Gary Lineker, exdelantero de Inglaterra y comentarista de la televisión de su país, posee una frase célebre que dice: “El fútbol es un juego sencillo: 22 hombres persiguen una pelota durante 90 minutos y, al final, Alemania siempre gana”. En el rugby podemos aplicar una idea semejante. Los que triunfan de forma habitual son Nueva Zelanda y Sudáfrica. Entre ambos se reparten 7 de los 10 Mundiales disputados hasta la fecha. Para aspirar a alzarse con un Mundial, un equipo debe vencer a alguno, o a ambos, dentro de cada ciclo mundialista. Eso funciona como una medida inequívoca del nivel de cada conjunto.
Hasta principios de este mes, Nueva Zelanda, el candidato eterno, parecía ligeramente por debajo de los bicampeones. Los All Blacks, que hasta la semifinal de 2019 daban la impresión de que podrían ganar en todos los Mundiales organizados por World Rugby, comienzan a reconstruirse tras el turbulento paso de Scott Robertson como head coach. Dave Rennie, su actual entrenador, ha tomado las decisiones acertadas en sus primeros meses. Ha formado un equipo técnico con caras conocidas: recuperó a Gilbert Enoka, experto en liderazgo y mentalidad, e incorporó a Tana Umaga, quien fuera capitán del equipo hace 20 años y, además, uno de los personajes con mayor conexión con los jugadores por naturaleza. Junto a la vuelta del habilidoso apertura Richie Mo’unga, parece haber encontrado una alternativa tan buena en esa posición como Ruben Love.
John Lennon cantaba en los años setenta una canción llamada Mind Games. Desde que Rassie Erasmus es head coach de Sudáfrica, no puedo evitar pensar en esa melodía. La razón es que el gran estratega de los Springboks es un genio de los juegos mentales.
Está claro: en unos años diremos que el rugby tuvo un antes y un después gracias a Rassie Erasmus. Hoy, los entrenadores de rugby internacional, además de dominar el abanico de tácticas posibles y contar con intérpretes para ellos, se han convertido en psicoanalistas. Dedican largas horas a comprender los comportamientos de sus propios jugadores, de los rivales, de su propio staff y, sobre todo, de los demás entrenadores rivales.
En el partido que abrió la serie más esperada, la llamada “La rivalidad más grande del Rugby” vimos esos juegos de psicoanálisis. Pero también vimos que el gran Rassie, aquel que parece siempre preparado para las jugadas mentales, terminó recibiendo su propia medicina. Parece que, a diferencia de Robertson, que mostraba demasiada pasión y nerviosismo ante las cámaras como si fuera un reality, Dave Rennie sabe perfectamente cómo manejarlos.
Los juegos mentales tuvieron varios momentos en el encuentro. Uno de los más destacados fue el scrum, la formación en la que parecía que Sudáfrica no tenía rival. Nadie consigue sostener un scrum frente a los campeones del mundo. Los All Blacks iban padeciendo, pero mantenían una ventaja de 3 puntos. Sudáfrica prefería el scrum a patear a los palos, buscando someter físicamente a su oponente, no solo sumar puntos. Podía sumar con el pie y empatar las cosas. Estaba convencido de que ese dominio mental en la formación terminaría por desquiciar a los de negro. Pero no: Rennie introdujo cambios en la primera línea, el scrum se sostuvo y, para rematar, consiguió un penal a su favor.
Cuando una estrategia se basa en una única fortaleza, se asume un gran riesgo. Si esa fortaleza es neutralizada, se convierte en la mayor debilidad.
Nueva Zelanda es el equipo que siempre ataca, el que históricamente interpreta mejor la verdadera esencia del juego: ganar terreno, avanzar, jugar con apoyo y mantener una presión constante sobre el rival hasta convertirla en puntos. Es, además, uno de los equipos que ha hecho de los juegos mentales una fortaleza, a pesar de haber atravesado tropiezos. La maestría nace, precisamente, de aprender de las caídas y de los errores.
Los doce encuentros consecutivos de victorias de los Springboks, junto con el registro reciente de 5 victorias en los últimos 6 duelos, dos de ellas ante visitantes con goleadas, eran un peso considerable en la batalla de palabras previa a cada choque. Un peso que puede penetrar en la psique de cualquier equipo si no se maneja con la debida precaución. Peso que Erasmus sabe explotar a su favor.
Pero Rennie parece entenderse bien con la guerrilla mental. Defendió con énfasis y provocó errores en la ofensiva contraria. Atacó con precisión y mostró una eficiencia alta, a pesar de contar con menos posesión, logrando 5 ensayos. Supo hacer los cambios en el pack de forwards en el momento oportuno, en el scrum, el único instante en el que su staff sonrió ante la cámara espía. Cuenta con un medio de apertura que somete continuamente a los rivales y encontró, como dice John Lennon en su tema, que Love es la clave para empezar a recuperar terreno.