El encuentro más aguardado del año llega en un momento crítico. La visita del campeón vigente a la cancha de Vélez, la sede de los Pumas y único choque de la temporada disputado en Buenos Aires, coincide con el periodo de descanso para las figuras principales, autorizado por el técnico Felipe Contepomi. Tras una ventana de julio difícil, durante la cual el equipo no alcanzó las metas previstas, retrocedió respecto a lo construido en las dos temporadas anteriores y terminó mostrando una imagen distorsionada; ahora el equipo pone a prueba su temple ante la adversidad más severa.
Enfrente están los Springboks, que llegan con un puñado de figuras top y un amplio grupo de jugadores que ha demostrado, a lo largo de la última década, que cambios en el nombre no alteran su rendimiento. Al contrario, contar con una plantilla extensa ha sido uno de los elementos que permitió al arquitecto Rassie Erasmus forjar al conjunto más dominante de la actualidad.
La mayor complejidad de este encuentro, que se inicia a las 16.10, reside menos en lo individual que en lo estructural. En un plano menos destacado queda la discusión sobre si era el momento adecuado para dar descanso a quienes compiten en el Top 14 de Francia; Contepomi defendió sus motivos. Aún más lejana está la pregunta de si las prioridades son los clubes o las selecciones o si conviene reajustar el calendario internacional. Presentar cuatro debuts y seis jugadores con cinco o menos caps entre los 23 implica una dificultad inevitable. Sin embargo, el énfasis debe ponerse en los retos colectivos que plantea el rival: exactamente, las áreas donde los Pumas se vieron superados en julio: las formaciones fijas, la defensa del maul, la coordinación defensiva y la reorganización ante jugadas descompaginadas. Sudáfrica pondrá a prueba cada una de ellas.
Al examinar el fixture al inicio de la temporada, sin Rugby Championship, con dos encuentros menos de lo habitual y con duelos más espaciados, podría pensarse que Contepomi podría disponer del equipo al completo durante toda la campaña. Pero el calendario es implacable y, aunque la Regla 9 lo ampara, eligió darles descanso a quienes actúan en el Top 14 de Francia, con el objetivo de que lleguen en las mejores condiciones posibles (la palabra “óptima” no aplica en este contexto) a Australia 2027. “Este es el último descanso que pueden tener hasta entonces”. Además, podrá contar con ellos durante dos semanas adicionales en noviembre. Allí empieza la verdadera preparación para el Mundial.
La última presentación de los Pumas terminó de manera escabrosa. Un fallo polémico, protestas airadas de los jugadores, el enojo del entrenador en la conferencia de prensa, la suspensión a Tomás Albornoz (que no incidió en el equipo, porque de todas formas estaba entre los que descansan). Más allá de que el reclamo sea justificado (por lo que ocurrió en el partido y por lo que viene ocurriendo con varios arbitrajes en los últimos dos años), lo peor que puede hacer el equipo es enfrascarse en cuestiones exógenas. O, en todo caso, saber utilizarlas a su favor.
Después de tres partidos por el interior en los que la cancha no estuvo llena, se espera otro ambiente en el Amalfitani. Un reducto en el que el equipo se siente cómodo y toma como propio. Casi un año atrás (fue a fines de agosto), aquí consiguió su única victoria en la historia como local ante los All Blacks. Un partido que se vivió con mucha intensidad dentro y fuera de la cancha de principio a fin. Sin un enfoque similar será imposible que los Pumas puedan ser competitivos ante el poderío Springbok.
En la conferencia de prensa del jueves, Contepomi insistió con un concepto: que los jugadores se animen. “A hacer lo que nos propusimos, a sacarlos un poco de lo que ellos hacen muy bien”. Puede interpretarse como un intento de juego vistoso y arriesgado que procure desequilibrar a los sudafricanos, pero también entraña la osadía de desafiarlos en sus puntos más fuertes: las formaciones fijas y el contacto.
Los Pumas cuentan con algunos jugadores capaces de asumir ese desafío físico: el gladiador Pablo Matera, que vuelve a ser el capitán ante la ausencia de Montoya; el gigante Tomás Lavanini, tenido en cuenta por primera vez en dos años; el ágil Joaquín Moro, de gran temporada en Leicester. Por lo mismo pueden explicarse los debuts de Francisco Moreno, pilar derecho tucumano no en vano apodado “Tanque” (147kg, 1,85m), y Juan Martín Scelzo, tercera línea con los genes de su padre (110kg, 1,92m).
Será clave la gestión de Santiago Carreras como conductor, función que cumplió con acierto ante las varias ausencias de Albornoz en 2025 (Gerónimo Prisciantelli irá de back, en un enroque respecto de cómo habían jugado en Twickenham), y también controlar a Sacha Feinberg-Mngomezulu, que hizo estragos en el enfrentamiento en Durban el año pasado; será la primera vez que los argentinos tengan la posibilidad de ver a este fenómeno en el país.
El partido más esperado llega ante el rival más encumbrado y en el contexto menos apropiado. Escenarios así son donde los Pumas forjaron su identidad.