Thiago Agustín Tirante soñó durante años con ascender a la cúspide que hoy ostenta. Fue el número 1 del mundo en la categoría juvenil (2019), y suele figurar como uno de los más destacados de su generación (nacido en 2001; 1,85 m de estatura) con un estilo de juego sumamente agresivo y poco habitual entre quienes se forjan en esta etapa del circuito, con las medias marcadas por el polvo de ladrillo; tantas veces le costó frustrarse por no dar el salto al circuito mayor en el plazo y de la forma que él deseaba. Aun así, no dejó de buscar soluciones y siguió intentándolo hasta hallar la ruta.
Con un enfoque de prueba y error, logró finalmente ensamblar su explosión deportiva [“Un tenis salvaje”, como acertadamente comentó Daniel Orsanic durante una reciente transmisión en ESPN] acompañado de nuevas herramientas estratégicas, altas expectativas aliadas a una claridad emocional/psicológica y un desgaste físico que fue pulido a través de un desarrollo físico. ¿El resultado? El salto de calidad tan anhelado. Hoy, el tenista platense, cuarto argentino mejor ubicado, disfruta de su posición más destacada (50.º) y en la temporada acumula 22 victorias [una de ellas, recientemente, frente al legendario Novak Djokovic, en la segunda ronda de Cincinnati, Masters 1000 al que llegó hasta los cuartos de final, donde cayó ante el campeón eventual, el francés Arthur Fils].
A simple vista geográficamente sí, pero no en la cantidad de información que su mente y su cuerpo han asimilado, Tirante ha dejado Cincinnati atrás, la ciudad de Ohio, y ya se instaló en Nueva York, donde a partir del próximo domingo iniciará el US Open, el último Grand Slam del año. En medio de este momento brillante que atraviesa, el bonaerense de 25 años, entrenado por el cordobés Miguel Pastura [jugador de los 90, 182.º del ranking en 1995, contemporáneo, entre otros, de Hernán Gumy] y asesorado estratégicamente por Eduardo Infantino, conversó con LA NACION, vía Zoom. Entre sus ideas dejó claro un punto: va por (mucho) más.
-Tienes un tatuaje en la zona de las costillas que dice: “If you can dream it, you can do it (Si puedes soñarlo, puedes lograrlo)”. Hoy llegaste al nivel de tenis y a los torneos que tanto deseaste desde la infancia. ¿Cómo lo conseguiste?
-Siendo directo con lo que creo que mejoré, diría que el mayor avance estuvo en el plano mental. Maduré mucho en la capacidad de atravesar momentos difíciles de los partidos, en soportar la incomodidad que el rival puede generar. Siento que eso fue lo que me dio frutos. Sobre todo, me dio rendimiento esa parte mental: mantenerme dentro de los partidos incluso cuando no me siento cómodo o cuando no juego como quiero. Después, lo físico dio un salto: en los últimos meses avancé mucho en la condición física [sus preparadores son Horacio Anselmi y Pablo Berri]. Gané en explosividad, algo que siempre tuve, pero fui ganando rapidez para desplazarme. Creo que cuento con una altura razonablemente favorable para moverme así. Y junto con la capacidad de sostener partidos largos a este nivel, que es de lo mejor que existe, son factores que están marcando la diferencia.
-Valoras mucho el aspecto psicológico, de hecho, trabajás con tu equipo en ese ámbito. ¿Allí reside una de las claves de tu madurez en el tenis? ¿Dejaste de exigirte tanto y aprendiste a valorarte?
-Cien por cien. Antes, a veces en lo inconsciente, me comparaba mucho con lo que otros de mi generación hacían o con lo que lograban los más jóvenes. Y, de alguna manera, esa maduración me llevó a entender que lo más importante es alcanzar la mejor versión de uno mismo. Constantemente decimos con mis psicólogos [Pablo Pécora y Sergio Quinteros] que hay que buscar ser la mejor versión posible y hallar la propia definición de éxito. En ese camino, te puedes aislar de muchas cosas que no te benefician.
-¿Ser el Nº 1 junior te dio impulso o te generó una presión durante la transición al profesionalismo?
-Ambas cosas. Sí, hubo momentos de presión sana y positiva, que podrían describirse así. En su momento, fue útil, porque pude subirme en el ranking rápidamente, situándome alrededor del 350 tras haber estado en torno al 750-800 al terminar la etapa júnior. Después costó lidiar con esa presión. Cada vez que alguien me veía, me decía: “Tienes talento para llegar a ser muy bueno; confía en ti, eres capaz”. Pero por otro lado, me cruzaba con comentarios que decían: “Eres mucho mejor de lo que estás”, y eso añadía más presión. Sin embargo, no me arrepiento de aquellos procesos: hoy soy más maduro para interpretar lo que viví, tanto lo doloroso como lo feliz, y seguir en el camino hacia adelante.
-Hace pocos días conseguiste la victoria más importante de tu trayectoria, frente a Djokovic [2-6, 6-4 y 6-4], en la segunda ronda de Cincinnati. ¿Qué sentiste al vencer a Nole, a quien ni siquiera habías intercambiado golpes, algo que ya habías experimentado frente a Rafa Nadal y Roger Federer cuando fuiste sparring en las Finales ATP de Londres 2019?
-Primero, una sensación de liberación. Liberación por haber superado un duelo complejo no solo por la magnitud del rival, sino por el respaldo de quienes, con todo derecho, apoyaban a él. La situación, con él sintiéndose afectado por el calor, condujo a que él se excediera en algunos momentos y a que me costara mantener la concentración; yo opté por ser fiel a mi juego. Sentí esa liberación cuando terminó el partido y hubo un gran respeto, como quedó de manifiesto en la celebración; no quería ofenderlo ni faltarle el respeto. Fue un encuentro áspero, en el que ambos nos sentimos tensos: él por volver a competir tras un tiempo sin jugar en la cancha central y yo por enfrentar a una leyenda. En el primer set, quedó claro que no pude exhibir mi mejor tenis y estuve limitado por la situación. Tras aquel tramo de 18 minutos en el segundo set, pude distenderme un poco, incluso si al final perdí su servicio tras varios puntos de quiebre. Volví a confiar en mi juego y en los puntos por puntos, dejando de lado las distracciones. Antes del choque, le dije a mi equipo que esperaba poder separar lo que es Djokovic como figura de su estatus de tenis y lo que representa este partido para mí. Por fortuna, así fue.
Cómo vivió el triunfo ante Djokovic
-Mucho de tu repertorio llega a velocidades superiores a 230 km/h. ¿En qué consiste tu perfeccionamiento de ese golpe y cómo proteges el hombro ante una transferencia de potencia tan intensa?
-Antes que nada, lo cuido desde el gimnasio, con trabajos preventivos. Es fundamental fortalecer la región escapular, los dorsales y los hombros para que la potencia sea estable. He sufrido lesiones por mi explosividad, como a veces el abdomen, que me ha traído problemas; la zona media no siempre soportaba la potencia que genero. Por eso, lo principal es tener el hombro y la escápula muy fuertes y estables para que pueda moverse con libertad. Después, damos la importancia necesaria a la mecánica: no solo se trata de repeticiones, sino de trabajar las velocidades, las ubicaciones, el segundo saque tan crucial, y la variación de efectos, para poder sacar a todos los lugares y con todas las variantes posibles, no solo con slice y kick hacia fuera, sino explorando todas las variantes posibles del saque. Porque a algunos jugadores les molesta un saque distinto a lo de otros, así que hay que contar con un repertorio amplio.
-Hace un año estabas en el puesto 115 del mundo. ¿Los rendimientos de esta temporada, la mejor de tu vida, te brindan alivio económico para planear e invertir en tu carrera? ¿Tu formación enfrentó impedimentos económicos?
-Sí, absolutamente. Es un alivio mental, sobre todo. Siempre supe cuánto cuestan las cosas y, cuando pude mejorar económicamente, seguí invirtiendo en mi camino deportivo. Considero que ha sido clave. Muchos que pasaron por penurias al principio, cuando mejoran, no ven el lado de la inversión y terminan dejando de hacerlo. En mi caso, a medida que fui ganando estabilidad, continué invirtiendo en mi equipo: viajes, alimentación, todo. Eso también es una forma de desear más, para ser mejor. Hoy en día, este fue mi primer año completo en el circuito ATP y, tras Australia, empecé a viajar más con mi preparador físico. Son pequeños detalles que suman mucho para mantenerme firme en las giras y espero poder mantener ese patrón el año próximo. Hoy hay muchos jugadores lesionados; mira a Sinner, a Draper, o a quienes se retiraron del US Open… Cuidarse y mantenerse sano es fundamental para el futuro. El calendario exige mucho y, junto con lo mental, lo físico tiene un peso enorme.
-¿La lectura continua acompañándote cada día? ¿Qué libros te han gustado más?
-Sí, siempre. Como todo, hay semanas en las que leo más y otras en las que menos. En Cincinnati, por ejemplo, estuve bastante ocupado en el club y no pude leer; aun así, la lectura forma parte de mi rutina de viaje. Me atraen las novelas; me ayuda a desconectarme un poco de la realidad del tenis y de esta burbuja tan particular. Recientemente estaba leyendo una novela; lo último que terminé fue El psicoanalista, de John Katzenbach, uno de los libros que más he disfrutado en mi vida. Es una parte de mí que me aleja de la realidad y me introduce en un mundo distinto; es hermoso dedicar tiempo para mí.
-A partir del próximo domingo disputarás el cuadro principal del US Open por primera vez, tras cuatro intentos fallidos de clasificación. ¿Qué te genera este torneo en comparación con los otros Grand Slams?
-Será mi debut en el cuadro principal; siempre fue mi sueño ganar este torneo. Desde niño decía que sueño con ganar el US Open, igual que lo hizo y lo anunció Juan Martín del Potro, una de mis referencias. Para mí es enormemente importante. Espero que este año el torneo gane un valor positivo para mí y pueda jugarlo como un torneo más, manteniendo mi modo de hacerlo. Veo una buena oportunidad para aprovechar. Por supuesto, dependerá mucho del cuadro, pero hoy siento que si estoy bien y tengo confianza, gozo de la experiencia fuera de la cancha y la puedo trasladar adentro. Y, con esa mentalidad, ahora mismo me atrevo con cualquiera y los resultados me respaldan. Ojalá que sea una semana bonita, que muestre mi mejor tenis, que me sienta cómodo y que luche con la resiliencia que me ha caracterizado. A mí, afortunadamente, la humedad no me afecta demasiado, a diferencia de lo sucedido la semana pasada en Cincinnati o en Canadá con el calor. Espero adaptarme de la mejor manera posible.
Jugará su primer main draw en Nueva York

-Después del US Open, llegará la serie de Copa Davis entre Argentina y Turquía, en Neuquén, el 19 y 20 de septiembre. En febrero pasado debutaste en la competencia, siendo el número 1 en Busan, en la derrota 3-2 ante Corea del Sur. Por tu compromiso en esa experiencia agridulce y por tu nivel actual, volverás al equipo. ¿Qué expectativas tenés?
-Muchas, muchísimas. Era lógico que volviera, será una experiencia muy bonita, pero ya no dependía de mí. Me encanta representar a Argentina, lo hice desde muy joven y lo hice por primera vez este año en la Davis, donde marcó un punto de inflexión bastante grande en mi carrera. Fue un punto para cerrar una etapa y comenzar otra. Me aportó mucho impulso, más allá del resultado; me dio madurez para encarar las cosas después de esa experiencia. Fueron sensaciones y emociones intensas; fue duro, muy duro. Y creo que me hizo crecer de diversas maneras y perspectivas. Que me toque volver a representar a mi país será un honor y hay pocas cosas que se comparan. Voy a disfrutar muchísimo jugando la Davis.
Su afición a la lectura de novelas

Los mejores registros de su carrera
Tirante inició el año en el puesto 102.º del ranking ATP, en Adelaide, sin poder superar la clasificación. No obstante, luego participó en el Abierto de Australia, ganando su primer duelo en Melbourne: ante el local Aleksandar Vukic, antes de caer frente a Tommy Paul (en ese entonces 20.º). Aceptar la convocatoria de Frana para la Copa Davis en Asia lo llevó a disputar un Challenger en Bahrein antes de viajar a Busan, donde alcanzó los cuartos de final. En la Davis debutó ganando frente a Hyeon Chung, pero después cayó ante Soon Woo Kwon.
El viaje a Corea le impidió llegar a tiempo al ATP de Buenos Aires, de modo que su estreno en la gira sudamericana fue en Río de Janeiro: venció a Cristian Garín y a Francisco Cerúndolo, para después perder ante Alejandro Tabilo. Repitió derrota frente al chileno en Santiago, en los octavos de final. No superó la qualy de Indian Wells, pero sí ingresó como lucky loser a Miami, donde se impuso en un choque peleado (7-5, 6-7, 7-6) frente al francés Valentin Royer y, luego, cayó ante Fran Cerúndolo.
Llegó a las semis del ATP de Houston (venciendo en el camino a Ben Shelton, por entonces 9.º), a la tercera ronda de Madrid (superando a Tommy Paul, que era 18.º en la segunda ronda), a los octavos de final de Roma (derrotando a Cameron Norrie y Flavio Cobolli, 19.º y 12.º, respectivamente), y perdió en la primera de Ginebra; en Roland Garros avanzó hasta la tercera ronda, su mejor actuación en un Grand Slam. Pasó de forma rápida por la hierba de Eastbourne (ganó un partido) y también en Wimbledon. Regresó a una superficie de tierra batida europea con Bastad, donde alcanzó los cuartos de final.
En los Masters 1000 de América del Norte mostró lo mejor de su repertorio: en Montreal alcanzó los octavos de final (con triunfo frente a Taylor Fritz, 8.º), y en Cincinnati llegó a los cuartos de final, incluso venciendo a Djokovic, además de superar a Martín Landaluce y a Jakub Mensik (67.º y 16.º, respectivamente).