Alexander Zverev se impone en Roland Garros tras vencer a Cobolli y consigue su primer Grand Slam

18 junio, 2026

¿Será Alexander Zverev el mejor tenista de la Era Abierta que jamás logró levantar un título de Grand Slam? Esa cuestión, pesada y punzante, persiguió al talentoso tenista germano durante años. No obstante, finalmente logró liberar ese enorme peso que llegaba a asfixiarlo dentro de la pista. En Roland Garros, en su cuarta final de un grande, logró hacer desaparecer la pesadilla. Derrotó al italiano Flavio Cobolli por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5-7) y 6-1, tras 4h15m, y alcanzó su primer grande en el Abierto francés.

Sascha, de 29 años y segundo cabeza de serie en París, se convierte en el primer campeón alemán de singles masculino en Roland Garros durante la Era Abierta. Y, además, es el primer germano en lograr un título masculino de Grand Slam en más de tres décadas: Boris Becker fue el último al proclamarse campeón en el Abierto de Australia 1996.

Es oportuno recordar que, hace unos años, Zverev reveló que padece diabetes Tipo 1. A simple vista podría parecer que esa dolencia y el deporte de alto rendimiento no se llevan bien, pero con medicación y un plan de cuidado específico, sí pueden convivir. Y Sascha lo demostró.

Con la ausencia del campeón defensor 2025, Carlos Alcaraz (lesionado y con proyección de volver a la gira norteamericana), y sin el N° 1 Jannik Sinner (eliminado sorpresivamente en la segunda ronda por Juan Manuel Cerúndolo), Zverev aprovechó una oportunidad inmejorable en la terre battue y, por fin, coronó la cima tan anhelada. Cuatro años después de sufrir una grave lesión de tobillo en las semifinales de Roland Garros frente a Rafa Nadal, volvió a romper en llanto en el Bois de Boulogne, pero esta vez por la felicidad.

En su momento, Zverev enfrentó denuncias de exparejas por maltrato físico y psicológico, además de protagonizar otros episodios repudiables de violencia en torneos, como cuando destrozó una raqueta contra la silla de un umpire en el torneo de Acapulco 2022 (fue descalificado por ello). Todo ello formó parte de un costado oscuro de este deportista alemán, pero esta vez su rendimiento deportivo le permitió sentirse aliviado y celebrar con su tenis.

Primera manga

Con el cantante Lenny Kravitz entre los asistentes del Philippe-Chatrier, el primer juego, con Cobolli al servicio, fue una batalla de nueve minutos y trece puntos disputados: Zverev presionó desde el inicio y consiguió la ruptura en el cuarto punto de quiebre (1-0). A partir de ese momento, el set quedó en manos del germano: eligió con precisión sus golpes, forzó fallos de Cobolli y sirvió con consistencia. Sascha supo aprovechar los nervios del italiano y volvió a romper su servicio en el quinto game (4-1).

El italiano, nacido en Florencia, se vio obligado a retroceder en la mayor parte de los intercambios; le costó hallar la iniciativa. Zverev volvió a quebrar el saque de su rival para sellar el primer parcial, 6-1 en 35 minutos. Cobolli terminó con muchos errores no forzados: 16.

Conviene recordar que, debido a la ausencia de su compatriota Matteo Arnaldi en las semifinales por un virus, Cobolli no disputaba un partido desde el miércoles y fue protagonista de un primer set extremadamente irregular y por debajo de su nivel habitual.

Segunda manga

Zverev continuó sacando a un alto porcentaje (superior al 75% de primeros servicios), lo que impidió la rápida reacción de Cobolli. Sin embargo, se produjo un quiebre emocional cuando el italiano sostuvo su servicio en el cuarto game y empató 2-2: levantó los brazos y buscó alimentarse del aliento del público, consciente de la necesidad de su juego.

Así Cobolli no se amedrentó, añadió recursos (el drop-shot, por ejemplo), mejoró sus devoluciones, neutralizó con mayor claridad los saques rivales, y tuvo la primera oportunidad de quiebre en el séptimo game, pero Zverev resistió con devoluciones de alto calibre. Fue el primer momento en el que el alemán mostró signos de vulnerabilidad, cometió dos dobles faltas y Cobolli volvió a disponer de una chance de quiebre: Zverev falló un drive por mucho y cedió su saque por primera vez. El italiano se acomodó en el banquillo con ventaja, 4-3.

El ambiente se alteró. Cobolli, que este lunes entrará al top 10 por primera vez en su trayectoria, se creció y Zverev comenzó a verbalizar su frustración. El italiano sostuvo su servicio (5-3). Sascha saqueó sin margen de error y, aunque costó, logró forzar el 5-4. Cobolli sacó para ganar el set y no falló: lo cerró 6-4 y el partido quedó 1-1 en sets.

Tercera manga

Ganar el segundo parcial dio un respiro claro a Cobolli, que dejó de sentir la presión y comenzó a jugar con más soltura. Pero Zverev, que sabe manejar estas situaciones decisivas en grandes escenarios, mantuvo la concentración, buscando opciones y hallándolas en el cuarto game, cuando Cobolli sacaba 15-40 y estaba 2-1 abajo; Flavio, con gran valentía, defendió y logró levantar los dos puntos de quiebre (2-2).

El dueño de casa recuperó varias certezas, especialmente con su revés, y sostuvo su servicio en el séptimo game sin ceder un punto: se colocó 4-3. Cobolli sirvió con 5-4 en contra, falló un golpe de derecha y el alemán tuvo un set point, que consumó tras un error de derecha de su rival, tras 2h18m de juego. Sascha dio un paso más y forzó la ventaja al cerrar 6-4, adelantándose 2-1 en sets.

Cuarta manga

Lejos de mantener la velocidad, Zverev inició el cuarto parcial con el freno puesto, sirviendo con dificultad: cometió un par de dobles faltas, enseguida quedó 15-40 y cedió su saque, lo que provocó el júbilo de Cobolli (1-0). El italiano, con convicción, sostuvo su servicio (2-0).

Existe un antecedente que podría incomodar a Zverev. En la final de 2024, el alemán llevaba dos sets de ventaja frente a Carlos Alcaraz antes de que el español solo le permitiera sumar tres juegos en los dos últimos sets (el marcador fue 6-3, 2-6, 5-7, 6-1 y 6-2).

Con el reloj acercándose a las tres horas de juego, Cobolli trabó su paso y sacó 15-40 en el sexto game, con 3-2 para Cobolli, pero Sascha no halló la precisión en los dos break-points. Sin embargo, el italiano volvió a dudar, falló un drive y Zverev logró el quiebre para igualar (3-3). Pero el padre de Sascha, Zverev Sr., sabía lo que podía ocurrir y le pidió calma a su hijo, aunque éste volvió a ceder… No sostuvo la inercia, perdió su saque y Cobolli tomó la delantera 4-3. Cobolli sacó y confirmó el break (5-3). En el noveno game, esta vez Zverev no mostró dudas y acortó la distancia (5-4).

Con un 52% de primeros servicios y un 65% de puntos ganados con ese servicio, Cobolli tuvo la oportunidad de forzar un quinto set. Zverev, con la cara tensa, comenzó a tocarse la pierna izquierda, pero acumuló varios golpes ganadores, rompió el saque a Cobolli y se colocó 5-5. Con un toque de drama, sostuvo su servicio (6-5) y dejó aún más presión en Cobolli; sin embargo, el italiano no se amedrentó y se llegó al desempate.

Zverev arrancó con fuerza y se adelantó 3-1, pero perdió cuatro puntos consecutivos, entre ellos un par de dobles faltas (5-3). Cobolli sacó 5-4, con dos servicios para forzar un quinto parcial. Ejecutó un drop-shot mágico (6-4). Falló un smash impresionante al saltar fuera de tempo (6-5). Pero sin permitir que se derrumbara, el italiano consiguió un punto impresionante para quedarse con el cuarto set (7-5 en el desempate).

Quinta manga

En la montaña rusa de emociones que dejó este encuentro en el elegante Philippe-Chatrier, curiosamente Cobolli no aprovechó el impulso al inicio del set definitivo: empezó sirviendo, pero perdió el temple y cedió su servicio por séptima vez. Zverev, con ventaja 1-0, sirvió y, pese a algún temblor, mantuvo su saque (2-0), lo que supuso un respiro.

Con casi cuatro horas de esfuerzo en las piernas, el duelo se convirtió en una batalla más emocional que táctica. El veterano Zverev, más curtido que su rival, volvió a la carga con paso firme. Le volvió a quebrar el saque a Cobolli y se adelantó 3-0. Pero en esa montaña rusa de alegrías y angustias, Sascha pareció caminar sobre brasas y dejó pasar tres puntos de quiebre a Cobolli: jugó bajo presión, pero con coraje y consiguió arrebatarle el serve (4-0). Cobolli sostuvo su servicio, ahora sí (4-1). También Zverev sumó (5-1). Cobolli debía evitar fallos, pero tropezó y Sascha cerró el duelo.

Lo mejor del partido

Para tener en cuenta

Zverev, el número 3 del mundo y profesional desde 2013, en los grandes torneos primero se enfrentó a los grandes del Big 3 (Roger Federer, Novak Djokovic y Rafael Nadal) y después a Jannik Sinner y Carlos Alcaraz. Disputó su cuarta final de un Grand Slam, con la certeza de que estaba ante la mejor oportunidad para quitarse esa espina. Antes, había caído en las finales del US Open 2020 (ante Dominic Thiem), Roland Garros 2024 (vs. Alcaraz) y Australia 2025 (vs. Sinner).

Para Zverev era la primera vez que en una final de Grand Slam llegaba como favorito por su clasificación y debía enfrentarse a un rival fuera del top 10. Su tenis fue arrollador a lo largo de París: sólo cedió dos sets en seis duelos.

Cobolli no tenía nada que perder. A sus 24 años, criado en Florencia, disputó su primera final de Grand Slam. Su aparición en el top 10 parece asegurada para este lunes. Sin Sinner ni Lorenzo Musetti, el tenis italiano buscaba un tercer campeón masculino de Grand Slam en la Era Abierta tras Adriano Panatta (Roland Garros 1976) y Sinner (cuatro títulos).

Zverev, además de la gloria, obtuvo un premio de 2.800.000 euros. Cobolli, 1.400.000 euros.

El look de la campeona, Mirra Andreeva

Esta fue la cuarta confrontación entre ambos. El de Hamburgo dominó tres de los cuatro duelos disputados: Roland Garros y Halle 2025, y el 30 de abril pasado en Madrid. La única victoria de Cobolli fue el 18 de abril, en las semifinales de Múnich.

Panatta, ganador del título en 1976 (venció en la definición a Harold Solomon en cuatro sets), es uno de los invitados de honor de la Federación Francesa y entregará el trofeo al campeón, a Zverev.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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