Maja Chwalinska, con 24 años y ubicada en el puesto 114 del ranking mundial, se ha convertido en una de las protagonistas más sorprendentes del Abierto de Francia. Proveniente de la fase de clasificación, logró avanzar hasta el cuadro principal y alcanzar la final. En las semifinales disputadas en el court Philippe-Chatrier, derrotó a la rusa Diana Schnaider (25° sembrada) por 7-6 (7-4) y 6-4, tras dos horas y diez minutos.
Su rival en la final del sábado será la rusa Mirra Andreeva, octava cabeza de serie, que superó a la ucraniana Marta Kostyuk (15°) por 6-1 y 6-3.
Con 1.64 m de estatura, zurda y con un estilo creativo sobre la pista, Chwalinska batió todos los récords previos. Se trata de su primera incursión en el cuadro principal de Roland Garros: había quedado fuera del ranking en 2021, 2023 y 2025. Sus actuaciones anteriores en el cuadro principal de Grand Slams habían sido en Australia 2025 (tras superar la qualy, cayó en la primera ronda) y Wimbledon 2022 (también desde la qualy, quedó eliminada en la segunda ronda).
Así cerró el partido Chwalinska
Pero en París superó todo lo conocido. Primero, al alcanzar las semifinales, igualó el mejor resultado logrado por una tenista proveniente de la qualy en Roland Garros en la Era Abierta, que era la hazaña de la rosarina Nadia Podoroska en 2020, cuando el mundo trataba de regresar a la normalidad tras la pandemia. Sin embargo, al derrotar a Schnaider (quien había eliminado a la N° 1 Aryna Sabalenka en cuartos de final), se convirtió en la segunda jugadora proveniente de la clasificación en llegar a una final de Grand Slam, después de la notable historia de Emma Raducanu en el US Open 2021 (la británica venció a Leylah Fernández en la final).
A Chwalinska no pareció intimidarle el desafío. Jugó con serenidad y claridad, con precisión y naturalidad, como si fuera una habitual participante de estas instancias. El año pasado terminó en el puesto 133; el ranking en vivo la sitúa en la 21ª posición del mundo, un ascenso de 93 lugares desde que comenzó el Abierto francés. Si vence a Andreeva en la final, podría situarse en el puesto 14. Ya tiene asegurado un premio económico de US$ 1.625.000: antes de París, a lo largo de su carrera había sumado US$ 864.000. La vida, claramente, le cambió en estas semanas.
Víctima de depresión
Nacida en Dąbrowa Górnicza, una ciudad industrial del sur de Polonia con unos 112.000 habitantes, forjó una destacada carrera junior: llegó a la final de dobles en Australia 2017, acompañada de su compatriota Iga Swiatek. No obstante, su recorrido profesional estuvo lleno de tropiezos, motivados por una razón clave: la depresión.
A los 19 años, tras caer en la primera ronda de la qualy de Wimbledon, se tomó una pausa indefinida del tenis. Contó que llevaba dos años luchando contra un cuadro depresivo. Después de esa frustración en el césped londinense, dejó su apartamento y regresó a la casa familiar, rodeada por sus seres queridos y por especialistas durante un periodo. Probó con el running y con el boxeo para canalizar sus emociones en otros deportes, pero ninguno funcionó.
“Empecé a sentirme mal. Primero en la cancha, pero después también fuera de ella, y eso me llevó a la depresión. Algo que disfrutaba muchísimo se convirtió en una fuente de sufrimiento. Asociaba el tenis con la presión, el estrés y el llanto”, relató hace un tiempo, en wtatennis.com.
A los cuatro meses, con más energía y alegría, volvió a empuñar una raqueta. Volvió a sentirse atraída por el deporte que había comenzado a practicar desde los siete años. Y, un año después de aquella decepción en Wimbledon, regresó al All England, superó la clasificación y hasta ganó un partido del cuadro principal.
“Los resultados ya no me definen tanto como antes, cuando no podía distinguir entre Maja y la tenista. Era solo una. Necesitaba tiempo para entenderlo mejor y también para hacer algo más, no solo jugar al tenis. Sentía que ahí solo existía el tenis. Pero sé que hay muchas cosas más que se pueden hacer y disfrutar fuera del tenis. Necesitaba tiempo para descubrir las cosas por mí misma”, reconoció Chwalinska, tras superar el bache. Comprender eso la liberó (y la fortaleció). Aceptó su rol en el tenis de una forma más amable. Y los resultados empezaron a aparecer.
¿Qué hizo Chwalinska para cambiar? Ella misma lo explicó: “Ya no soy tan exigente conmigo misma. No me autocastigo. Intento controlar mi diálogo interior. Antes, cuando fallaba un golpe de derecha, me decía: ‘Soy un desastre, soy un desastre’. Son expresiones simples, pero cuando se repiten, llegan a ser realmente opresivas. Practico ejercicios de respiración y trato de gestionar mis pensamientos o simplemente dejarlos ir”.
En los últimos dos años jugó en la Argentina. Más exactamente participó en el WTA 125 de Buenos Aires, en el Tenis Club Argentino de Palermo, en 2025 (alcanzó los cuartos de final) y 2024 (cayó en la primera ronda, aunque se llevó el título en dobles, junto a Katarzyna Kawa).
La polaca, que intentará emular a su compatriota Swiatek, campeona del Abierto de Francia en 2020, 2022, 2023 y 2024, luchará por la corona parisina frente a Andreeva, que también disputará su primera gran final.
Nadie esperaba a Chwalinska antes de estas dos semanas en la capital francesa, ya que su mejor resultado en el circuito principal había sido un cuartos de final en un WTA 250 de Cluj-Napoca, en febrero. A principios de mayo participaba en un torneo menor, en Saint-Gaudens (Francia), mientras las grandes estrellas del circuito competían en el WTA 1000 de Roma. Pero en Roland Garros está protagonizando una historia realmente maravillosa.