Hernán Mastrángelo se posiciona como uno de los árbitros con criterios discutibles que abundan en las canchas del país. Aunque quizá no acumule los méritos de otros para entrar en la lista de quienes benefician al poder, es indudable que, una y otra vez, demuestra que su juicio al dirimir un encuentro dista de ser el adecuado. En la contundente goleada con la que Instituto castigó la actualidad mediocre de Independiente (4-1 en Avellaneda) volvió a exhibir su amplio abanico de falencias.
Los árbitros de perfil acertado no necesitan sobreactuar el uso de las tarjetas para controlar un partido. No es el caso de Mastrángelo. Desde el inicio, cualquier choque que superara ligeramente una caricia se convirtió en amarilla. Matías Tissera, Leonel Mosevich e Iván Marcone vieron la amonestación sin que hubieran habido acciones violentas, ni interrupciones de ataques con aroma de gol. Más adelante, consumó de la misma manera una discusión entre Maximiliano Meza y Marcos Ledesma. A los 44 minutos de la primera mitad ratificó su posición: Meza cayó al suelo para cortar desde atrás un avance de Tissera, resbaló y, con una de sus piernas, impactó al delantero de Instituto. No hubo intención del infractor ni riesgo para el receptor. A Mastrángelo no le importó. Mostró la amarilla, Meza fue expulsado y el desarrollo del juego quedó irremediablemente condicionado.
El golpe afectó la confianza del Rojo. El volante correntino venía recuperando su rendimiento de antaño. Había sido clave en la remontada frente a Unión en el último choque previo al receso, y había sido autor del tanto del empate a los 21 minutos, en una acción que demostró la utilidad de un parón FIFA para trabajar casi en el anonimato, todo un rasgo poco habitual en nuestro fútbol.
Para los simpatizantes de Independiente, esas jornadas sin fútbol habían tenido más aroma a proyección que a presente realidad. La confirmación de la fecha de los comicios —el 13 de diciembre— y la aparición de varias candidaturas de peso acapararon la atención y los debates acostumbrados de la gente se trasladaron de la cancha a lo que en dos meses puedan decidir las urnas. La goleada sufrida, por supuesto, volvería a avivar al cierre la bronca por la pobreza que muestran en el terreno, las decisiones dirigenciales que desarmaron al plantel a mitad de temporada y, en general, los años de frustraciones que se suceden.
Mucho antes de la silbatina que despidió al equipo, la acción en cuestión fue un tiro libre frontal ejecutado por Santiago Montiel, al que pinchó para el ataque de la gente que llegaba desde segunda línea. Franco Calderón no llegó, pero sí Meza, que con un derechazo cruzado logró el empate parcial.
El escollo para los dirigidos por Jádson Viera fue que la tarea de estos diez días nunca se reflejó en el funcionamiento general. En ese aspecto, vital para el desarrollo de un partido, la superioridad del líder del grupo A fue contundente, incluso antes de que el Rojo se quedara con un hombre menos.
El Instituto de Diego Flores es un equipo muy bien armado de la cabeza a los pies. Está perfectamente planteada la línea de tres centrales; son dos espadas afiladas para marcar, pero sobre todo para avanzar por las bandas, los carrileros; manejan con precisión los tiempos y los espacios los volantes centrales; y son picantes y movidos los tres delanteros. Pero, fundamentalmente, lo que manda es el orden para que el juego fluya y brillen los que más saben.
Con el zurdo Matías Gallardo -el hijo de Marcelo- como creador, la habilidad en la gambeta y el pase de Álex Luna (desechado por el Rojo el año pasado) en el tramo final de la cancha y las trepadas constantes de Giuliano Cerato y Diego Sosa por las bandas, la Gloria se había puesto en ventaja en su primera llegada a fondo, un remate de Jeremías Lázaro que iba a las manos de Rodrigo Rey y desvió Juan Manuel Fedorco a los 15. Y fue apoderándose de la pelota tras el empate. La expulsión de Meza, hasta entonces el mejor del local, antes del descanso dejó pocas dudas sobre lo que ocurriría en la segunda mitad.
Con un hombre más, el equipo cordobés necesitó apenas cinco minutos para evidenciar la diferencia colectiva e individual existente a su favor. Hernán De la Fuente puso el 2-1 y a partir de ese instante solo faltó saber hasta dónde se ampliarían las cifras.
Lo mejor de Independiente – Instituto
Llegó a 4, para sumar otra alegría a Instituto y dejar constancia de que es un equipo a considerar para la ronda final del Clausura. A Independiente, los dos meses que restan para las elecciones y el cierre del torneo prometen ser muy, pero muy largos.