El rugby lo apasiona tanto como la gastronomía. Solía verlo tomando el control de la parrilla en los asados de los Pumas, una costumbre que se mantiene cada semana antes de un test match. Cuando su cuerpo pidió descanso, dejó las botas y abrió su local, El Gaucho, en Clermont-Ferrand, la urbe que lo acogió durante siete temporadas de su trayectoria profesional. “A veces es agotador: me roba mucho tiempo, tanto mental como físico. Pero me entusiasma. Sigo conversando de rugby con la gente. Clermont es una ciudad de rugby”, afirma Martín Scelzo en una conversación con LA NACION.
La entrevista, que se extiende por más de una hora, se realiza en un café de San Telmo. El protagonista, con 50 años recién cumplidos, conserva la barba densa de su última etapa como jugador. Su físico transmite la imagen de alguien que batalló mucho a lo largo de su carrera. Han pasado catorce temporadas desde su retirada. Se toma un momento y, ante la pregunta sobre lo que más echa de menos de su vida de jugador, responde: “Anhelo las molestias propias de entrenar, el ritmo de las prácticas… pero lo que más echo de menos es la adrenalina del vestuario. El instante previo a pisar el campo, los olores, los ruidos, el pasillo que conduce a un estadio, ya sea con Los Pumas, Hindú o Banco Hipotecario. Eso es lo que más me falta.”
-¿Te resultó difícil retirarte?
-No, porque fue una decisión mía. Mi cuerpo ya no respondía y tampoco mi mente. Había firmado por dos años en Agen; en diciembre me reuní con el presidente y le dije: “No puedo más, ya no soy yo”. Acordamos la salida y así terminó todo. Estaba en buena forma física, venía de disputar el Mundial de Nueva Zelanda. Tenía 36 años, aunque ya había cumplido mi ciclo en el rugby. Es posible que ya no fuera a seguir con los Pumas… cuando ves pasar a chicos de 20 años a tu lado y ya no estás a la altura, te das cuenta de que no da para más. Además, en 2011 el rugby empezó a volverse más físico. Si a los 20 años un partido te dejaba recuperarte en el martes, a los 36 llegabas al viernes agotado y el sábado tenías que jugar. No te alcanzaba el descanso para volver a estar al 100% antes de volver a competir.
-¿Ya sabías que el Mundial 2011 sería tu despedida de los Pumas?
-Sí. Hablé con Tati Phelan y le comuniqué que era lo último. Lo pensaba así desde entonces. Me fui con la paz interior de haber cumplido.
-¿Volviste a vincularte con el rugby?
-Sí, estuve dirigiendo rugby femenino poco después de retirarme. Fue muy entretenido. Duró tres años, pero mi labor me llevó a distanciarme por completo. Hace una década, el rugby femenino no gozaba del reconocimiento actual. En Francia el deporte creció notablemente y obligaron a los equipos del Top 14 a incorporar rugby femenino. En determinado momento asumí más responsabilidades, los viajes eran más largos y mi trabajo me impedía estar al cien por ciento. No era factible.
-¿Alguna vez te tentó ser entrenador a tiempo completo?
-No. Hubiera gustado; todavía me atrae la idea de ser consultor de scrum, trabajar en la formación. Pero requiere una dedicación enorme y, al mismo tiempo, un restaurante demanda gran parte de mi tiempo.
Martín Scelzo tiene un palmarés notable. Una de las trayectorias más destacadas del rugby argentino. Se coronó campeón de la URBA y del Nacional de Clubes con Hindú, tras nacer en Banco Hipotecario. En el plano internacional, conquistó la Copa de Europa con Northampton Saints y el Top 14 con Clermont, en los años más competitivos del club, un habitual de las finales. Es el único pilar de Los Pumas en disputar cuatro Copas del Mundo, incluida la tercera posición en Francia 2007. La primera línea Roncero-Ledesma-Scelzo salía de memoria.
Con una estampa imponente, potente para portar la pelota y firme en el scrum, se sitúa entre las grandes primeras líneas de la historia de Los Pumas. Hoy reside en Argentina cumpliendo el rol de padre: su hijo Juan Martín debutó ante los Springboks el 15 de agosto. Sonríe al recordar el momento en que se enteró: “Me sorprendió mucho. Un día me dijo de hacer videollamada conmigo y con su madre. Estaba con su novia. ¡Pensé que nos iba a decir que íbamos a ser abuelos! Yo transpiraba… Nos dijo que estaba convocado para los Pumas. Soy muy reservado; no me expreso con facilidad. Lo felicité. La madre estaba saltando. Juan me preguntó: «¿No te vas a alegrar?». Le respondí: «sí, pero tenés que saber que ahora se viene lo más duro. Esto recién empieza». Por dentro estaba realmente feliz por él. Lo quiso mucho, eso me dio mucha felicidad. Él nació y se crió en Francia, pero siempre soñó con jugar en Los Pumas. Se esforzó mucho.”
-¿Qué te produjo verlo jugar en Vélez?
-Una emoción muy grande. Acompañé a Juan Martín a esa cancha; le dije que la dinastía continuaba gracias a él, casi treinta años después. Fue una experiencia muy intensa. Recuerdo cuando lo acompañé en la victoria sobre Francia (2010), fue mi partido número 50 con Los Pumas. Ver a tu hijo cantar el himno representando al país… es indescriptible. El himno siempre me conmueve, con cualquier deporte. Me sale de forma espontánea. No puedo evitarlo y, además, verlo defendiendo al país en el deporte que más amas…
-¿Cómo viste la evolución del rugby desde tu retiro?
-El rugby cambió muchísimo. En lo físico, en las capacidades técnicas y en el nivel de estudio del juego. Lo veo a mi lado: tienen todo al alcance. No se tienen que preocupar por nada, solo en jugar. Tienen todas las herramientas que nosotros no tuvimos. Por eso el rugby es más rápido, más fuerte y más contundente en el buen sentido. Antes era violento; había jugadores de gran peso enfrentados entre sí. Pero hoy casi todos son del mismo calibre y corren igual. Están preparados para ello. La evolución de los últimos 15 años ha sido enorme. Una vez fui a ver a Juan Martín a un entrenamiento en París; se bañó en diez minutos y fuimos a tomar un café. Se puso a revisar su teléfono; le dije que dejara de mirar, que estábamos hablando, y me dijo que estaba hablando con el club, analizando los lines del entrenamiento. Tenía todo el plan, lo que era mejor y lo que había que corregir. No lo podía creer.
-¿Te gusta el rugby actual?
-No, no me atrae. Me divierto más viendo el rugby femenino que el masculino. Me parece especialmente negativo el uso del TMO. En su día existía una herramienta para decidir si fue try o no; ahora anulan un intento retrocediendo diez fases. Eso me parece una locura. Si cometían un error de diez fases atrás, nadie decía nada. En nuestra era, el árbitro se tiraba entre los jugadores para decidir. Hoy se dudan mucho, se pide el video y no hay consenso; a veces se revisan cosas que no hacen falta. Veo mucho rugby francés; los únicos que me resultan entretenidos son Toulouse y Bordeaux. Voy a ver al Stade Français solo porque juega Juan Martín, pero en general el rugby francés me parece aburrido. Son casi todos autos chocadores. Me gusta un poco la Copa de Europa por su ritmo, su estrategia, sus ataques y sus defensas. Pero el rugby francés, en conjunto, me aburre.
-Hoy las reglas están más volcadas al ataque, con muchos más tries y puntos…
-Entonces, cambiemos de deporte y vayamos a ver básquet. Hace poco comentaba con amigos que me atrae más analizar la estrategia de un equipo. En Argentina-Sudáfrica me divertí muchísimo: Sudáfrica intentaba imponer su juego y la defensa argentina respondió con firmeza. Todo el mundo esperaban una goleada de 50 puntos y, sin embargo, casi lo empata en la última jugada.
-¿Por qué te gusta más el rugby femenino?
-Porque no tienen ningún complejo. Si ganan, ganan; si pierden, pierden. El rugby masculino en Francia está muy condicionado por los resultados. A las chicas, si se les cae una pelota, no pasa nada y siguen; no hay tiempos muertos. Hoy un jugador está cansado, se arrodilla y diez minutos de atención. Me incomoda ese espectáculo que parece fútbol, donde al mínimo contacto se busca sacar ventaja.
-Hoy el inglés Henry Pollock representa el jugador que busca espectáculo.
-Juega muy bien, eso no se discute. Pero hoy parece apostar más por el espectáculo que por el juego. Si cambiara esa actitud y dirigiera esa energía a mejorar su rendimiento, sería diez veces mejor. Su marca es reconocible; sabe lo que provoca. Reitero, es un jugadorazo; lo que propone es impresionante.
Arbitraje, scrum y pilares
-¿Los árbitros perjudican a Los Pumas? ¿Lo notaste durante tu etapa como jugador?
-Ningún árbitro quiere dañar a Argentina. Antes, si se equivocaban, se aceptaba; ahora, con el TMO, pueden retroceder diez fases y hay que mirar con qué criterio se decide. Hay muchos árbitros que evitan asumir responsabilidades. Si revisas todo en cámara lenta, parece imposible jugar. Hoy, si vas a placar a un jugador y éste se encoge 10 cm o resbala, te muestran la tarjeta. Hay que cuidar a los jugadores, pero ¿cómo lograr una vara justa y un equilibrio? Los árbitros tendrían que volver a tomar decisiones como antes y respetarlas.
-¿Puede un árbitro ver lo que ocurre en el scrum?
-Solo las primeras líneas entienden. Los árbitros a veces no saben arbitrar el scrum. Es extremadamente complejo ver todo. Si el árbitro está de un lado y el pilar del otro empuja hacia atrás, puede que no lo haya visto y lo cobre al revés. Es un tema delicado. A menos que haya un dominio muy claro o una infracción grosera, no saben.
-¿Cómo ves la evolución de esa formación?
-Ahora hay que ser fuerte y técnico. Hoy un pilar técnico disfruta en el scrum. El scrum actual es más seguro; vi recientemente un video sobre su evolución desde los años 60 hasta hoy y antes era impensable. En los 70 era increíble: tomaban cinco metros de distancia, se agarraban todos y ¡pam! Hoy están preparados para otra cosa, hay que protegerlos. Si tienes tres jugadores clave muy técnicos, no sé si dominarás a todo el mundo, pero tendrás un scrum sólido.
-¿Los Pumas cuentan con eso?
-No lo sé. Hoy todos evolucionaron para incomodar y ganar la batalla en el scrum. El otro día escuché al entrenador de Nueva Zelanda diciendo que ganaron la guerra, pero no todas las batallas: ganaron tres scrums claves y el que ganaron a cinco yardas de su ingoal cambió la guerra en el scrum. Con dos packs fuertes puedes pasar de dominado a dominante en un instante. Contra Sudáfrica hubo scrums en los que Argentina dominó y otros en los que lo pasaron mal. Hoy, además, hay más conocimiento entre todos. Juegan más, se conocen las mañas, las virtudes y las debilidades. Incluso a Sudáfrica, a veces, le cuesta el scrum y estamos hablando del mejor pack del mundo.
-¿Cómo viste a Francisco Moreno en su debut?
-Me gustó. Mostró solidez. Debutar frente a Sudáfrica no es sencillo y el chico lo soportó. En el primer tiempo lo dominaron una sola vez. Al salir, se notó el esfuerzo. Felipe Contepomi acertó al ubicar a Lavanini detrás para respaldarlo. Es un pilar con futuro y le irá muy bien ir a jugar a Inglaterra.
-¿Cómo ves a los pilares argentinos?
-Sclavi hoy es el mejor. Es un jugador fuerte, con mucha regularidad. No recuerdo todos los nombres… El que me impresionó contra Sudáfrica fue Ruiz, de los más destacados. También Moro me gustó mucho; lo de Matera fue de otro nivel. Si tienes a un Matera como el del otro día, elevas a todo el equipo. Es un chico con muchos años en Los Pumas, va por su cuarto Mundial y se nota su influencia sobre el resto.
-¿Se puede comparar a este equipo con el del 2007?
-No se pueden comparar. Nosotros nos complementábamos y nos conocíamos mucho. En el 2007 muchos jugábamos nuestro tercer mundial: Omar Hasan, Mario Ledesma, yo, el Flaco Rimas Álvarez, Nacho Fernández Lobbe, el Ruso Ostiglia, Chalo Longo, Agustín Pichot, Nico Fernández Miranda, Felipe y Manuel Contepomi, Nani Corleto… Veníamos jugando casi una década. Hoy lo bueno es que cuentan con muchos partidos anuales, algo que nosotros no teníamos. Como mucho eran seis. Antes teníamos o un pack bueno o unos backs buenos; hoy, estos pibes cubren todas las posiciones del 1 al 15. El plantel es amplio. Hoy no sabés quién va a jugar y el que entra suele rendir mejor que el que salió la semana pasada. Le pongo un par de fichas a estos chicos para el Mundial.
-¿Pueden ser campeones del mundo?
-Deben creerlo. Tienen plantel. El tema es que el rugby de hoy es muy parejo. Italia puede ganarle a Australia y perder por 40 ante Fiji, y Fiji puede vencer a Inglaterra y perder contra Chile. Nosotros caímos ante Escocia en julio de manera contundente y casi le ganamos a los campeones del mundo si hubieran faltado 20 jugadores. Cuando juegan bien, estos chicos pueden vencer a cualquiera.
–¿Ustedes en 2007 sentían que le podían ganar a cualquiera?
-Sí. Teníamos la certeza de que íbamos a ser campeones del mundo. En el último entrenamiento antes de salir a Francia, ya pensábamos que éramos los dueños del título. Nos equivocamos contra Sudáfrica. Salimos a jugar más o menos y Sudáfrica nos dejó jugar más para hacer lo que hizo después…
-¿Lo volviste a ver al partido?
-No. No volví a ver ninguno de mis partidos en mi vida. Una vez que el encuentro termina, se termina. El jugador sabe qué hizo mal y qué hizo bien. Obvio que analizo aspectos individuales para mejorar, pero nunca he visto un partido completo. Ni las finales que gané, ni las que perdí.