Messi y Djokovic: una historia de redención y encanto nacida de la distancia

30 junio, 2026

Novak Djokovic llegó al mundo en 1987, exactamente un viernes 22 de mayo, en Belgrado, en la Yugoslavia de antaño.

Lionel Messi apareció apenas treinta y tres días después, el 24 de junio, en Rosario.

En su niñez, si bien en contextos diferentes, a ninguno de los dos le sobraba nada. Srdjan y Dijana, el padre y la madre de Nole, pasaban largas temporadas lejos de Belgrado, a unas cuatro horas en coche de la capital serbia, trabajando en una pizzería/pastelería situada en el monte Kopaonik, con la idea de reunir recursos para que sus hijos [además de Novak, los pequeños Marko y Djordje] pudieran crecer en un país sacudido por conflictos bélicos. Con raíces italianas y españolas, la familia Messi-Cuccittini, compuesta por cuatro hijos bajo el mismo techo, partía desde una base humilde; papá Jorge ejercía como jefe de sección en una metalúrgica y mamá Celia trabajaba en un taller de bobinas magnéticas.

Inquietos, ingeniosos, obstinados, competitivos, Leo y Novak hallaron en el deporte, en las pelotas de fútbol y de tenis, una sonrisa, un juego, un aliciente, una vía de escape.

Únicos: Djokovic empuñó una raqueta por primera vez a los 4 años; Messi, tras dar sus primeros pasos en Grandoli, se sumó a Newell’s

En 1999, Nole tenía doce años cuando las bombas de las fuerzas de la OTAN empezaron a sacudir la ciudad, sembrando terror en noches interminables en las que tuvo que refugiarse en el refugio del edificio de su abuelo, en Banjica, un barrio de bloques de hormigón que deja huellas. En esos diminutos lugares compartidos, el pequeño Novak soñaba con alzar el trofeo dorado de Wimbledon.

En ese momento, a unos doce mil kilómetros de distancia, Leo brillaba en las categorías inferiores de Newell’s, en un equipo que permanecía invicto y al que le llamaban “La Máquina del 87” por el año de nacimiento de sus jugadores.

Tal como Srdjan Djokovic, en un punto clave de la incipiente trayectoria tenística de su hijo, llegó a pedir dinero prestado “a usureros y criminales para poder viajar, porque eran los únicos que podían entregarte el dinero sin garantías, aunque con intereses desorbitados”, según confesó el propio Nole, los Messi tomaron una decisión dolorosa que terminó desatando la historia: emigrar a Europa (a Barcelona) para que Leo, con doce años, continuara con el tratamiento hormonal y pudiera desarrollarse físicamente para sostener sus brillantes toques con el pie izquierdo. Ambos lograron llegar a su destino.

Leo Messi, que hoy cumple 39 años, está brillando en el Mundial: aquí, celebrando su segundo gol ante Austria, el lunes pasado en Dallas
Leo Messi, que hoy cumple 39 años, está brillando en el Mundial: aquí, celebrando su segundo gol ante Austria, el lunes pasado en DallasTullio Puglia – FIFA – FIFA

Djokovic disputó su primer encuentro profesional en junio de 2003; Messi debutó oficialmente con el Barça en octubre de 2004. Hoy, más de dos décadas después, los dos se disputan el título de los mayores de la historia, los GOAT (“Greatest Of All Time”). Magnéticos y heroicos sin capa, uno con un balón número 5, el otro con una raqueta en la mano.

Lo extraordinario es que los dos lo alcanzaron después de soportar durante años ataques y vómitos provocados por discusiones ásperas y sentencias envenenadas. Durante mucho tiempo se dijeron cosas terribles de ambos.

Uno, que no cantaba el himno ni mostraba el mismo compromiso con la camiseta celeste y blanca que con la de Barcelona.

El otro, que merecía ser mirado con recelo porque provenía de una zona marginada del mapa europeo. Que ocultaba un costado oscuro detrás de sus imitaciones y bromas. Que simulaba lesiones cuando se sentía acorralado en las canchas. Que exhibía estallidos temperamentales fuera de control.

Djokovic nunca pasó inadvertido para el público: aquí, en Nueva York 2023, tras ganar el US Open, el último de sus 24 títulos de Grand Slam
Djokovic nunca pasó inadvertido para el público: aquí, en Nueva York 2023, tras conquistar el US Open, el último de sus 24 títulos de Grand SlamCLIVE BRUNSKILL – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Aquel que perdía finales con su selección caminaba por la cancha en silencio, dócil ante los poderosos y nunca llegará a ser como Maradona.

El otro, que abrazó una corriente antivacunas durante la pandemia; no tenía la elegancia de Federer ni el espíritu combativo de Nadal. No cabía un tercer bailarín en un dúo.

Todo ello solo les dio más hambre. Afinaron sus talentos naturales y rompieron cadenas. Leo lloró, desahogó su dolor y agitó los brazos hacia su familia, en el estadio Lusail de Qatar, en diciembre de 2022, dejando claro que ya no había cuentas pendientes ni nada que reclamar a su Dios. La Copa del Mundo lo absolvió de todo. Lo convirtió en eterno.

Leo Messi, en el estadio Lusail, encumbrando el trofeo del Mundial 2022, en Qatar, el día que rompió el embrujo
Leo Messi, en el estadio Lusail, encumbrando el trofeo del Mundial 2022, en Qatar, el día que rompió el embrujo Martin Meissner – AP

Novak lloró y dejó caer su raqueta sobre la tierra batida del Philippe-Chatrier, en agosto de 2024, al romper el hechizo y ganar, en París, la medalla de oro olímpica en individuales que se le había negado en Pekín 2008. En aquella soleada tarde gala, el máximo campeón de todos se liberó de ciertas ataduras y se convirtió en inmortal.

Con una larga vida por delante, rodeados de familia (con las mismas parejas desde la adolescencia, Antonela Roccuzzo y Jelena Ristic), mentes lúcidas y una atención casi milimétrica a su condición física, desde hace rato que ambos compiten aunque no siempre de forma directa, frente a talentos mucho más jóvenes. Ante Sinner y Alcaraz, frente a Mbappé y Lamine Yamal. Pero la adrenalina, incluso cuando ya no haya nada por ganar, los impulsa todavía.

Son leyendas que conectan. Djokovic, a través de su tenis, se erige como emblema de una nación joven que no olvida su pasado y que, más allá de cualquier recelo, no tiene reparos en abrazar a croatas, bosnios o a cualquier balcánico. Messi, con su destreza en el pie, intercambia elogios con Cristiano Ronaldo, tejiendo convicciones dispares, credos, pasiones o posturas políticas.

París 2024: Djokovic, arropado por la bandera de Serbia, celebrando el oro olímpico en singles, el único título grande que le faltaba
París 2024: Djokovic, arropado por la bandera de Serbia, celebrando el oro olímpico en singles, el único título grande que le faltaba

A Messi le gusta el tenis [de hecho, acaba de explicar en Kansas que sigue la serie de Nadal en la concentración y se siente identificado con su espíritu]. A Djokovic le fascina el fútbol. Aunque se conocieron personalmente en París, antes de un Roland Garros, cuando el público Pulga aún jugaba con el PSG. Después se cruzaron en diversas ocasiones: en entregas de premios; en un restaurante de Nueva York, en 2023, donde hablaron de sus familias y de los próximos pasos; en el Masters 1000 de Miami 2025, donde intercambiaron camisetas firmadas. “Tenemos muchas similitudes en el deporte, sobre todo en la preparación y la mentalidad ganadora.” En medio de estos instantes de asombro mundial por lo que la Pulga está logrando en la Copa, Djokovic publicó en su Instagram fotos de sus encuentros con el N° 10 argentino.

Messi y Djokovic, en un restaurante de Nueva York, en 2023
Messi y Djokovic, en un restaurante de Nueva York, en 2023Instagram Djokovic

Hoy, más allá de cualquier obstáculo cotidiano, los dos muestran una libertad de expresión, sonríen con serenidad y aceptan sus etapas como si fueran imágenes de una película. Comprenden qué representan y se entregan a cada exigencia. No siempre fueron consentidos, muchos llegaron a repudiarlos, pero el tiempo y el trabajo encauzaron las piezas. Ganaron todas las batallas y, hoy, provocan una fascinación que roza la nostalgia al verse que el cierre de sus carreras ya está cerca.

En 1987, [en abril, dos meses antes del nacimiento de la Pulga] el Papa Juan Pablo II visitó Rosario y el Monumento a la Bandera; salió Bad, de Michael Jackson; Los Intocables llegó a la cartelera; y Los Simpson se estrenaron por primera vez en Estados Unidos. Ese año nacieron Djokovic y Messi, con apenas 33 días de diferencia, en entornos muy distintos y a miles de kilómetros. Un guiño del destino: terminaron escribiendo la misma novela de redención y encanto.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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