas virtudes, el equipo al frente de Oscar ‘Junior’ Murgier superó por 39-25 al Buenos Aires Cricket & Rugby y, aunque jugó fuera de casa por la suspensión de su cancha, se llevó la victoria en terreno ajeno.
El CASI mostró oficio. Se plantó firme en defensa para sostener la embestida inicial del BA Rugby, cuando el impulso de sus delanteros barrió con todo. Defendió con paciencia y esmerada cobertura, y cumplió con su parte para frustrar los fuertes intentos ofensivos coordinados por Mateo, Freire y Capalbo (este último abandonó la cancha durante el descanso por una dolencia en el hombro). El resto fue responsabilidad de Biei, cuyas pérdidas de balón y su indisciplina pesaron en el desarrollo del encuentro.
La concentración marcó diferencias entre uno y otro equipo. Mientras el León cometía errores clave, la Academia se mantuvo enfocada y consiguió réditos. Por estar inmersos en la disputa, en varias ocasiones los jugadores de camiseta rayada resolvieron situaciones complejas y pasaron de defender en su ingoal a arriesgar el de enfrente. “Nos conectamos bien en varias jugadas y nos llevamos el triunfo”, afirmó el ala Joaquín Sáenz de Miera, una de las figuras del ganador.
También mostró solvencia el conjunto de San Isidro. Solidez en el centro con Jerónimo Solveyra, que a partir de una pegada prodigiosa y de una toma de decisiones impredecible marcó distancia respecto al oponente. En más de una ocasión sus derechazos quirúrgicos cambiaron el escenario y el CASI pasó de defender en sus 22 metros a invadir los 22 del rival. Y la repentización, a veces al borde de desatar un ataque de nervios entre sus simpatizantes, permitió al equipo convertir una acción defensiva en un contrataque letal. Como ocurrió en el primer tiempo cuando, ubicado de fullback, Solveyra tomó la pelota y, bajo presión, amagó a patear, luego a entregar un pase y, con fintas hacia un lado y otro, evadió tackles y terminó habilitando a Ramón Castillo, el veloz wing que, a toda velocidad, estuvo a punto de anotar un try.
La madurez y el equilibrio, asimismo, son atributos del Atlético de 2026. No pierde con facilidad la compostura, sabe capear las temporales. Y aunque comete errores y debe mejorar en varios aspectos, no acostumbra desestabilizarse, aun cuando en ciertos momentos sea superado y pierda el control en algunas formaciones. En Victoria dominó el scrum y, a partir de ello, obtuvo pelotas de calidad para atacar o incluso logró penales muy cercanos a la meta. Por último, el equipo cuenta con la cuota de talento necesaria para desequilibrar, para romper esquemas, para imponer la sorpresa, y en ese aspecto juega un papel preponderante Solveyra, porque resulta difícil adivinar sus intenciones cuando toma la pelota.
Compacto de la victoria de CASI
Sin buscar luces, el CASI, hecho y derecho, cerró una actuación notable. Y triunfó con autoridad. En cambio, Biei está en pleno proceso de desarrollo. Así lo analizó Pedro del Carril, el tercera línea que regresó tras una ausencia de ocho meses por una lesión. “Este es mi segundo partido del año”, comentó quien el sábado anterior había disputado algunos minutos en intermedia y que ahora ingresó en el segundo tiempo de la primera. “Tenemos desconcentraciones, nos buscan tries fáciles y debemos corregir eso. Creo que hemos mejorado un poco respecto a los dos encuentros anteriores. No es lo ideal, pero este es el camino”, resumió tras la caída frente a un rival que mostró oficio, concentración, solvencia, madurez, equilibrio y talento para desequilibrar.