Un referente del equipo nacional australiano, forjado bajo el calor intenso del rugby internacional de los ochenta y los inicios de los noventa. Fue la era de giras largas, de la organización del primer Campeonato Mundial y, a la vez, de la firme voluntad de la principal autoridad del deporte para avanzar de manera gradual hacia el profesionalismo de la disciplina. Simon Paul Poidevin, hoy con 67 años, vivió toda aquella etapa y destacó de forma notable. Al punto tal de ser considerado uno de los mejores forwards que dio Australia a lo largo de su fructífera historia. Un ala caracterizado por la agilidad, el juego combativo y la intensidad en cada placaje. Portaba un aura especial dentro de la cancha, que inspiraba respeto por su manera de afrontar los encuentros, la pasión que transmitía y el orgullo con el que vestía la camiseta de su país. “¿Si soy afortunado? Cuanto más trabajo, más suerte tengo”, afirmó durante su época como jugador.
Simon Poidevin, símbolo de los Wallabies: campeón mundial, el try que imaginó y la vergüenza frente a su madre
17 septiembre, 2026
Mateo Fernández
Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.
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