Gonzalo Quesada: que haya justicia y que permanezca el legado inmenso de la gran persona que fue Fede

16 septiembre, 2026

En una velada de marzo de 2022, Gonzalo Quesada estaba llamado a integrarse a una cena que terminaría en un episodio trágico. Tenía previsto reunirse con Federico Martín Aramburú y otros excompañeros de los Pumas: Marcelo Bosch, Octavio Bartolucci y José Orengo. Sus compromisos coyunturales con Stade Français, club que dirigía en ese momento, no le permitieron asistir. A la mañana siguiente, al presentarse en el club, recibió la noticia del asesinato de su amigo. “Si hubiese estado a su lado en ese instante, quizá las cosas hubieran tomado el mismo curso”, comenta Quesada a LA NACION.

Cuatro años después, la celebración del juicio a los responsables entrelaza la demanda de justicia con la memoria de una persona extraordinaria, junto al dolor de rememorar aquellos días traumáticos. Designado por la familia de la víctima como uno de los tres amigos que actúan como testigos en el litigio, Quesada dejó por un tiempo su labor como entrenador de la selección de Italia y regresó a París para participar en el proceso.

“Con la cantidad de amigos que tenía Fede y lo mucho que lo quería la gente, para mí era una responsabilidad enorme defender su honor, su nombre y testificar acerca de quién era”. Quesada aprovecha dos breves pausas en el juicio para conversar con LA NACION desde el imponente Palais de Justice de París, situado en Île de la Cité, a pocos pasos de la Catedral de Notre Dame, el mismo edificio que albergó al Tribunal Revolucionario durante el Terror. Muy próximo también, al otro lado del Sena, se encuentra Mabillon, el bar del Boulevard Saint Germain donde se originó la pelea.

Durante el receso, también, busca un respiro ante la pena que rodea la situación. Las crónicas desde Francia relatan que, durante su declaración, no pudo contener las lágrimas al recordar a su amigo. “Tenía la intención de entrar y prácticamente gritarle al juzgado: ‘Han matado a un gran hombre, a un hombre con valores impresionantes, una persona increíble’. Mientras me preparaba, redactaba lo que quería decir y me daba cuenta de que era emocionalmente muy difícil y que no lograba repetirlo sin que se me cerrara el estómago”. Charla, como siempre, muy expresiva, aunque esta vez con un tono cansado. “Debía enfocarlo de forma más técnica y estratégica, porque sabemos que la defensa está recurriendo a la legítima defensa. Tenía que ser cuidadoso con mis palabras, medir los conceptos y describir a Fede en toda su grandeza, pero también controlar las emociones. Creo que no logré expresar exactamente lo que quería. En un par de ocasiones tuve que interrumpirme porque el pecho se me cerraba y se me escapaban las lágrimas. Pero, en general, creo que salió bien. Pude transmitir quién era Fede y di mi interpretación de lo que podría haber pasado”.

–¿Fuiste a París exclusivamente para declarar?

–Vine desde Italia. No sabían si era lunes o martes, así que compré un pasaje para llegar el domingo y regresar el miércoles a casa. Bloqueé toda mi agenda para lunes, martes y miércoles. Para mí era fundamental estar aquí. El lunes estuvimos con la familia de Fede, cenamos juntos por la noche.

–¿Habías estado alguna vez en el Palacio de Justicia de París? ¿Te había tocado declarar como testigo en algún juicio?

–No, era la primera vez. Es la primera vez en mi vida. Espero que sea la única vez en que me encuentre en una situación así, en la sala más importante del tribunal más importante de Francia, y seguramente de Europa. Es un lugar impresionante. Como testigo te aíslan en una habitación y, de pronto, la puerta se abre y te conducen a la Cour d’appel, la sala principal, un espacio realmente imponente, con el jurado en la parte alta y una gran cantidad de personas. Regresar a la realidad de que lo mataron, que ya no está, resulta difícil de creer. Aunque hayan pasado cuatro años, la experiencia impresiona.

–¿Cuándo viste a Fede por última vez?

–Lo había visto un par de semanas antes de su fallecimiento. Él estaba por cerrar un acuerdo para asociarse con alguien que sería su representante en un Mundial, un paso enorme para su empresa. Participaba en un proyecto de gran magnitud y de alto riesgo. Iba a estar con ellos como uno de los exjugadores y entrenadores que coordinaban las hospitalities previas y posteriores a los partidos. Nos veíamos con frecuencia. Hablé con él durante toda la semana y participé activamente de la organización. Recuerdo haber conversado con Octavio Bartolucci, José Orengo y el Chelo Bosch, que también andaban por ahí. Fede llegó con sus clientes y quedamos en ir a comer a Volver, un restaurante argentino, para vernos y respaldarlo. Al día siguiente, aprovechando que no había partido, nos íbamos al sur con Stade Français para una semana de concentración y así encarar el final de temporada; tenía que levantarme a las seis de la mañana, pero se hizo tarde y no llegué. Terminé enviándole un mensaje: “Te debo una”. Apagué el teléfono, me fui a dormir, me levanté, me di una ducha, me fui al club y todavía no había revisado el teléfono. Vino uno de los jugadores y me dijo: “¿Oíste lo de Fede?”. “¿Qué Fede?”. “Fede Aramburú, ¿no es amigo tuyo? Parece que lo mataron”. Ahí encendí el teléfono; tenía varios mensajes. Llamé al Chelo Bosch, a Jean-Baptiste Gobelet, que sabía que habían estado esa noche con él. En esa misma noche, si hubiéramos estado juntos, quizá las cosas habrían sido distintas.”

–¿Por qué crees que la familia te eligió como testigo?

–Testificamos tres amigos de Fede: Thomas Lièvremont, un fisioterapeuta que estuvo con él cuando jugaba en Biarritz y que también terminó convirtiéndose en un gran amigo, y yo. Fede era realmente muy amigo. Cuando yo jugaba en Pau y él en Biarritz, con el Negro Gaitán y Manu Carizza, en 2005-2006, éramos muy cercanos. En enero de 2017 salió en la prensa francesa que yo no renovaba con Stade Français y me llamó para convencerme de acompañarlo en el proyecto para ascender a Biarritz a Primera. Ahí nos hicimos grandes amigos. Creo que la familia sabía la naturaleza de nuestra amistad y lo que significaba para Fede. En esas últimas semanas, ese proyecto para el Mundial lo acercó a nosotros. Viendo la cantidad de amigos que Fede tenía, la experiencia fue dura. Pero nunca pregunté por qué. Me avisaron la fecha del juicio, qué querían que declare, organice el viaje y preparé mentalmente lo que iba a decir, así que vine a expresarme.

–¿Cómo atraviesas este momento? Ya han pasado cuatro años desde la muerte de Fede, pero el juicio debe remover muchas cosas.

–Imaginé que sería duro, pero no esperaba que fuera así. Recordarlo me conmueve profundamente. Fede está siempre presente. Debes describirlo y contarlo, y está toda su familia, sus seres queridos que son prácticamente tu familia también: Cecilia, Edgardo [sus padres], especialmente María [Codino, su esposa], Trini, Justi, Santi [sus hijos]. Creo que estos días pueden significar el cierre de una etapa. Fede no volverá. El dolor por su pérdida es permanente. Que Trini, Justi y Santi puedan vivir recordando a su padre sin que el recuerdo esté entrelazado con fechas de juicio, con qué se dirá o qué castigo corresponde, y con la memoria de Fede se mantiene la esperanza de paz. Es más una aspiración de tranquilidad ahora: que se deje de lado el detalle judicial y que quede únicamente el legado de Fede, y todos los recuerdos imborrables que compartimos, junto con la pena de no tenerlo más, pero sin la contaminación mental de este proceso.

–¿La defensa de los acusados te hizo preguntas?

–No. Presenté una declaración espontánea, bastante amplia. Luego, los abogados de la familia añadieron algunas preguntas para aclarar quién era Fede y evitar malentendidos por parte de la defensa. Y ya está. Ellos eligieron no interrogarme.


“Para usted, ¿qué palabras o comportamientos podrían haber provocado en él una reacción o un enojo?“, le preguntó el juez.


–¿Cómo está viviendo la familia estos días?

–Es una experiencia muy dura a diario, porque te cruzas con las familias de los acusados. Mucha gente del rugby acompaña. Es increíble. Toda la familia, como hace cuatro años, está navegando entre emociones intensas. Lo que reconozco es que, al conversar con la familia de Fede, existe una esperanza de que se haga justicia y de que la verdad de lo ocurrido esa noche vea la luz, que se imponga un castigo acorde y que se cierre el caso y se deje de hablar de la parte judicial de la muerte de Fede. Es pura pena, porque ya no está, y resulta difícil no guardar rencor hacia quienes causaron su muerte, aunque percibo que ese odio va cediendo y queda un deseo mayor de que la verdad salga a la luz y que se haga justicia, para poder enfocar el recuerdo de Fede y su legado.

–¿Qué sentiste al mirar cara a cara a los acusados de haber matado a Fede?

–Me concentré plenamente en lo que se me indicó: “Solo mira al jurado que tienes delante; no te distraigas con la gente que hay alrededor. A la derecha, detrás de un cristal, están los dos acusados de haber matado a tu amigo”. Hice lo que me pidieron y, durante toda la declaración, me enfoqué en responder con claridad. Las preguntas llegaron desde la izquierda, lo que también me permitió concentrarme en mi cometido. Después de terminar, volví a sentarme entre la parte civil, la familia y los amigos de Fede. Pasé varios minutos observando sus caras, sus posturas y gestos, tratando de entender a esas dos personas. Había visto fotos, pero necesitaba verles la cara real. Intenté captar las reacciones y conductas durante las distintas etapas del proceso.

–¿Qué significa para ti que se haga justicia y qué legado de Fede esperas que emerja del juicio?

–Lo más importante es confirmar que Fede recibió diez disparos y murió en una pelea en la que no estaba armado, tras haber sido buscado luego de separarse de una primera reyerta casi anecdótica. Que el castigo esté a la altura de la verdad, de la forma en que fue asesinado. Que el nombre de Fede quede elevado como símbolo de los valores más humanos: alegría, energía positiva, valentía y responsabilidad. Que Trini, Justi y Santi crezcan sabiendo que no está, pero que su padre fue un ejemplo de los principios que nuestra sociedad debería valorar. Ese es el legado de Fede, después de todo lo ocurrido: que el mundo reconozca la calidad de la persona que era y que sus hijos lo recuerden con orgullo. Que este juicio concluya para que quede únicamente el legado de la gran persona que fue Fede Martín Aramburú.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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