Boca se llevó la fiesta: Paredes marcó el ritmo, River persiguió y la Bombonera celebró como si fuera campeón

3 noviembre, 2026

Tocará a alguien explicar a esos 55.000 aficionados que abarrotaron la Bombonera que este triunfo no entrega una copa, que aún restan encuentros, trayectos y finales por disputarse. A ver quién se anima. Boca vivió una celebración de título a su manera, con River en la cancha, obligado a escuchar, a seguir detrás de la pelota y a observar cómo su rival disfrutaba de un Superclásico que pareció decidido antes de que terminara. El triunfo dejó una diferencia que el 1-0 no alcanza a describir. En la cancha, en las tribunas, en los gestos de cada club, la distancia fue mucho mayor.

Con Leandro Paredes como eje, con Milton Delgado quitándole la pelota al que se le cruzara y con Lautaro Di Lollo ganando cada desafío de cabeza, Boca se llevó el clásico y avivó aún más la ilusión por todo lo que aún puede conseguir. En nueve partidos, el equipo de Rodolfo Arruabarrena puede sumar cinco títulos: la Tabla Anual, el Clausura, la Copa Sudamericana, la Copa Argentina y el Trofeo de Campeones.

La imagen final resumió la jornada. Los jugadores de River caminando hacia el túnel con la cabeza baja, mientras la Bombonera seguía cantando contra ellos. Los de Boca permanecieron en el césped, con los brazos en alto, frente a su gente, prolongando ese abrazo entre el equipo y la popular. Boca ganó su tercer Superclásico consecutivo, una racha que no conseguía desde 1991, año en el que empezó a construir la ventaja que hoy se extiende a siete encuentros en el historial.

Es una victoria que vale más que tres puntos, aun cuando Boca está por definir el título de la Tabla Anual a falta de una fecha. Otra muestra del carácter de un equipo que se fortaleció bajo Arruabarrena y que ahora va por todo. El mismo Boca que inició el año con un interinato de Claudio Ubeda que se prolongó más de la cuenta y quedó eliminado de manera increíble contra Universidad Católica en la Libertadores mientras River preparaba la final del torneo contra Belgrano. Ahora las tornas cambiaron.

En el clásico de los campeones del mundo, el que mandó fue el único que vestía azul y amarillo. Paredes jugó, organizó y entendió cada momento, incluso cuando hubo que recurrir a la picardía para provocar la amarilla de Marcos Acuña o encender la cancha con un robo, un pase de tres dedos o, incluso, alguna simulación. Ganó los tres Superclásicos desde su vuelta y volvió a ser decisivo. “Hicimos un partido mucho más inteligente que River. Uno sueña con este tipo de triunfos, les dije a mis compañeros que íbamos a vivir algo único. Se ganó un partido importante, pero no hemos conseguido nada, estamos a un paso”, dijo el capitán.

Boca salió a jugar convencido de que el clásico volvería a quedarse en casa. Si tantas veces se dice que en estos partidos no importa cómo llega cada uno, esta vez las diferencias también se trasladaron a la cancha. La expulsión de Lucas Martínez Quarta, a los diez minutos, le abrió el camino, pero hubo mérito para forzarla: el quite de Leandro Lozano a Tobías Andrada en la mitad, el toque de primera de Santiago Ascacibar y la corrida de Miguel Merentiel, que avanzaba hacia el arco.

El gol fue de Di Lollo, el pibe de 22 años que ya superó los 90 partidos en Primera y tiene una historia propia frente a River: ganó los tres clásicos que disputó de titular, todos con el arco de Boca en cero. En el otro, el del Apertura 2025, había entrado por Marcos Rojo y casi encuentra el 2-2 con un cabezazo que Franco Armani logró sacar en el descuento.

Desde el triunfo en Avellaneda, entre los hinchas y dentro del plantel habían empezado las cuentas para una eventual vuelta olímpica frente a River. Los triunfos de Argentinos y Rosario Central pospusieron esa posibilidad. El Canalla quedó a un punto; Argentinos, a tres, con un partido menos y la visita del lunes a Atlético Tucumán pendiente. Boca conserva, además, una ventaja de seis goles sobre los rosarinos y de 11 sobre el equipo de La Paternal. Le queda Defensa y Justicia y podría consagrarse incluso sin ganar, según los otros resultados. La última fecha, que se jugará entresemana por la visita del Papa, todavía espera días y horarios. Y el Xeneize depende de sí mismo.

A Boca le salió casi todo. Incluso Gonzalo Montiel terminó siendo parte de las cargadas, y cuando Nicolás Ramírez lo expulsó por una entrada sobre Lautaro Blanco, la Bombonera explotó de nuevo. La roja fue discutible: minutos antes, Blanco había cometido una falta similar sobre Tobías Andrada y solo había recibido amarilla. El árbitro tuvo una tarde con vaivenes y Boca también salió beneficiado. River terminó con nueve y con la mayor parte de la cancha en contra.

Arruabarrena vivió el partido al borde del campo, reclamando decisiones, alentando a sus jugadores y dando indicaciones aun cuando el equipo parecía cómodo. También él se debía una tarde así frente a River. Las eliminaciones en copa marcaron su primera etapa y el gas pimienta quedó adherido a aquel paso por Boca, incluso tras ganar dos títulos. Esta vez se enfrentó a Leonardo Ponzio, ahora en el banco rival, y se llevó un triunfo claro, de esos que no dejan lugar a discusión.

“Podemos jugar mejor o peor, pero siempre vamos a buscar. La primera roja nos sirvió para tener más la pelota, aunque después del 2-0 nos faltó cerrar el partido. Cuando se huele sangre, hay que matar al rival. Tuvimos contras mal manejadas”, confesó Arruabarrena. Boca también aseguró su clasificación a la Copa Libertadores 2027, aunque el técnico quiere más: “Ahora hay que salir campeón y todavía nos falta. La clasificación a la Copa es un premio chiquito para este grupo”.

Con él, y un equipo que identifica a sus hinchas con triunfos cada vez más grandes, Boca volvió a sonreír y se dio otro gusto frente al rival de siempre, el que invirtió fortunas y volvió a irse de la Bombonera con las manos vacías. Todavía no levantó ninguna copa, pero contra River ya tuvo su propia fiesta.

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Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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