La prensa alemana lo describió como uno de los episodios más graves de la historia del fútbol teutón, con un saldo afortunadamente exento de víctimas mortales, pero con consecuencias lamentables: más de 85 heridos, 30 de ellos policías. Los disturbios se desencadenaron entre las aficiones durante el encuentro entre Waldhof Mannheim y Kaiserslautern, correspondiente a la primera ronda de la Copa de Alemania, que, pese al descontrol y la invasión del césped, se disputó los 90 minutos y la prórroga, con triunfo 1-0 de Kaiserslautern, que actualmente milita en la segunda división, pero atesora un pasado de 44 años en la Bundesliga, competición de la que fue uno de sus fundadores.
“Eran imágenes de un estadio de fútbol convertido en un campo de batalla”, se consignan en la crónica de Frankfurter Allgemeine. El partido, que se jugó en el estadio del Waldhof Mannheim, tercera división, había sido catalogado de “alto riesgo” por las fuerzas de seguridad, debido a la rivalidad entre ambos clubes de ciudades del oeste alemán, separadas por 50 kilómetros. Ya en los días previos se fue gestando un ambiente denso, por lo que se diseñó un operativo con 1.400 agentes de seguridad de distintas áreas.
Bajo un ambiente tenso, tanto en las tribunas como en el desarrollo del juego, con empujones y provocaciones entre los futbolistas, el encuentro había terminado 0-0 y se dirigía a la prórroga de 30 minutos. Los jugadores visitantes, al acercarse al banco de suplentes, fueron atacados con vasos de cerveza y el lanzamiento de los palos de banderas. En ese momento se desencadenaron los desbordes, a partir de las bengalas lanzadas por los hinchas de Kaiserslautern hacia la tribuna local, desde donde se produjo una invasión al césped.
La policía montada y agentes de a pie con perros también ingresaron en la cancha para intentar restablecer el orden. En los enfrentamientos se destruyeron carteles publicitarios y hubo lanzamiento de gas pimienta. Además se originó un pequeño incendio cerca de un arco. “Que tuvieran ingresar unidades de caballería fue algo que no había vivido nunca. Esto no solo nos perjudica a nosotros, sino a todo el fútbol alemán”, afirmó Thomas Hengen, director general de Kaiserslautern.
Donde minutos antes había rodado la pelota, se convirtió en el escenario de enfrentamientos entre hinchas de Mannheim y la policía. El árbitro Schröder planteó la suspensión del partido. Tras una interrupción de 30 minutos, una vez desalojado el campo de los intrusos, se disputó el alargue, bajo la advertencia de que ante un mínimo incidente habría una suspensión definitiva. La definición llegó con un gol en el minuto 120, que desató un festejo con bengalas en la cabecera visitante. “Todavía había bosta de caballos en las áreas”, añadió Marlon Ritter, capitán de Kaiserslautern.
La Federación Alemana de Fútbol anunció que “los incidentes serán revisados exhaustivamente porque en el fútbol no hay lugar para comportamientos que pongan en peligro la seguridad”. Aún se desconocen las sanciones, pero ambos clubes emitieron comunicados condenando la violencia y comprometiéndose a colaborar en las investigaciones de la justicia. “La pirotecnia utilizada deliberadamente contra otras personas, superar las barreras y entrar en el interior del campo no tiene justificación alguna”, fue el escrito del Waldhof.
“Hasta el momento, 33 miembros de la policía federal, así como dos agentes de policía del estado de Baden-Württemberg, han resultado levemente heridos”, explicó la policía de Mannheim en un comunicado. “En total, 85 personas necesitaron atención médica, incluidas ocho que fueron trasladadas al hospital para recibir tratamiento adicional”, añadió la policía.