Francisco Cerúndolo: tras atravesar momentos duros en Roland Garros y lograr el título de Queen’s, confesó haber estado peleado con el tenis y la vida

24 junio, 2026

El Queen’s Club, situado a apenas cien metros de la estación de metro Barón’s Court, se halla en West Kensington, un vecindario residencial muy próximo al corazón de Londres. Al conquistar el título en ese escenario, frente a una de las veintiocho canchas que forman el club, el galardonado asciende a una nueva cumbre. Y no solo por la categoría del circuito ATP (un 500, con alrededor de dos millones y medio de euros en premios) sino también por su dilatada y singular historia. Este club tiene 140 años y, en sus muros adornados, muy cerca de las pistas de squash y de la realidad del tennis (una práctica que se remonta a la Edad Media), aparece ahora el nombre de un campeón que llega desde Argentina: Francisco Cerúndolo.

“Soy campeón de Queen’s y dos veces en pasto, siendo argentino: no se puede creer”, comentó el mayor de los Cerúndolo, de 27 años, quien este domingo venció a Tommy Paul (Estados Unidos) en la final del torneo británico, por 6-7 (4-7), 6-4 y 6-3, tras disputar el quinto punto decisivo y un duelo que se prolongó durante tres horas. Hace tres años, en Eastbourne, en la costa sur de Inglaterra, Cerúndolo logró el trofeo, convirtiéndose en el primer argentino en ganar un título en césped en individuales desde 1995 [Javier Frana en Nottingham]. Volvió a coronarse sobre esta superficie, la menos habitual del circuito y prácticamente ajena a la mayor parte de jugadores argentinos, donde existen muy pocas pistas de ese tipo.

Quizás, incluso más sorprendente que la victoria en césped es que Cerúndolo lo hizo apenas 22 días después de decir adiós, con desilusión y rabia, a la tercera ronda de Roland Garros, ante un rival todavía inexperto en polvo de ladrillo [Zachary Svajda, 85°], y habiendo expulsado públicamente a Pablo Cuevas, su entrenador, de la cancha. Pero así es el deporte. Así es el tenis, donde domina la mente.

“En Roland Garros la pasé muy mal, no estaba bien. Estaba peleado con el tenis, con la vida. No estaba disfrutando adentro de la cancha.” Y sostuve que eso forma parte del deporte profesional. No me pasó solo a mí; les sucede a muchos. Sucede que la gente de fuera no lo entiende; creen que uno es una máquina y que siempre estás preparado para rendir a la perfección. Muchas veces, fuera de la pista, las cosas no marchan de la mejor manera y, con la presión y los nervios de los partidos, se manifiestan a flor de piel”, relató Cerúndolo, ante un grupo de medios argentinos vía Zoom, entre ellos LA NACION. Subió seis lugares en el ranking, hasta el 21° (su posición más destacada fue 18°, en mayo de 2025) y, tras dos semanas liderando el brasileño João Fonseca, volvió a ser el mejor sudamericano del circuito.

Continuó contando, mirando hacia el futuro sin dejar de recordar lo sucedido en París: “Más allá de cómo me fue, no estaba disfrutando de mi vida, de mi tenis. Entraba a la cancha a jugar por puro juego y, así, era difícil. Del otro lado de la pista hay otro oponente; la mayoría de quienes están aquí juegan muy bien. En nuestra disciplina, cuando lo haces mal, quedas expuesto. En una oficina, puedes tener un mal día y nadie se entera. Cuando nosotros nos equivocamos, quedamos extremadamente expuestos y sabemos que somos noticia. Después de aquello me tranquilicé, tomé una semana libre en Buenos Aires para alejarme del tenis, no tocarlo, no hacer nada, recuperar las ganas. No tenía sentido entrenar por entrenar; no le iba a poner energía si no sentía ganas. Quise reconectar mentalmente, incorporé un nuevo entrenador, comenzamos con Nico [Massú], se vino a Buenos Aires, y poco a poco construimos el camino hasta llegar a este título, que no esperábamos. Llegamos sin grandes metas; los entrenamientos fueron aumentando en intensidad, al principio no iban bien y perdía sets con facilidad, pero cada día era un poco mejor. La competencia cambia. Y terminé jugando un tenis increíble sobre césped, con fluidez, moviéndome como si fuera mi hábitat natural”.

¿Existe una razón por la que Cerúndolo rinde tanto sobre césped? “Sinceramente, no tengo idea de cuándo empecé a jugar bien. Nadie me mostró cómo moverme en pasto, nunca en mi vida”, respondió a LA NACION. Y añadió: “De chico ni siquiera era destacado, ni viajaba mucho y podía disputar estos torneos de junior. Me fui a Estados Unidos para estudiar en la universidad [en 2017, en Carolina del Sur], pasé ocho o nueve meses jugando en superficies de cemento, de muy rápido ritmo; fue preciso ir adaptando mi juego. Cuando regresé a Buenos Aires mi enfoque cambió, volviéndose más agresivo, distinto al estilo natural de los argentinos y, quizá, esa experiencia me permitió… a lo largo de mi vida siempre fui sencillo, muy natural, sin complicaciones. Enfrenté canchas que no eran de arcilla, busqué la solución. Nunca tuve privilegios ni comodidades por no ser bueno; me tuve que adaptar a lo que se me presentaba. Desde el inicio, al competir en las grandes ligas y enfrentarse a superficies que no eran de arcilla, busqué la vuelta. No partía satisfecho por perder ni por jugar bien; pensaba: “Si quiero estar aquí, tengo que mejorar, adaptar mi juego y cambiar la mentalidad, no jugar para sacar puntos largos”. Debo estar preparado para definir un punto en dos o tres golpes, sin desesperarme si me regalan saques por una hora y media; tengo que entender cómo se juega en cada superficie, sin perder mi esencia”.

El inicio de la colaboración con el chileno Massú fue, simplemente, espectacular. “Tengo una estadística un poco loca. Cuando comencé con Waly Grinóvero, gané el primer torneo. Me ocurrió lo mismo con Kevin Konfederak. Empecé con Nico Pastor, no recuerdo exactamente cuándo fue nuestro primer torneo juntos porque se acopló con Kevin. Pero ahora, con Massú, sucede lo mismo. Es algo casi increíble. Se dio así. Cuando cerré con Nico Pastor, coincidí con Cuevas en Roland Garros, y empezamos a buscar opciones; no había muchos candidatos, y Pablo [Cuevas] sugirió a Massú. Le dije: ‘¿Vamos, hagamos una llamada para saber qué opina de mi tenis, qué dice de mí?’ Yo lo conocía del circuito como ‘hola, chau’, pero no teníamos relación. Hicimos una videollamada, conectó desde el primer día, y quedamos en que viniera a Argentina la semana pasada, lunes, martes y miércoles; yo volvía por la tarde y probábamos en esta gira de césped. Desde el primer día existió una buena feeling. Comenzamos de forma impresionante, nunca hubiéramos imaginado este inicio”, afirmó Cerúndolo, a una semana del arranque de Wimbledon (del 29 de este mes), donde disputó cuatro veces el cuadro principal y solo había ganado un encuentro en 2023, frente al portugués Nuno Borges.

Más allá de sus arrebatos dentro de las canchas, Cerúndolo sostiene que, desde hace un tiempo, se produjo un “clic” personal y que, poco a poco, va asumiendo su carrera de una manera más madura. “Necesitaba un cambio; no se puede disfrutar solo cuando se gana. Como trabajo mi físico y mi tenis, también debo trabajar la cabeza. Hace cinco años que no bajo del top 30 y, si bien me gustaría estar mejor, este logro es enorme. Ahora quiero dar un paso más. Me esfuerzo muchísimo, me entreno hasta las últimas consecuencias para continuar creciendo; no nací con una derecha ni con un don natural. Me esfuerzo al máximo todo el tiempo. Este trofeo es muy bonito y espero que vengan cosas grandes”, se ilusionó Cerúndolo, que sueña desde hace tiempo con entrar al top 10. Con rendimientos como los exhibidos en el Queen’s Club, tiene potencial para lograrlo.

Lo más destacado de la final de Queen’s

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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