Sofía González, figura icónica de las Yaguaretés, inspira a muchas niñas que las ven como referentes

23 septiembre, 2026

ROSARIO.— Talía Rodich ya se encontraba dentro del in-goal con la posibilidad de apoyar, pero decidió cederle el try a ella. Sofía González no solo es la jugadora con más experiencia entre Las Yaguaretés, sino que además es la principal referente del equipo. Si la selección femenina de seven atraviesa hoy su mejor etapa histórica, es fruto de la seriedad con la que se está desarrollando el proyecto y del crecimiento de la disciplina en el país, pero también de la persistencia de esta jugadora emblemática. No sería exagerado afirmar que es la mejor rugbier argentina de todos los tiempos.

La dorada obtenida en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 era un resultado anticipado, tomando en cuenta los antecedentes recientes, aunque constituye un hito para una escuadra que, cuando Sofía se sumó en 2013 convocada por el entonces entrenador Santiago Gómez Cora, apenas daba sus primeros y sacrificados pasos en una disciplina todavía naciente. El trayecto estuvo lleno de frustraciones y vaivenes, pero el esfuerzo rindió frutos y hoy celebra el primer logro en la historia de estos Juegos, quizá el más importante para esta selección.

“Estoy muy conmovida. Esta medalla significa muchísimo para nosotras”, afirmó a LA NACION minutos después de encaramarse a lo más alto del podio en la cancha del Hipódromo Independencia. “Es la primera vez que ganamos la medalla de oro en los Suramericanos. Estoy muy feliz. Por mí, pero sobre todo por las chicas, por el equipo y por lo que venimos construyendo”.

Del cuarto puesto en Asunción 2022 a este presente venturoso, que comprende el boleto a los Panamericanos de Lima 2027 (regresan tras quedarse fuera de Santiago 2023) y la ilusión de repetir, como la campaña anterior, la clasificación al SVNS World Championship, la élite del Circuito Mundial.

Sofía practicaba vólei hasta que, a los 13 años, una vecina de la Zona Oeste la convenció de probar con el rugby. No entendía mucho, pero en la primera sesión en Sitas se enamoró del deporte. Había un escollo: en ese momento no existían divisiones juveniles y había que tener 18 para competir en la categoría de primera, por lo que pasó cinco años entrenándose sin disputar un partido. Los comienzos en la selección tampoco fueron fáciles. Llegó tarde al primer entrenamiento (“casi al final”), tras tomar cuatro ómnibus y viajar tres horas desde Haedo al anexo del SIC. Abandonó el colegio en quinto año para dedicarse al rugby (lo terminó un año después a distancia), pasó seis años en el Cenard (hasta 2020), donde mejoró su alimentación y entrenamiento, y así llegó a ser capitana y símbolo de Las Yaguaretés. Este año, tras la primera participación del equipo en el SVNS World Championship, fue escogida la Mejor Jugadora Novata del torneo. Por su potencia física y, sobre todo, por su visión de juego, a veces parece practicar otro deporte. En la reciente Rugby Premier League de India, donde participan las grandes voces del mundo, demostró estar a la altura.

“Para mí es un placer y un orgullo poder contribuir de forma positiva al grupo”, reiteró Sofía con la gran medalla brillando en su pecho. “La experiencia es muy importante. Con tantos años he acumulado muchos minutos sobre el terreno, lo que me da la posibilidad de tener una lectura de juego distinta y anticipar ciertos movimientos. Pero también exige mucho esfuerzo personal, porque la realidad es que me rompo el alma entrenando para superarme día a día un poco más. Y lo más fundamental es poder seguir formando parte de la selección, que es mi objetivo principal siempre.”

–¿Cómo se explica el crecimiento repentino de este equipo?

–Aunque hay mucho trabajo de muchas jugadoras que pasaron años desde que comenzó el rugby femenino, este último proceso junto al cuerpo técnico que tenemos fue clave. Ellos nos impulsaron a confiar en nosotras, a elevar un poco más el nivel. Son muy exigentes y sumamente profesionales en su modo de trabajar y lograron transformarnos; de alguna manera, nos transmitieron esa forma de realizar las cosas. También fue crucial la competencia que enfrentamos en los últimos meses. Fue importante medirse contra potencias mundiales, contra los mejores equipos del planeta. Más allá de que no todos los resultados fueron positivos, ese roce nos llevó a subir un peldaño más.

–¿Ese roce internacional también se lo ganaron ustedes, con los resultados que fueron logrando…

–Sí, por supuesto. Y hubo mucho trabajo también en lo físico y en lo mental. Pasamos de disputar uno o dos torneos al año a hacerlo, de pronto, cuatro o cinco, enfrentándonos a los mejores conjuntos del mundo y pagando el precio más duro cuando caíamos por una gran diferencia. Pero esa es precisamente la transformación, y eso fue lo que nos llevó al éxito que contamos hoy, al menos en Sudamérica.

–¿Celebraste un try colocándote la pelota en la panza bajo la camiseta. ¿Qué querías expresar?

–Quería hacer una maniobra de marketing. Estoy gestando un proyecto con mi pareja para merchandising corporativo dirigido a grandes empresas y mayoristas.

–¿Cómo es la vida de una jugadora de Las Yaguaretés?

–Para mí es una vida con perfil profesional, al menos así lo veo en mi forma de comportarme y en lo que demanda pertenecer a una selección nacional. Recibimos una pequeña ayuda mediante una beca de Enard y, por otro lado, yo trabajo para complementar ese apoyo. Veo igual dedicación en mis compañeras, que se entregan al máximo para ser profesionales junto a Las Yaguaretés, a pesar de que todas tienen su vida laboral y, en muchos casos, deben combinarla con otras responsabilidades.

–¿Cómo haces para entrenarte, trabajar y estudiar?

–Me organizo lo mejor posible. Entreno todos los días por la mañana en la sala de musculación y por la tarde en la parte aeróbica. Entre medio estudio y trabajo. Estudio en la Universidad Siglo XXI la Tecnicatura en Marketing y Publicidad Digital de forma virtual y me encuentro a cinco materias de obtener el título en el profesorado de Educación Física; quizá el año próximo la concluya.

–Después de haber disputado el Circuito Mundial la temporada pasada, ¿ahora cuál es el objetivo?

–Antes de llegar a este tramo, nuestra meta era lograr la medalla dorada y la clasificación a los Panamericanos, objetivo que alcanzamos. Ahora debemos trabajar para eso, para coronar el Circuito 2, claro, y regresar al Circuito 1.

–¿Qué significa para ustedes poder disputar un torneo así en Argentina, con público, familias y clubes cerca?

–Este es apenas el tercer torneo que jugamos en Argentina, fueron pocos, así que la emoción de jugar de local una vez más es enorme, porque hay pocas oportunidades. Y ver a nuestros familiares, amigas y las jugadoras de otros clubes en la grada es increíble… Porque a veces no dimensionamos que somos un referente para muchas chicas que hoy vinieron a observarnos. Así que la emoción es enorme.

–¿En qué estado ves hoy al rugby femenino argentino? ¿Qué avances se lograron y qué falta aún?

–La base de jugadoras se amplió un poco. En comparación con años anteriores, se duplicó el número de practicantes. Aún falta dar un paso más. En los clubes todavía no se practica rugby de 15 de forma general, lo que tiene mucha relación con la cantidad de jugadoras. Por ello, las juveniles no tienen un torneo fijo como las mayores, y tampoco contamos con una base infantil sólida, que es fundamental para el sostenimiento del rugby femenino a futuro. Ellas son la columna vertebral de esto y debemos seguir trabajando en esa cantera.

–En este torneo hubo tres caras nuevas. ¿Qué importancia tiene ese relevo para Las Yaguaretés?

–El relevo es esencial, porque hay muchas jugadoras veteranas como yo que llevamos años en esto. Cuando termine este ciclo olímpico ya no estaremos todas, y que estas jóvenes ahora se sumen y adquieran experiencia en el primer equipo hará que este legado que cultivamos las veteranas continúe.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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