Cóccaro, el Zorro, regresa de una lesión y entusiasma a Newell’s con una dupla goleadora que aporta la mitad de los goles

23 agosto, 2026

Matías Cóccaro llama a la confusión. Su doblete decisivo para vencer 2-1 a Newell’s frente a Banfield parece insinuar que podría ser su último intento en el fútbol, pero el delantero aún no ha jugado ni una ronda en la liga de los treintañeros. Es probable que su característico bigote, sello identificatorio, contribuya a ese aire de misterio. Es El Zorro, aunque ahora celebre sin la zeta en el festejo. “Lo más importante es que Newell’s gane”, sostiene el futbolista de 28 años, más enfocado en el equipo que en su propio lucimiento.

Marcó el tanto de la victoria ante Talleres y abrazó a su coterráneo uruguayo, pero también a su rival en la misma posición, Ignacio Ramírez, como ya había hecho ante Boca; convirtió el primero ante el Taladro y fue a agradecer a su asistente, Walter Mazzantti, por quien pidió a la hinchada los aplausos; tras el segundo, repitió un gesto que tuvo con los cordobeses: “Tranquilos, estoy yo”, le dijo a la tribuna al estilo Cristiano Ronaldo y, a la vez, alejándose del portugués, porque es un mensaje de cercanía en medio del barullo. Cuando abrazó a Facundo Guch, el zurdo que lo dejó para esa definición, le levantó dos dedos. ¿Qué significa? Los 200 dólares que el nueve le entrega como premio al que asista.

Ya no tiene 19 años ni convive con los juveniles de Atlético Tucumán, club en el que no debutó pero del que se llevó, por su aspecto, su apodo y su celebración, allá por 2017. Junto a otros veteranos, hoy asume con 28 años el rol de guiar, aconsejar, descomprimir y motivar a un grupo de Primera en el que abundan juveniles. Una responsabilidad mayor, ya que la mente debe lidiar con la complejidad de la permanencia de un grande del interior como es la Lepra. Por ello, aunque las identifica claramente como “aprendizajes”, no es momento de cruzar con acciones que tuvo el Cóccaro joven.

El uruguayo no tuvo en el Decano su formación completa. Llegó casi hecho. Porque, con apenas 16 años, cargó la maleta llena de ilusiones desde el humilde pueblo de Pirarajá hacia Italia: sus representantes de entonces lo llevaron a firmar con el Cagliari. Fue una estafa. Clubes de ascenso italiano fueron su destino real. “Me encontré solo, con gente que me había mentido. No era lo que busqué con tanta esperanza”, confesó el año pasado.

En Tucumán, entonces, afloró su rebeldía. Y llevó puesta una chapa europea que no hizo más que cerrarle puertas: “Era muy inmaduro, venía con la cabeza cargada. Te creés que sos el dueño del mundo: yo tenía la razón y el resto se equivocaba. Me manejé mal. No estaba capacitado ni preparado psicológicamente, necesitaba a mi familia”.

Volver a Uruguay fue como empezar de nuevo. También lo recibió una realidad contundente. La memoria repasó aquellos “días difíciles como leñador”, oficio que ejerció junto con el estudio y entrenamientos nocturnos, el únicoHorario disponible. La fortaleza mental se forjó en jornadas de esfuerzo y cansancio en brazos, manos y piernas. Y clubes como Rampla Juniors y Villa Teresa le quitaron el césped cuidado, la buena pelota, vestuarios cómodos con aire acondicionado y duchas tibias, la comida y, sobre todo, el cobro puntual. “Fue parte del proceso”, afirma convencido.

Todo ese carácter forjado lo acompaña hasta este presente de madurez y jerarquía. Pero también forjó una personalidad con un lema que mantiene desde hace años: “Soy una persona que dice lo que piensa”. Esto que se ve, soy

Como en Montevideo City Torque, cuando un encuentro polémico frente a Peñarol lo sacó de sus casillas y habló de “robo”, no ante los árbitros sino ante las cámaras. “Sabía que iba a recibir una sanción grande y no me importó. Lo que hice, ya lo hice y estoy de acuerdo”, contó al referirse a qué lo llevó a Huracán, en 2021. El club también fue testigo de un acto sorpresivo: le convirtió un gol victorioso al Xeneize y se disculpó ante la Bombonera. “Me crié viéndolo ganar. De chico admiraba a Riquelme y a Palermo y celebro mis festejos al estilo de Manteca Martínez. Mis ídolos jugaron; jugué el 10, el único 10 (en honor a Diego Armando Maradona). No soy hincha, pero sentí que tenía que hacerlo y soy una persona impulsiva”, explicó luego.

Necesitaba la revancha en el fútbol argentino y encontró un sostén clave para su rendimiento. No un club, sino aquello que hace a un club. “La Quemita, la gente, la cocinera, el de la puerta. Llegaba a las siete de la mañana y me quedaba hasta las cinco de la tarde porque se quedaban hablando conmigo. Estaba solo como en Tucumán, pero no estaba solo. Tuve mi lugar en el mundo”, detalló. “Huracán me permitió demostrar que soy un jugador para cosas importantes.”

Una etapa que duró dos años y medio. O, quizá, mucho más. Porque estar en 2023 significó compartir plantel con Mazzantti, una sociedad que en Rosario insinúa la reconstrucción de la química que en Parque de los Patricios disfrutaron, clave para la salvación del descenso. Una amistad que trascendió el campo de juego: cuando ya jugaba para Montreal, de Canadá, el uruguayo presenció el gol in extremis que convirtió su actual compañero una noche ante Independiente y lo gritó desde una cabina como si fuera propio. Compartir en Newell’s, evidentemente, forma parte de ese bombeo al corazón que le urge al Zorro para sentirse como en casa y rendir como lo está haciendo.

Su equipo contabiliza en el torneo Clausura ocho goles a favor y Cóccaro marcó la mitad, con dos particularidades: todos fueron en el segundo tiempo y tres de los convertidos por el 9 fueron antes de los diez minutos. Este sábado ingresó al entretiempo y bastaron cinco minutos para su primera celebración tras perderse varios encuentros por una lesión. Los puntos para la salvación van apareciendo: aún no cayó en el Coloso.

Un jugador que, se sabe, el roce y el diálogo lo alimentan. Pero sabe reconocer a quien se lo merece. En esa línea acumula una secuencia inolvidable. En 2025, durante su etapa por Atlas, de México, se cruzó con Inter Miami, por la Leagues Cup. Y aquel único 10 al que admiraba se volvió doble: Lionel Messi le festejó un gol y el delantero lo aceptó con una sonrisa.

El grito de Messi hacia el delantero uruguayo Coccaro en Inter Miami frente a Atlas

“Cuando hicimos el 1-1, les digo a mis compañeros que fuéramos a buscar otro. Hacen ellos el segundo y Leo lo festeja eufóricamente delante de mí. Después del partido vino a disculparse. Habla de lo que es el tipo, que ganó todo y a su edad está impecable. Y viene, me lo grita y te das cuenta de que el loco quiere seguir ganando. No le puedo decir nada. ¿Qué le voy a decir? Es el mejor de la historia y, cuando hay un tipo así… Con él me callo la boca, con ningún otro jugador, eh. Es sacarte el sombrero y callarte”, se deshizo en elogios.

Pudo seguir en el fútbol norteamericano, pero extrañaba la pasión sudamericana. Lejos de la plata, bajó al barro, uno en el que podía quedar muy marcado. Incluso ganando y con doblete, se criticó: “Perdí muchas pelotas y duelos que no debo perder porque no le doy respiro al equipo. Tengo que trabajar y mejorar”. El Zorro Cóccaro, lejos de la inmadurez juvenil, se muestra tal como es y empieza a aportar un granito de arena muy importante a Newell’s en el momento oportuno.

El primer gol ante Banfield

El segundo gol de El Zorro

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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