También ocurrió un 1° de noviembre, pero en 2015, cuando Rodolfo Arruabarrena logró la corona con Boca. Su bautismo como técnico ganador al frente del Xeneize, en la primera generación de treinta equipos que dejó en herencia Julio Grondona. Poco después, sumó la Copa Argentina. Daniel Angelici, en marcha hacia la reelección, le renovó el vínculo en diciembre, aunque el Vasco permaneció apenas dos meses más en el cargo: a finales de febrero, tras perder la Supercopa Argentina 4-0 ante San Lorenzo y tras otro tropiezo ante Racing, en Avellaneda, fue despedido. Así arrancaría la era de Guillermo Barros Schelotto.
El Vasco Arruabarrena se fue. Se alejó de la Argentina en busca de paz. Durante años trabajó fuera del país, en Medio Oriente, mientras su familia echó raíces en Oropesa del Mar, junto a Villarreal, una localidad mediterránea de 9.000 habitantes. Ya no volvió jamás a su tierra. Surgieron otros destinos, culturas, fragancias, otros atardeceres. Experiencias. Títulos, multimillonarios, derrotas y lugares que jamás habría imaginado. Dirigió a Al-Wasl, en los Emiratos; a Al-Rayyan, de Qatar; volvió a Emiratos para Shabab Al-Ahli y para Sharjah; en Egipto dirigió al Pyramids, y en Arabia Saudita, al Al-Taawoun Football Club. Vivió en Dubai, en Doha, en El Cairo y en Buraydah. Ganó, perdió y se llenó de vivencias.
Y volvió, regresó en junio de 2026. A Boca, claro. Con su estilo directo, sencillo y auténtico. No tolera mentiras ni hipocresía, se resiste a las modas. Más cuando las detecta malintencionadas. No cae en trampas, no sugiere venganza cuando le preguntan una y otra vez por las eliminaciones contra River en la Copa Sudamericana 2014 y en la Libertadores 2015 que quedarán grabadas en la memoria colectiva por el gas pimienta. “El pasado lo dejo atrás –le confesó un día a LA NACION–. Una vez que deje el fútbol, habré jugado… tres veces más. Ya no me veré como jugador. Tengo dos espinas: la semifinal de la Champions con Villarreal ante Arsenal, y el triangular con Tigre [Apertura 2008]. Después, miro hacia adelante y me apoyo en la autocrítica”. No arrastra otros dolores, no hay cicatrices.
Arruabarrena siente que no tiene deudas con Boca. Desde el próximo sábado, cuando reciba a Defensa y Justicia, y hasta el 19 de diciembre si compite por el Trofeo de Campeones, el Xeneize buscará cinco títulos. Cinco vueltas olímpicas en 42 días. Pero el Vasco no se sube, no se marea. “No ganamos absolutamente nada”, repitió, y no es una cábala. Aprendió a desconfiar. No se olvida que una vez ya se marchó bien lejos, asqueado de todo.