La final en la Catedral fue un choque vibrante. La diferencia mínima fue la única ventaja en un duelo de 65 puntos en juego. Dos clubes volcados al ataque, al rugby que se siente, y como consecuencia secundaria, al espectáculo. Será recordada por mucho tiempo, porque Newman 33 vs. Hindú 32 resultó dinámico, cargado de emoción, bien ejecutado e incierto hasta el desenlace. Y además habrá una razón áspera por la cual esta definición de 2026 del Top 14 de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) quedará marcada.
En ese vibrante intercambio de golpes que convirtió el encuentro en la cancha de CASI en un recinto rodeado por tribunas repletas de fanáticos, Hindú contaba con un penal a los 27 minutos de la segunda mitad para volver a encabezar el marcador. En diagonal, pero sin alejarse demasiado del primer poste ni de la línea de fondo. No concedible, pero más que factible para un pateador de la calidad de Bautista Farisé. El centro había logrado hasta ese momento 17 de los 32 puntos del Elefante.
En medio del silencio que se impone entre hinchas propios y rivales, muestra del respeto habitual en el rugby, al momento de ejecutar a los palos, Farisé se acomodó, dejó caer una pequeña mota de hierba para verificar la dirección y la intensidad del viento, miró dos veces a la hache y, tras 16 segundos, encaró el balón. El derechazo fue desviándose hacia la izquierda. No estaba claro hacia dónde terminaría.
La trayectoria curva encontró su punto final en un poste: el balón golpeó alto en el palo izquierdo y el rebote quedó en manos de Newman, que a los pocos segundos despejó fuera de la cancha. El marcador continuó 33-32… hasta el último silbato. El partido siguió siendo de ida y vuelta, y pareció que habría muchos más tries. Pero no.
El penal desaprovechado por Hindú
Newman merodeó un try decisivo a los 38/39 minutos, con una serie de fases que dejó la pelota a pocos centímetros del in-goal. Hindú la recuperó e intentó en el tiempo agregado también con muchas fases, que encontraron bien plantada a la defensa bordó. El Elefante avanzó algo más de media cancha por percusión, pero no por filtraciones y corridas. Quince hombres contra quince en el desenlace de un partido que en varios momentos tuvo gente de menos, y en tan calientes instantes finales, los huecos desaparecieron y cualquier error de Hindú o acierto del Cardenal sería el fin.
Hubo acierto. De la defensa del Cardenal contra una línea de touch, donde el conjunto bordó logró encerrar y desplazar lo suficiente a Pascal Senillosa, hacerle pisar la raya blanca. El fullback quedó fuera de la cancha y el partido, entonces, se acabó. Newman era el bicampeón; Hindú lo reconoció. Pero le quedó la espina de ese penal convertible que bien pudo cambiar la historia y fructificar en la primera conquista celeste y amarilla de URBA al cabo de cinco años.
Resumen compacto de Newman 33 vs. Hindú 32
El elefante de cotillón que acostumbraba invadir las canchas después de las finales, esta vez, no tuvo lugar en la de CASI. Deberá aguardar al menos un año más para barritar. Quizás, por un penal que estuvo a escasos centímetros de cambiar de manos la copa del rugby de Buenos Aires. De Benavídez a Don Torcuato.