River atraviesa una mala racha: plantilla de lujo, DT de cuatro meses y el ídolo en silencio

30 agosto, 2026

River no para de perder. Todo lo que estuvo a su alcance, lo perdió. Perdió el superclásico, la final con Belgrano, un partido decisivo con Aldosivi por los 16avos de final de la Copa Argentina y quedó eliminado por penales contra Independiente Santa Fe por los octavos de final de la Copa Sudamericana. No está entre los ocho primeros en el torneo Clausura (penúltimo, en realidad) y no le alcanza su actualidad ni para la Sudamericana 2027.

Pierde incluso cuando no participa. Si surge alguna opción remota, la descarta. El 2026 aparece como el peor escenario para el año venidero, ahora sin un técnico formal, con la renuncia de Eduardo Coudet (nunca entendió el contexto) y con la llegada interina (cuatro meses, o quizá más) de Leonardo Ponzio, que hasta este miércoles era un nexo institucional y deportivo entre la primera plantilla, la reserva y las categorías juveniles.

Representa un emblema de la era dorada de Marcelo Gallardo; posee carnet, pero carece de experiencia en este tipo de retos. Tomará las riendas de un plantel valuado en alrededor de 150.000.000 de dólares, uno de los más codiciados de esta región, no muy lejos de Flamengo y Palmeiras, con incorporaciones que sumaron unos 70 millones, entre ellas Ángel Correa, Thiago Almada y Nicolás Otamendi, citando solo tres ejemplos recientes.

El gigante de Núñez se distingue, frente a otros, por su predilección por las formas y los modales. Mientras otros clubes despiden a sus entrenadores a la sombra, a medianoche en el vestuario o junto a la estación de servicio, River oculta sus miserias tras gestos que se pretenden nobles. Tras la salida, Martín Demichelis recibió un homenaje simbólico en un triunfo por 1-0 frente a Sarmiento, con un golazo de Franco Mastantuono, entre lágrimas.

Su segundo ciclo, marcado por altibajos en lo económico y lo deportivo, incluyó un video de despedida en las redes y un emotivo 3-1 frente a Banfield. Ahora, tras la fuerte desaprobación de la afición, un encuentro tenso con llamas en el vestuario y actitudes desafiantes de ambos bandos, Coudet se sentó junto a Stéfano de Di Carlo, el presidente, y Enzo Francescoli, el manager, para despedirse ante la hinchada. Gestos públicos que no esconden la realidad de estos cuatro años. River sigue perdiendo, más allá de la apariencia cortés.

“Gracias de corazón”, expresó el presidente durante una breve comparecencia pública de diez minutos (de 15:00 a 15:10), sin preguntas y, casi, sin respuestas. El directivo, de 37 años, apareció de traje, con la cortesía habitual, en medio de una elegante sala de conferencias, ante unos 160 periodistas, muchos de los cuales no guardan relación con la realidad de River.

Chacho, que perdió la alegría de aquel 8 sensacional que brilló en el Monumental, apareció con una camiseta negra y una gorra. Enzo, el más serio, probablemente el más afectado, guardó silencio. Y así surge el debate: quienes no se enamoraron de sus regates ni lo convirtieron en el último gran ídolo antes de la era Gallardo, se preguntan cuál es su función. O qué papel ocupa Pablo Longoria, tan ausente en una jornada de anuncios como Ponzio.

“Fue un punto de inflexión”, admite Coudet. “Esto es fútbol y a veces las cosas terminan así,” describe. “En este club hay que ganar y jugar bien. En los últimos partidos aparecieron cosas buenas y pensábamos que lo íbamos a sostener, pero no se nos dio. No le echamos la culpa a la desgracia, a la mala suerte, pero vienen sucediendo muchas cosas. El miércoles fue un partido para golear y no lo hicimos”, sostiene.

Un rato antes, Di Carlo lo felicita y le da una invitación al futuro. “Nos ha expresado en una conversación privada su voluntad de dar un paso al costado”, argumenta. “Un hombre de la casa”, llega a decir. Y confirma que Ponzio va a ser el entrenador este domingo contra Banfield. “Tiene todas las aptitudes”, entiende. Se levantan y se van por una puerta lateral, antes de un abrazo informal.

El ambiente se corta solo. Un puñado de palabras, silencio angustiante y rápidamente, los móviles en vivo (9 cámaras en directo) contando que tal vez Ponzio, si gana y gana, se quede más allá de 2026.

El Mundo River (en redes, en el estadio, en mesas de café), se inclinan por el aura de Ramón Díaz, a punto de cumplir 67, el segundo máximo ganador como DT de la historia y de diferencias ideológicas con esta conducción. Con la anterior y con la anterior. Hernán Crespo tiene trabajo reciente, Gabriel Milito no se va de México, Pablo Aimar es un sueño, Santiago Solari es una hipótesis. Los nombres son tantos que hasta aparece un campeón del mundo.

Lionel Scaloni no confirmó si sigue en la selección.

El frío, la humedad y el tono gris de Buenos Aires colaboran con la nostálgica imagen de River. Enseguida, sale un comunicado:

“River Plate informa que Leonardo Ponzio asumirá como entrenador interino del plantel profesional y este jueves por la tarde estará al frente de la práctica.

“Capitán y uno de los grandes referentes del Club en los últimos años, conquistó 17 títulos en dos ciclos y doce años como jugador.

“El cuerpo técnico estará conformado por Marcelo Escudero y Christian Manfredi como ayudantes de campo y los preparadores físicos Cristian Segura y Nicolás Paolorossi.

Al rato, el León dirige su primera práctica. Están todos, menos los que fueron apartados meses atrás, otro de los dramas de River de los últimos meses. Como Chino Martínez Quarta (¿tiene una oferta del exterior?) y Rafael Santos Borré, los últimos apuntados por los hinchas.

Hay menos movimiento en Núñez. De hecho, se suspenden la presencia en el Monumental de los que pagan el servicio “full” de la visita al Museo y la travesía completa, que vale unos 63.000 pesos. En el local interno -según aseguran-, las camisetas se siguen vendiendo como pan caliente.

Las oficiales, las que usan los jugadores, salen unos 230.000 pesos. Y unos 25.000 pesos para agregar el nombre. Montiel, Otamendi, Almada y Correa están entre las preferencias. Eso sí: los precios parecen de Europa, aunque en este caso el asunto económico excede a River.

Chacho dejó Alaves, fue presentado el 4 de marzo pasado y dirigió a River durante 176 días y 27 partidos, con 13 triunfos, 6 empates y 8 derrotas, con 36 goles a favor y 22 en contra. Una efectividad del 55,5% que lo ubica apenas por encima del 54,26% que consiguió el Muñeco en su segundo ciclo (35 triunfos, 32 empates y 18 derrotas en 85 partidos), de un año y medio.

La última vez que River se sintió River fue con Martín Demichelis, que logró tres títulos, le ganó dos veces a Boca, convirtió el Monumental en una misión imposible y jugó, en el prólogo de su travesía, un fútbol de alto vuelo. Fueron 52 victorias, 18 empates y 17 caídas, con una efectividad del 66,66%.

La reconstrucción empieza con urgencias: 2026 está casi perdido, pero todavía el mazo tiene una mano. Un plantel fabuloso con un conductor de paso, que pone en juego el afecto. Nada menos.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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