Este martes falleció Carlos Horacio Salinas, apodado “el Loco”, un futbolista que dejó huella en el Boca Juniors durante la etapa bajo la dirección de Juan Carlos Lorenzo. Anotó un gol en la célebre final frente al Borussia Moenchengladbach, en Karlsruhe para alzarse con la Copa Intercontinental de 1978. Debutó en River, luego fue pieza clave en un triunfo recordado de Argentinos Juniors sobre San Lorenzo en 1981, un resultado que provocó el descenso del Ciclón. Y también pasó por la cárcel.
“Estoy más solo que los suplentes de los Reyes Magos”, confesó en una ocasión para El Gráfico. Campeón del mundo con Boca, el talentoso volante tucumano defendió varias camisetas y logró acumular una fortuna que, con el tiempo, gastó y terminó viviendo en una pensión.
Su formación tuvo lugar en las divisiones inferiores de River, aunque su brillo se encendió en Boca y le permitió alzarse con la Copa Intercontinental en la década de los setenta. El habilidoso mediocampista proveniente de Tucumán falleció este martes, a los 70 años. La noticia fue anunciada por el sitio oficial de Boca Juniors.
Además vistió las camisetas de Chacarita y Argentinos Juniors, donde dejó la marca de un choque decisivo para San Lorenzo: convirtió el penal que salvó al Bicho de La Paternal y, a la vez, propició el descenso del conjunto de Boedo, en una tarde de sábado de agosto de 1981 en la cancha de Ferro.
Salinas fue decisivo en la obtención de la Copa Libertadores 1978, y dejó grabada una página inolvidable en la historia del club al anotar en la segunda final de la Intercontinental de ese año frente al Borussia Moenchengladbach (3-0), en Alemania.
“Me puse la camiseta y no me la saqué más, siempre fui titular y metí goles importantes. Jugar en Boca me llevó a almorzar con Mirtha Legrand, en una época en la que no cualquiera lo lograba”, relató en una entrevista con El Gráfico, al rememorar lo vivido tras marcarle a aquel equipo alemán, que contaba con varias figuras campeonas del mundo en 1974.
Se retiró a los 31 años, pero poco después ocupó las portadas de los medios por haber sido encarcelado por tenencia de drogas y por estar acusado de comercializarlas. “Me empecé a relacionar con personas que no correspondían, que me llevaron por un mal camino. Te empiezan a meter en líos en los que uno no tiene nada que ver y la pasé mal”, reconoció. “En Devoto me trataron bien. Trabajaba en la cocina, repartía la comida por los pabellones y desde que llegué, todas las tardes armábamos picados. Aunque igualmente la pasé feo, porque la cárcel siempre es un infierno”, afirmó.
Con una considerable cantidad de dinero amasado por sus transferencias: “Dos millones de dólares. Gané mucha plata: en un momento, un año, hice tres operaciones: de Boca a Argentinos, de Argentinos a Independiente y de ahí a Colombia. Tuve siete departamentos y dos BMW”. No le quedó mucho al final. “Me separé, les di dos departamentos a cada una de mis hijas, luego tuve que vender los demás y también los autos. ¿Para qué querría yo un auto hoy, si me muevo por el barrio?”, comentaba en una época sin trabajo y viviendo en Caballito.
“Me agarraron en una fiesta, los milicos venían siguiendo a uno que estaba conmigo, y hallaron droga en el departamento, pero yo no tenía nada que ver. Decían que traía droga de Colombia. ¿Qué voy a traer yo droga? Cuando comprobaron que no era así, me liberaron, estuve tres o cuatro meses en Devoto”, relató sobre aquella etapa desafortunada.
En 1978, el mediocampista arribó a la entidad de la Ribera, solicitado especialmente por el técnico Juan Carlos Lorenzo, tras dos años de destacarse en el Funebrero, comenta una reseña de DeporTV. La realidad es que Salinas, con la casaca tricolor de Chacarita, había tenido una fuerte disputa con sus colegas Carlos Suñé y Jorge Ribolzi, en un choque frente a Boca.
En aquel entonces, sin redes sociales ni viralización, los temas se resolvían a golpes: la crónica señala que los dos jugadores xeneizes fueron a San Martín, donde Salinas tenía residencia. Según versiones, incluso hubo armas de fuego. Intervino la policía y cada uno regresó a su casa.
Para entonces, Salinas tuvo un papel decisivo en una semifinal con victoria sobre River (2-0) en la Libertadores, y el grito tras vencer al Borussia Moenchengladbach se convirtió en una de las jornadas más gloriosas del ciclo de Toto como entrenador del conjunto auriazul.
En aquella tarde-noche de agosto de 1978, en Karlsruhe, Darío Felman y Ernesto Mastrángelo adelantaron a Boca 2-0 en el primer tiempo. Luego, el tucumano se abrió paso entre la defensa rival, dejó atrás a dos hombres y sentenció con un remate cruzado para sellar el 3-0 definitivo.
Unos meses más tarde, su carácter irritable y su apodo quedaron en evidencia cuando Salinas agredió al árbitro Abel Gnecco, tras ser expulsado en un encuentro contra Huracán (1-1), por la primera fecha del Campeonato Nacional. El Tribunal de Disciplina de la AFA le impuso una sanción de 25 encuentros.
“Ese fue Abel Gnecco, que era un hijo de puta. Entraba a la cancha y te insultaba. Ese día, apenas ingresó, me dijo: ‘Escuchame, Salinas, no me transmitas el partido, ¿entendés?’. Quería expulsarme antes de empezar. Me cobró una falta por amarilla y luego la roja por quitarme los pies; me desesperé. Menos mal que Brindisi y Babington me sacaron…”
Y continuó: “Cuando fui a declarar ante el Tribunal de Disciplina dije que no lo había agarrado, pero en ese momento apareció la foto de El Gráfico en la diligencia. Me mataron. ‘Bueno, es que quería tomarle el talle a la camisa’, les dije. Resultado: 25 fechas, medio año sin jugar. Al menos pude seguir en la Libertadores. Encima, poco después me echó Nitti y me sumaron 11 fechas más, me tenían todo atado. ‘Escuchame, tucumano, vamos a hacer un contrato por partidos jugados’, me dijo Armando, recordando al presidente del Xeneize. Un personaje propio de película.
Permaneció en Boca hasta fines de 1980 y luego se sumó a Argentinos Juniors, en el marco de la operación que llevó a Diego Armando Maradona al gigante de la Avenida Libertador. Carlos Randazzo, Eduardo Rotondi y el arquero Osvaldo Santos acompañaron en esa aventura del Bicho.
El sábado 15 de agosto de 1981, mientras Boca levantaba el Metropolitano con Diego en el once inicial para festejar un título local por primera vez, el Loco protagonizó otro hito: convirtió el penal que salvó a Argentinos Juniors y provocó el descenso de San Lorenzo, el primer grande de Argentina en perder la categoría.
Salinas también vistió las camisetas de Independiente (1981-1982), Racing de Córdoba (1985-1986) y Deportivo Pereira, de Colombia (1983).