De un tiro libre a favor de Boca, surgió un gol de Universidad Católica. El equipo xeneize dejó sin cobertura a Cristian Cuevas en un contragolpe y salió a buscar la pelota dentro de su arco. Porque el chileno avanzó a gran velocidad, Fernando Zuqui encontró a Eugenio Mena y este último habilitó a Clemente Montes. En vez de asistir al delantero Fernando Zampedri, el delantero de la UC ideó un golazo: remató con curva, la pelota golpeó el poste y terminó entrando en el arco de un Leandro Brey indefenso.
Todos los jugadores del equipo trasandino celebraron el tanto frente a la hinchada de Boca, que respondió con insultos. De esa acción derivó la amarilla para Cuevas, el cerebro de la jugada, porque dejó atrás a su marcador Tomás Aranda con un toque sutil de zurda. El pase de Mena, sumado al remate de derecha de Clemente Montes, completaron la secuencia.
Apenas el árbitro colombiano Wilmar Roldán validó la conquista del equipo visitante, Claudio Ubeda, entrenador de Boca, acudió a la tablet para revisar qué había pasado con la defensa. La explicación residió en una mala coordinación de sus futbolistas. Porque Mena tenía dos opciones de pase: Cuevas, que picaba al vacío por la banda izquierda, y el propio Montes, que recibió. Después, incluso podría haber habilitado a Zampedri. Boca dejó huecos excesivos y pagó caro con un gol en contra que pesaba como una losa.
Con esa desventaja, el conjunto xeneize quedaba obligado a convertirle dos tantos a los cruzados. A Boca ni siquiera le alcanzaba con empatar. Y no logró ni siquiera acercarse a un 1-1. El triunfo en la Bombonera, en tanto, dejó a los dirigidos por Daniel Garnero como líderes del grupo. En el otro encuentro, Cruzeiro goleó 4-0 a Barcelona y también selló su pase a los octavos por la vía de los penales. Y Boca, en una noche con sabor a fracaso, sacó pasaje a la Copa Sudamericana.
Con el marcador en contra, Ubeda movió el banco de suplentes. El entrenador envió a la cancha a , Ángel Romero y Miguel Merentiel—este último todavía recuperándose de un desgarro—. Pero ninguno de ellos logró dar vuelta la historia.