Los Pumas ven la derrota ante Sudáfrica como un avance y deben dar el siguiente paso

12 agosto, 2026

Los Pumas y una derrota con sensaciones positivas

A pesar de que el desenlace y el margen final resultaron parecidos en las dos últimas derrotas, las caídas frente a Inglaterra (31-24) y ante Sudáfrica (17-10) no se vivieron de la misma manera. Con 18 ausencias, sin la mayor parte de sus referentes y frente al bicampeón del mundo, la selección argentina entregó todo y estuvo muy cerca de escribir uno de esos episodios que hacen vibrar a la afición albiceleste.

“¡Sí, se puede! ¡Sí, se puede!”, clamaron desde los cuatro costados de la cancha de Vélez. Unos 35.000 espectadores que se quedaron con las ganas de volver a presenciar otra hazaña histórica, como la vivida un año atrás frente a los All Blacks, pero que regresaron a sus casas con bastante de lo que vinieron a buscar.

En el tramo final de un segundo tiempo en el que, en su mayor parte, se defendió (igual que en la mayor parte del primero), Pablo Matera, que volvió a portar la cinta de capitán ante la ausencia de Julián Montoya y fue la gran figura de los argentinos, ejecutó un magistral 50-22 con su patada. Con el tiempo ya cumplido, los Pumas atacaron insistentemente, hasta que la pelota elevó su trayecto hacia la punta. El pase de Lucio Cinti no fue preciso, la pelota se le escapó a Matías Moroni cuando lo cercaban dos defensores, y el partido expiró. Aun así, el equipo fue ovacionado por toda la cancha.

“Nos vaciamos, y lo que dijimos que íbamos a hacer, lo hicimos”, expresó Matera para sintetizar la actuación, en concordancia con el rendimiento mostrado. “No se dio el resultado, pero fuimos competitivos, que es lo que buscábamos”, añadió el entrenador Felipe Contempómi.

La garra Puma estuvo presente, pero nadie desconoce que eso no alcanza para competir contra la selección que ha homogenizado el rugby en los últimos seis años. Se requiere, además, de mucho orden y una dosis de atrevimiento. Lo primero estuvo y fue el factor que explica la paridad que se mantuvo durante los 80 minutos. Si la Argentina tuvo opciones hasta el final fue porque, a diferencia de lo mostrado en los tres primeros partidos del año, la defensa mostró una coordinación notable, que acompañó la habitual contundencia ofensiva.

Sudáfrica también preservó a algunas figuras, pero contó con un puñado de estrellas que volvían de lesiones como Eben Etzebeth, Sacha Feinberg-Mngomezulu y Siya Kolisi. Los Pumas las neutralizaron muy bien. La diferencia que permitió a los visitantes regresar con la victoria estuvo en el juego aéreo y en las formaciones fijas.

Si bien las ejecuciones con el pie fueron, en general, inexactas, Sudáfrica recuperó constantemente las cargas, ya fuera en el aire o en el rebote. Eso les permitió asegurar un dominio de posesión y territorial casi absoluto durante el encuentro. Los Pumas lo contrarrestaron con un buen tacle y sin desesperarse, enlenteciendo también la salida del ruck. Una mejora notable respecto a la ventana de julio, base para construir cualquier sistema de juego.

Las formaciones fijas eran el mayor desafío que enfrentaban los Pumas. Resultó ser, de hecho, un factor decisivo. El try de la victoria, la única acción que movió el marcador en la segunda mitad tras un primer tiempo igualado, llegó a través de un scrum a cinco metros. Pero los argentinos sostuvieron la lucha durante gran parte del choque y solo con el paso de los minutos los visitantes se fueron haciendo más dominantes. La salida de Moreno y Lavanini se sintió. El pilar debutante permaneció firme en la base, aunque le costó adaptar su ritmo al partido; el segunda línea, que regresaba tras dos años, ofreció una actuación para ser considerado con más asiduidad, con un par de placajes furibundos y presencia constante en los rucks. Sí resultó muy efectiva la defensa del maul (otro progreso respecto a julio). En los minutos finales también decayó el line-out, lo que pesó en ese contexto de escasa posesión.

El atrevimiento era el segundo ingrediente que necesitaban los argentinos para equilibrar un partido a priori desigual. Los Pumas no renunciaron a ello, aunque les faltó pulir la ejecución para traducirlo en quiebres definitivos.

El abrazo del sol invernal, la expectación de las tribunas y la bravura del himno crearon un marco ideal del que los jugadores se alimentaron. El inicio fue furioso, sin excesos de energía. El primer scrum terminó, como presagio, en un penal a favor. Del line-out siguiente llegó la conquista de Benjamín Grondona, tras un pase en el contacto de Wenger.

El orden defensivo se quebró en la última acción del primer tiempo. Isgró venció en lo alto una carga de Agustín Moyano pero no alcanzó a asegurarse la pelota, una constante de todo el encuentro. Sudáfrica atacó desde mitad de cancha y abrió la pelota para André Esterhuizen, que resistió el tackle y, con una pirueta, sacó un magnífico offload, generando el inevitable try de Edwill van der Merwe para el 10-10.

Sólo siete penales concedieron los Pumas, cinco de ellos en la primera mitad. Expresión elocuente del orden general, incluso en secuencias de muchas fases, y de la defensa, que fue sólida incluso en situaciones de alta presión. Tres veces Sudáfrica llegó a la línea de ensayo y se fue con las manos vacías. Wenger fue de los más incisivos cuando recibió la pelota.

Sin el Rugby Championship, Contepomi eligió esta ventana (que se completa con dos Test Matches ante Australia, el 29 del presente mes en Jujuy y el 5 de septiembre en Mendoza) para dar descanso a los jugadores que actúan en Francia y cuentan con un calendario más exigente, con la mira puesta en el Mundial 2027. Como complemento, se les abre la oportunidad a muchos jugadores de probar sus condiciones. Matera y Santiago Carreras, dos figuras consagradas, fueron de los mejores. Ignacio Ruiz, acostumbrado a entrar pocos minutos en lugar del capitán Montoya, fue de los que mejor aprovecharon la oportunidad, con gran despliegue y entrega. Sánchez Valarolo mostró firmeza en defensa y Mendy fue incisivo en ataque. Grondona y Moro estuvieron presentes en toda la cancha.

Una frase hecha dice que se aprende más de las derrotas que de las victorias. De igual modo, podría afirmarse que algunas caídas dejan más aprendizaje que otras. Esta, sin duda, genera sensaciones positivas y conclusiones útiles para el futuro. Ratificar ese progreso ante Australia sería el siguiente paso natural.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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