No tengo pudor en afirmar que, por encima de todo, lo que me importa es el juego. Mucho más abajo quedan los colores.
El juego es lo único que cuenta. Pero a veces padecemos amnesia colectiva. Entonces creemos que es más importante lo que sucede antes del juego y lo que comentó tal sobre lo que podría ocurrir en el choque. Tenemos demasiada fe en ello y las previas de los encuentros se alargan con comentarios que se desvanecen con una brisa ligera.
También pensamos que partes del juego tienen más peso que otras. Y de eso se aprovechan quienes hablan desde una postura dogmática. Se dice que el scrum es la pieza central del juego. Y a mí, al menos, me provoca muchas dudas. Si el scrum es el eje del juego, dudo que mucha gente quiera entrenarlo. Si el line y el maul se convierten en el único canal para anotar tries, vislumbro problemas para el deporte en el futuro.
Este fin de semana vi dos partidos: los Pumas frente a Australia, con victoria de los Wallabies por 27-21, y Sudáfrica ante Nueva Zelanda, con triunfo de los Springboks por 33-26.
Pumas frente a Australia
Iré directo al choque. Ya se sabía en las previas que los Pumas habían tomado la delantera ante los Wallabies, a los que, hasta el sábado, habían derrotado cuatro de los últimos seis enfrentamientos, y dos de ellos por goleada. Ver a los Pumas ha sido, desde hace tiempo, una esperanza de un futuro mejor. Con la pelota en juego son un equipo que progresa y gana confianza manteniendo un juego de continuidad. Tiene lógica: Argentina no es más fuerte que los otros seleccionados. En todo caso, puede igualar el choque. La batalla por imponerse no es condición necesaria para ganar.
El sábado, sin embargo, no sé si por la altitud de Jujuy o por factores que desconozco, el encuentro resultó feo y deslucido.
A los 12 minutos parecía que no arrancaba. Pero tras un lanzamiento muy bueno, los Pumas, en una acción que nació de un line out y en un ataque de Santiago Carreras con apoyos de ambos costados, lograron abrirse camino para el try. Pensé que el juego se iba a desbloquear, que los Pumas empezarían a encadenar acciones. Nunca pudieron hacerlo. Hubo más acciones negativas que positivas y por eso nunca estuvieron cerca de imponer su juego.
La derrota de los Pumas
Construir un try en el escenario de un test match es el trabajo de una atención al detalle tan precisa como la de una coreografía de ballet. No hay espacio, no hay tiempo. Ganar ambas cosas significa que el equipo entró en un estado de foco profundo para realizar movimientos extremadamente complejos.
Sin foco no puede haber nada. En Jujuy fue lo más llamativo.
Sudáfrica frente a Nueva Zelanda
En la segunda prueba, llamada “la rivalidad más grande del rugby”, encontré esperanza para el futuro del deporte.
Sudáfrica, ese equipo obsesionado con ganar a toda costa y golpeado por la derrota inicial, jugó a su manera. Se dedicó a pegar, a mantener line y maul en 22 metros y luego pensar en la forma que le funciona: aplastar la adversidad para anotar con la menor cantidad de pases posible. Los Springboks pueden ser demoledores y, por supuesto, también pueden generar momentos sorprendentes, pero a veces parece que la estética y la belleza significan cosas distintas para ellos.
Nueva Zelanda, en cambio, parece un equipo que construye su juego precisamente desde esas dos palabras. Los All Blacks no han sido una leyenda del deporte solo por ganar. Lo entendí este sábado. No sé por qué había sido tan ciego. Son los mejores porque buscan hacer el juego más hermoso. Ese es su motor.
En fuerza nadie les va a ganar a los Springboks. Su primer try es una demostración. Golpe, golpe. Un pase como mucho. Try de Jessie Kriel.
La respuesta: una jugada de línea con traslado directo al número 9, Cam Roigard. Un pase al centro para que arranque una oleada de jugadores con camiseta negra que ejecutan 6 pases, repito, 6 pases, avanzando y ganando terreno frente a los de verde. Un quiebre de Will Jordan y un pase interior para que vuelva a tocar el medio scrum y se vaya bajo los palos. Ver esto en el rugby moderno es como tomar un refresco helado tras una caminata por el centro en pleno enero.
La victoria de Sudáfrica
Gracias a la misma receta, sumado a los penales que acertaba Cheslin Kolbe, los campeones se distanciaron en el marcador. Pero no quiero entrar en el tema de la importancia de ganar, de que al fin y al cabo es un Test y todo lo que se me dirá después de leer esta columna. Quiero hablar de cómo Nueva Zelanda está volviendo a atacar de un lado a otro, de los pases largos de Jordie Barrett para los desbordes de quien sea que esté en la punta, de las oleadas de apoyo que llegan corriendo. Quiero sostener que los All Blacks están jugando a generar tries de una forma muy concreta y hermosa: con pases y carreras como si bailaran en ese rectángulo de césped.
Reducir un partido a dos números en el marcador es una simplificación tosca. Una dejadez. Sudáfrica ganó el segundo test. Los All Blacks ganaron mucho más.