Santiago Sosa derrota a Vasco en tiempo récord; surgió de River, fue campeón con Racing y sueña con amargar a Boca

16 octubre, 2026

Existen futbolistas que requieren meses para dominar un vestuario, aclimatarse a una ciudad —o a un país— y ganarse el respaldo de la afición. Sosa irrumpió en Vasco da Gama como una sorpresa: llegó a Río de Janeiro en agosto, procedente de Racing, y a menos de dos meses con la camiseta del club ya ocupaba un rol destacado dentro del plantel, contaba con la aprobación del entrenador y ya circulaba entre los seguidores el apodo Pitbull da Colina. En redes sociales apareció incluso un montaje impactante con un perro gigante, los colores del club y el Sol de Mayo argentino tatuado en la frente. Una forma bastante gráfica de dar la bienvenida a un futbolista que, pese al reconocimiento, aún está aprendiendo a vivir en Brasil.

El martes, para no ir más lejos, enfrentará una prueba decisiva. Vasco visitará a Boca en la Bombonera, ida de las semifinales de la Copa Sudamericana, y Sosa, con 27 años, regresará a un estadio que conoce de su paso por River y por Racing. Hay una característica que lo distingue dentro del grupo brasileño: ya sabe lo que implica conquistar este torneo. Fue una de las piezas del conjunto de Gustavo Costas que levantó el trofeo en 2024, tras vencer a Cruzeiro en Asunción.

La llegada al Gigante da Colina no coincidió con un periodo de calma. El club carioca, uno de los más populares del país, venía luchando por salir de la zona de descenso y buscaba respuestas en el mercado. La contratación del argentino, por unos 7,5 millones de dólares, formó parte de una apuesta para fortalecer un mediocampo que requería equilibrio. No se buscaba un goleador, ni un jugador de grandes lujos, nada especialmente vistoso. En cambio, llegó alguien capaz de hacer que los demás jueguen con mayor seguridad, y eso no es poco.

La primera señal de confianza apareció muy pronto. Sosa debutó frente a Santos, en una derrota 3-0, cuando apenas llevaba cuatro o cinco entrenamientos con sus nuevos compañeros. El técnico, Pedro Emanuel, reconoció poco después que había asumido un riesgo al utilizarlo tan pronto. Buscaba mejorar la posesión de la pelota y entendió que el recién llegado podía darle esa solución, aunque todavía no conociera todos los movimientos del equipo. El resultado no acompañó, pero la decisión dejó claro para qué lo había contratado.

El entrenador portugués identificó en Sosa una cualidad que Racing había aprovechado especialmente en la era de Costas. Puede jugar delante de los defensas, recuperar y distribuir, pero también retroceder para armar una línea de tres y funcionar como una suerte de líbero. El propio jugador había aclarado cuando se presentó que se considera mediocampista central, aunque está acostumbrado a alternar funciones. En Vasco da Gama, esa versatilidad le permitió ocupar espacios, contribuir a la salida y brindar coberturas en una defensa que venía recibiendo golpes.

Las cifras de sus primeros diez duelos en el Brasileirão respaldaron esa impresión. Registró 47 disputas ganadas, 44 despejes, 24 intercepciones y 19 recuperaciones, además de un 83% de precisión en los pases, según estadísticas difundidas a principios de octubre. Son datos que, por sí solos, no explican el rendimiento del equipo, pero ayudan a entender por qué un refuerzo recién llegado, sin mucho tiempo de adaptación, empezó a sumar minutos y a ganarse la confianza del entrenador.

Para adaptarse al idioma y a un vestuario desconocido, tuvo una ayuda considerable. Vasco da Gama decidió mirar hacia el mercado argentino y contrató, casi simultáneamente, a tres futbolistas con recorrido y personalidad. Además de Sosa, llegaron Facundo Colidio, desde River, y Alan Lescano, procedente de Argentinos Juniors. El primero respondió inmediatamente con goles y asistencias; el Pipa, por su parte, ya convirtió en la goleada por 5-0 ante Coritiba. Entre los tres se formó una pequeña sociedad que trascendió la cancha. Lescano contó que, antes de aceptar la propuesta brasileña, habló con sus compatriotas y que ambos lo convencieron de que encontraría un gran club.

La identificación con los hinchas tampoco tardó en aparecer. En las redes sociales comenzaron a repetirse los mensajes de afecto. “Te amo”, escribió un simpatizante en una de sus últimas fotografías con la camiseta cruzada por la tradicional banda negra. “La mayor satisfacción es verte con la camiseta de mi equipo”, agregó otro. Y el montaje del Pitbull da Colina terminó de darle forma a esa nueva identidad. Un reconocimiento que no llegó por sus goles, sino por su entrega, su personalidad y la intensidad con la que disputa cada pelota.

Conviene, de todos modos, no confundir una adaptación rápida con una consagración definitiva. En el fútbol brasileño, se sabe, todo es muy dinámico. El sábado, en el empate sin goles frente a Remo que dejó algunos silbidos en São Januário, Sosa comenzó entre los suplentes. Pedro Emanuel modificó varias piezas del equipo pensando también en la semifinal del martes. Vasco está 14º en el Brasileirão y todavía necesita puntos para alejarse de la parte baja. La Copa Sudamericana ofrece una ilusión enorme, pero no borra las urgencias de todos los fines de semana. Y tampoco es el único frente abierto: el Gigante da Colina está entre los cuatro mejores de la Copa de Brasil, donde deberá enfrentarse a Palmeiras por un lugar en la final.

La experiencia argentina de Sosa puede ser especialmente útil en ese escenario. Surgió de River, integró el plantel campeón de la Libertadores de 2018 y luego pasó por Atlanta United, de la MLS. Sin embargo, fue en Racing donde terminó de construir su identidad futbolística. Costas le dio responsabilidades, lo utilizó en distintas posiciones y lo convirtió en uno de los referentes de un equipo que recuperó un título internacional después de muchos años. Esa etapa explica parte del crédito con el que llegó a Brasil, aunque el cariño de la torcida vascaína haya tenido que ganárselo.

Además de su entrega innegociable, Sosa también empezó a involucrarse en cuestiones que exceden lo estrictamente futbolístico. Después de la victoria sobre Botafogo, se manifestó a favor de jugar la revancha contra Boca en un estadio de césped natural. Explicó que la pelota corre de otra manera en el sintético del Nilton Santos y que Vasco se siente más cómodo en São Januário o en el Maracaná. La sede generaba controversia en Río de Janeiro, donde el club buscaba una alternativa que le permitiera recibir al Xeneize con el mayor respaldo posible de sus hinchas.

Del rival argentino habló con respeto y conocimiento. “Sabemos que Boca es un gran equipo. Tenemos que hacer un partido inteligente afuera para intentar definir la serie en casa. Vamos a hacer un trabajo defensivo fuerte en el primer partido. Tenemos grandísimos jugadores y confiamos en nuestro trabajo”, dijo en una entrevista con Radio La Red. Y se detuvo especialmente en Leandro Paredes. “Vi sus últimos partidos y están jugando muy bien. Paredes le da otro fútbol al equipo, sabemos que el juego pasa prácticamente todo por él”, explicó previamente a que el capitán xeneize se lesionara ante Instituto, en Córdoba.

Pero se trata de una observación que no sorprende en alguien que se ganó un lugar en el Cruzmaltino precisamente por su capacidad para interpretar el juego y anticipar movimientos rivales.

Hay otro argentino que vive esta semifinal de una manera particular. Facundo Colidio, que pasó por las inferiores de Boca antes de llegar a River, no podrá disputar la serie por cuestiones de inscripción. “Facundo es hincha de River. Todos los días le pregunta al director deportivo si puede jugar contra Boca, pero la Conmebol no lo permite. Será una baja muy importante para nosotros”, contó Sosa. El delantero había figurado en la lista del Millonario durante la fase eliminatoria, circunstancia que le impide competir con Vasco. Lescano, en cambio, sí estará disponible para Pedro Emanuel, y por su presente asoma como una gran amenaza para los de Rodolfo Arruabarrena.

Sosa también tendrá su oportunidad. Todavía no convirtió con el Cruzmaltino y hace unos días, tras el clásico ante Botafogo, admitió que le gustaría estrenar su cuenta precisamente contra Boca. “Hoy estuve cerca de hacer el primer gol, pero lamentablemente no se dio. Ojalá que llegue contra Boca, sería muy lindo”, confesó. No hizo falta una provocación ni una frase altisonante. El deseo alcanza para darle un condimento especial a su regreso a la Bombonera.

En menos de dos meses, Sosa consiguió que una de las hinchadas más exigentes de Brasil lo bautizara con un apodo propio, lo adoptara como uno de los suyos y empezara a reconocerlo por algo que en el fútbol no se compra con millones: personalidad. Ahora vuelve a la Argentina con otra camiseta, una Copa Sudamericana en su historial y una cuenta pendiente que no podría tener un escenario más provocador. El Pitbull da Colina todavía no mordió las redes rivales. Y difícilmente encuentre un escenario más tentador que la Bombonera para hacerlo por primera vez.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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