Inicia en París el juicio por el asesinato de Federico Martín Aramburú: los alegatos de la defensa

7 septiembre, 2026

PARÍS — Hace más de cuatro años se aguardaba la llegada de la justicia. Tras el fallecimiento, tan desconcertante como trágico, de Federico Martín Aramburú, exinternacional argentino de rugby asesinado al amanecer del 19 de marzo de 2022 en pleno corazón de Saint-Germain-des-Prés, el tribunal de la Corte Criminal de París abrió este lunes a las 14.30 el proceso contra sus presuntos culpables. En la reducida sala Voltaire, en la Île de la Cité, donde solo se acomodaron 54 periodistas, se han fijado tres semanas de audiencias —hasta el 25 de septiembre— para reconstruir, minuto a minuto, la noche en que una discusión en un bar, aparentemente banal, derivó en una masacre a balazos. Por la magnitud del crimen, el juicio ha movilizado a toda la prensa francesa.

Cuatro individuos se sientan ante el tribunal. Loïk Le Priol, de 32 años, excomandante de la marina y antiguo miembro del Groupe Union Défense (GUD), es acusado de asesinato. Romain Bouvier, de 35 años, también vinculado al GUD, está being juzgado por tentativa de asesinato y tenencia no autorizada de armas de categoría B. Lyson Rochemir, pareja de Le Priol en el momento de los hechos y conductora del vehículo utilizado aquella noche, debe responder por complicidad en tentativa de asesinato, así como por manipulación de la escena y ocultación de pruebas. Antony Sorrentino, simpatizante de la extrema derecha que presuntamente ayudó a Bouvier durante su fuga, comparece por encubrimiento de criminal. La justicia determinó que los acusados no compartían un “plan criminal común”, lo que explica la discrepancia en los cargos formulados contra ellos. Le Priol y Bouvier afrontan la posibilidad de cadena perpetua.

En el banco de los acusados, este lunes, ambos proyectaron una imagen casi séptica. Con la cabeza rapada, polo blanco y anteojos, Bouvier respondió con un tono cortés al presidente, diciendo “sí, señor presidente”. Afirmó haber trabajado como autónomo en el sector de la comunicación digital. A su lado, Le Priol, con una camisa azul y aspecto joven, se describió de forma sobria como trabajador del olivo. Esta aparente normalidad contrasta con la violencia de los hechos que se le imputan.

Los hechos se remontan a una velada que en apariencia debía ser trivial. Federico Martín Aramburú, de 42 años, con 22 partidos con los Pumas, doble campeón de Francia con el Biarritz Olympique (BO) y tercero en el Mundial de 2007, se encontraba en París para asistir al encuentro inaugural del Torneo de las Seis Naciones entre Francia e Inglaterra. Tras una cena con antiguos compañeros, había quedado con su amigo, socio y exjugador en Biarritz, Shaun Hegarty, en un café-restaurante del bulevar Saint‑Germain. Allí estalló una discusión con Le Priol y Bouvier alrededor de las 6 de la mañana, interrumpida al principio por el personal del local.

Martín Aramburú y Hegarty abandonaron el lugar a pie. No obstante, según la acusación, sus oponentes salieron a buscarlos: Bouvier abrió fuego en cuatro ocasiones desde el Jeep manejado por Lyson Rochemir, novia de Le Priol, antes de que este último, que llegó a pie pocos segundos después, efectuara seis disparos con un revólver Colt New Pocket, una arma con tambor de seis balas calibre .32 SW (casi del tamaño de un 9 mm) perteneciente a la categoría D y, por tanto, de venta libre. Tras recibir varios impactos, especialmente en la espalda, Federico Martín Aramburú cayó desplomado en la acera y murió en el acto.

Este lunes, la emoción se centró en la llegada tardía de la familia, poco antes de las 15, sin la presencia de la madre de la rugbista, Cecilia Aramburú, que no pudo asistir por motivos médicos, ni de sus tres nietos. Los allegados llevaban al cuello un pañuelo rojo con el nombre “Fede”, la bandera argentina y el número 13, confeccionado este verano durante las Fiestas de Bayona en homenaje al jugador. Una hora antes, María Aramburú, la esposa de la víctima, y Shaun Hegarty habían arribado junto a los abogados de la acusación, los letrados Yann Le Bras y Véronique Massi.

Los dos principales acusados admiten haber empleado sus armas esa noche, pero niegan haber tenido la intención de matar, una línea de defensa que podría marcar el eje de todo el debate. En declaraciones a Libération, el abogado de Romain Bouvier, Hugues Vigier, descartó la idea de un asesinato premeditado:

“Es un caso de virilidad, de tipos que se empujaron a beber hasta la madrugada”.

Para la fiscalía, se trata de una versión absurda.

“Fue una pelea que no puede justificar el inicio de una violencia tan desatada. Fue una cacería humana que se desató tras una reunión entre los acusados”, afirmó el abogado Yann Le Bras. Le Bras había señalado previamente que los dos principales acusados figuran en los registros “por su peligrosidad” y que estaban bajo medidas cautelares que les impedían verse y portar armas, restricciones que violaron la noche de la tragedia. “Esto genera, desde el inicio, una sensación de incomprensión o de indignación”, había explicado.

Por su parte, la abogada Véronique Massi subrayó la gravedad del acto inicial: “Son dos hombres que deambulan armados por las calles de París. No es algo que deba tomarse a la ligera”. En cuanto al proceso, el juez instructor a cargo del caso mantuvo el cargo de “asesinato”.

La primera jornada del juicio concluyó con la selección del jurado —cinco mujeres y un hombre— y la ratificación del calendario de testigos, entre los que se espera la comparecencia de los exjuguadores de los Pumas, Gonzalo Quesada y Thomas Lièvremont. La instrucción también deberá esclarecer la personalidad de Le Priol, cuyo supuesto trastorno de estrés postraumático, vinculado a su pasado militar, debe ser evaluado por especialistas que ya mantienen opiniones divididas al respecto. Se espera que el veredicto no se anuncie hasta finales de mes.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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