Derrotar a un equipo tan sólido como Independiente Rivadavia representó un valor añadido para River, que hasta hace poco no ofrecía garantías frente a nadie. Volvió a convertir tres goles, como ya había hecho ante Banfield, y repitió actuaciones de figuras destacadas. En ambos encuentros llevó la delantera en el marcador y obtuvo una renta de dos goles —aunque ante Banfield esa ventaja se redujo a uno—, un margen que, de alguna manera, lo resguarda de sustos y sufrimientos que aún no logra erradicar. Porque tuvo un arranque intenso del segundo tiempo, con paredes y combinaciones, y una serie de oportunidades que pudo convertir Galván al aprovechar el rechazo de Bolcato a un remate de Almada. Se presumía el 2-0, pero entre la dispersión propia y un Independiente Rivadavia que nunca bajó los brazos, llegó el descuento de Arce de cabeza.
Berti había respondido antes que Ponzio con los cambios; las entradas del colombiano Luis Díaz y Sequeira le dieron mayor envergadura ofensiva a Independiente. Un remate de Sequeira que rozó el travesaño hubiera significado el 2-2. En el Monumental ya flotaban fantasmas demasiado familiares este año. El peligro de que las dudas y los bajones de rendimiento le acarrearan otro episodio amargo. River dejó escapar muchos puntos en los últimos 15 minutos de los encuentros, entre titubeos y cambios infructuosos que proponía Coudet.
Lo mejor de River frente a Independiente Rivadavia
Si hay una evolución en River, quizá se empiece a vislumbrar en su capacidad para asegurar la victoria antes de meterse en problemas de los que no hay retorno. La entrada de Lucas Beltrán dinamizó el ataque y Almada y Correa volvieron a aparecer con dosis de su jerarquía. El golazo de Galván, un remate al ángulo desde fuera del área, además de dar aire en el resultado, también dio cuenta de un River con otro estado de ánimo, más confiado y suelto.
En su inventiva, Correa tiene una herramienta para fabricar penales. No porque simule foules o exagere caídas, sino porque sus enganches, gambeta corta y capacidad para resolver en una baldosa son una trampa para el defensor que pretende frenarlo. Le quieren quitar la pelota y lo terminan golpeando o barriendo, desairados por los movimientos y el quiebre de cintura del número 10. Correa sigue impregnado del potrero que lo trajo desde Rosario hasta San Lorenzo, lo llevó a construir una carrera más que respetable en Europa y ahora lo tiene en este River que lo fue a buscar para ampliar sus recursos ofensivos. Y Angelito va cumpliendo, con el atrevimiento innato que lo ayuda a sobrellevar la responsabilidad en este River urgido por dejar atrás las turbulencias. Pícaro con la pelota, Correa, tras dejar atrás a Villalba, encaró al área y con una filigrana provocó el foul de Costa, que midió mal el riesgo de ir a la pelota y terminó impactando en los pies del delantero.
Después de la doble ejecución que necesitó Almada para convertir en Banfield, esta vez el encargado del penal fue Montiel, con un remate centrado. River se puso 1-0 a la media hora, cuando a su iniciativa le estaba faltando profundidad y mayor sincronización en los últimos 30 metros. El circuito de pases cortos por adentro, con Almada, Galván y dos delanteros con tendencia a retroceder para participar en la elaboración, se quedaba sin picante en los metros finales. Por eso el gol tenía un efecto tranquilizador, en un momento en el que las situaciones de gol no abundaban y la impaciencia podía asomar.
Independiente Rivadavia era la clase de rival que podía esperarse. Un equipo que llegaba sin sentir vértigo por el Monumental, sostenido en una campaña que lo muestra puntero de la Tabla Anual, último campeón de la Copa Argentina y una despedida de la Copa Libertadores sin derrotas en ocho partidos. Solo se sentía inferior fuera de la cancha, por la imposibilidad de utilizar a Maxi Salas, el descarte de River que llegó en préstamo y por el que debía pagar 500.000 dólares para utilizarlo. Además, la Lepra mendocina debía asimilar la baja del lesionado Studer, una de las columnas sobre la que se apoya la defensa.
Mientras River buscaba progresar con una secuencia de pases, Independiente presionaba lejos de su área y buscaba con pelotazos a espaldas de los dos laterales locales, que en sus proyecciones suelen dejar espacios que los centrales no siempre llegan a cerrar. Un escenario más que propicio para el habilidoso Matías Fernández, que además es intenso, resuelve con practicidad.
En el balance, River fue superior a un Independiente Rivadavia que, aun en la derrota, estuvo a la altura del desafío. El único que desentonó fue el árbitro Ramírez, que omitió las expulsiones de Florentín (planchazo por debajo de la rodilla a Martínez Quarta) y Otamendi (por doble amonestación).
Enfocado solo en el Clausura tras los sonoros fracasos en las copas Argentina y Sudamericana, River está más suelto; recuperó la calma con el chacarero Ponzio, que a un costado del campo contempla con serenidad su nueva siembra.