El aguerrido y tenaz Regatas Bella Vista se presentó dominando desde el inicio, pero fue contrarrestado y controlado de entrada. Sin abandonar, en modo alguno, su compromiso de vestir la camiseta con orgullo y su característico ímpetu, mostró, eso sí, cierta dispersión, desorganización y una relativa relajación. Tal vez fruto de cerrar una campaña extensa sin metas claras por perseguir, más allá de sellar los dos triunfos finales en los encuentros de despedida que pudieran optimizar el ya favorable balance del ciclo 2026. Regatas, un conjunto históricamente difícil de contener, quedó cercado por Hindú. Hindú, por su parte, apareció más entero, fortalecido, confiado, firme cerca de su ingoal y demoledor en las cercanías del ingoal rival. Y venció sin atenuantes, 40-10, hasta el punto de que sus protagonistas vulneraron el ingoal visitante justo al cumplirse el tiempo.
Hindú sintoniza otra frecuencia. A la distancia de volver a disputar las semifinales del Top 14 de la URBA, el equipo se mantiene activo, tenso y con la motivación a tope… Sigue luchando por alcanzar la meta de pasar a la postemporada, objetivo que se le escapó en 2025. Y no escatima esfuerzos para lograrlo. En la actualidad marcha cuarto, con tres puntos de ventaja sobre el SIC y a falta de una jornada, la del próximo sábado, cuando recibirá a Atlético del Rosario (el SIC recibirá a Buenos Aires). Un rival rosarino, sin aspiraciones altas ni preocupaciones en la parte baja, basta con vencer para volver a protagonizar los play-offs sin prestar demasiada atención al choque de Boulogne.
Con el propósito de resolver el pleito con rapidez, Hindú salió al campo con furia. Con esa “mirada de león” que tantas campañas lo identificó y que había perdido algo en la campaña anterior. Los últimos fines de semana mostraron una versión renovada del conjunto. Se observó una contundencia notable en la ofensiva y ciertas lagunas en la defensa. En este aspecto, los cuerpos técnicos insistieron especialmente durante los entrenamientos de la semana y se notó una mejora sustancial.
Regatas es un equipo de forwards contundentes, scrum sólido y buena línea de apoyo; sin embargo, ante el Elefante, no funcionó prácticamente nada. Incluso los avances en juego suelto, punzantes, no rindieron como habitualmente. Por fallos propios variados y por meritorios aciertos del rival. Agustín Capurro, hooker del club de Don Torcuato y autor de un ensayo en la segunda mitad, ofreció su visión a LA NACION.
«Trabajamos con la premisa de mejorar la defensa, algo que nos había costado en el partido anterior frente a Regatas. Y esta vez la defensa respondió muy bien». Nicolás D’Amorim, tercera línea, habló con la televisión en la misma línea que su compañero: «Tocaba imponerse en el contacto y lo logramos, también en defensa… No quiero exagerar, pero creo que este fue uno de nuestros mejores encuentros del año. Por la cancha, que es más estrecha; por el rival, que es muy duro; y por la instancia. No es fácil jugar este tipo de partidos», comentó.