Final del Top 14 de la URBA: una fiesta colorida que se tiñó de bordó gracias a Newman, el bicampeón

8 noviembre, 2026

Es un festín enorme. Abarca a una multitud. Una celebración llena de colores. El cielo celeste salpicado de blanco en la parte superior y el verde intenso abajo, con una pátina dorada que envuelve y realza el brillo de las tonalidades. Al iniciar este sábado de noviembre, el paisaje se muestra celeste y azul por un lado y bordó, con pinceladas naranjas, por el otro. Sin grises ni páginas negras, afortunadamente. Solo una escaramuza, en una calle cercana, y una parte del alambrado perimetral que cedió ante el peso y la presión de la gente.

Con el paso del tiempo, la atmósfera se llena de música. Los nervios se consumen, en parte, en el patio de comidas, entre pizzas, empanadas, shawarma y papas fritas. O al atravesar el Fan Fest. Juegos, retos, transmisiones, saludos, conversaciones al paso, intercambio de sensaciones, pronósticos… Todo ayuda a calmar la ansiedad. Hasta que llega la hora señalada.

A las cinco de la tarde, todo cambia. La atención se dirige al campo de juego. Braman los hinchas, laten las tribunas. Y salen los equipos. Se agitan las banderas y los paraguas. Newman exhibe otra vez el mismo estandarte de la semifinal (“Siempre a tu lado”) y cubre todo su sector. Hindú, como ante el CASI, demuestra su sentido de pertenencia con banderas de mástil flexible y una que recuerda a tres hombres de la casa que ya no están (Ale Castelli, Santiago Senillosa y Zequi Comotto). Suenan hits futboleros adaptados. La pasión se desborda y el fervor crece. “Para coronarse, hoy hay que vencer”, coinciden las dos barras.

El partido no concede respiro. Gol tras gol, palo y palo. ¿Acaso fue la definición más memorable de todas? Hay tensión, inquietud. Las pequeñas alegrías del juego se mezclan con lamentos. Se sufre, se suspira. El ánimo oscila entre la esperanza y la desilusión. Se contiene la respiración, se exhala. Y por fin suena el silbato, se acaba la lucha. Hay un vencedor y un vencido. Y brotan lágrimas, dulces por la felicidad o amargas por el desencanto. El Dios del deporte da su veredicto: Newman es el campeón, el bicampeón. Con el buen juego de siempre, respaldado ahora por una personalidad fuerte y una mentalidad ganadora. Se disipó la angustia, la incertidumbre. Ahora sus hinchas olvidan la mesura y saltan, se abrazan y cantan. Hindú es el derrotado. Acepta la condición y su público reconoce el esfuerzo del grupo de hombres que dejó todo por la victoria.

El título de 2025, el primero de sus cincuenta y un años de vida, liberó al Cardenal de sus amarras, lo liberó. Ya no padece angustia ni desolación. La vida le sonríe y canta. “Es todo parte de un proceso”, es la frase que repiten los integrantes del plantel. “El club no terminó en el campeonato de 2025 ni en este de 2026. La vida continúa, el club continúa. Hay que seguir construyendo el camino”, señala Lucas Marguery. “Newman es campeón porque no dejó de trabajar durante todo el año”, precisa Faustino Santarelli. “Cada vez que alguien viste esta camiseta, intenta elevar el listón”, asevera Bautista Bosch. “Este equipo también tiene carácter”, añade Juan Bautista Daireaux.

Newman alza el título, y cada vez más se convierte en una constante. Es, además, una demostración de justicia cuando, en este instante, su capitán Alejandro Urtubey levanta la copa para entregársela a la afición. El Bordo fue el mejor de la temporada. Finalizó como líder de la fase regular con veinte puntos de ventaja sobre Atlético de San Isidro, el escolta. Acumula 25 partidos sin perder, con 24 victorias y un empate. También venció tres veces a Alumni e Hindú y las dos que disputó frente al CASI, el cuarto clasificado. Números impactantes, acompañados por un estilo de juego contundente y, la mayor parte del tiempo, vistoso. Un equipo que viste frac pero que también sabe arremangarse y trabajar duro. “Estos partidos son muy desafiantes y creo que Newman aprendió a jugarlos”, señala Gonzalo Gutiérrez Taboada. Un símbolo de este equipo, que atravesó temporadas difíciles y que, junto a su familia, superó un momento delicado en la salud de su hija, de apenas tres meses.

En bicampeón tiene otro mérito: supo llegar a la cima, le costó años, esfuerzo, dedicación, pero llegó. Y una vez allí ubicado, también supo mantenerse. El título de 2025 no lo relajó, tampoco lo conformó. Encaró esta temporada con el mismo rigor, la misma disciplina e igual hambre de gloria. Eso explica su paso arrollador. Sustentado en el compromiso de todos y la convicción de que los éxitos son la consecuencia del trabajo colectivo. Todos en Newman tienen bien claro que la camiseta es más grande que las personas que tienen el privilegio de usarla.

Lo más destacado de la final del Top 14 de la URBA

El formato de competencia con play-off no resulta siempre justo, aunque este año dejó claro el desenlace de principio a fin. Pero cuando llega esta instancia, es una fiesta. Una celebración multitudinaria, policromática… que en las dos últimas ocasiones se tiñó de bordó al ponerse el sol. Bordó con pinceladas naranjas y verdes. Y sin páginas negras, afortunadamente.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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