Saques fortísimos o colocados milimétricamente. Impactos ruidosos y rasantes desde el fondo de la cancha. Poca improvisación; más músculo y frialdad que creatividad y sensibilidad. Wimbledon, el torneo de tenis más prestigioso del tour, presentó un desenlace extremadamente competitivo, lógico, pero no especialmente brillante, en el que Jannik Sinner, el italiano que lidera la clasificación, defendió su título con tal aplomo que pareció casi un trámite y alcanzó su quinto título de Grand Slam. Lo consiguió mostrando una cara serena solo al final, al derrotar al alemán Alexander Zverev, segundo cabeza de serie en el All England Club y nuevo número 2 del ranking desde este lunes, tras la ausencia por lesión de Carlos Alcaraz, con un marcador de 6-7(7-9), 7-6(7-2), 6-3 y 6-4, tras 3h46m de juego.
La superficie del Centre Court, con césped teñido de amarillo y nubes de polvo, especialmente en las bases —daño acelerado por las altas temperaturas que han marcado las últimas dos semanas en la capital británica— fue el escenario de un choque que, de antemano, se presentaba como difícil de equiparar. Incluso, el antecedente de 10-4 a favor de Sinner no parecía tan desalentador para Zverev como la lectura adicional que dejaba el registro: los nueve duelos más recientes habían caído del lado del italiano y Sascha llevaba catorce sets consecutivos perdidos (no había encajado un set desde la final de Viena 2025). Sin embargo, a los 29 años, Zverev demuestra ser más peligroso que nunca. Haber ganado por primera vez un Grand Slam, en Roland Garros, el mes pasado, lo liberó y le dio una dosis adicional de confianza, permitiéndole enfrentarse a sus demonios internos con una actitud renovada y más seguridad en sí mismo.
Ese nuevo blindaje emocional, unido a un saque que funciona casi a la perfección, dio forma a un encuentro muy parejo desde el inicio, con escaso margen para la imaginación. Se disputó al límite, castigando la pelota con intensidad, principalmente desde el fondo; para Zverev, el revés rindió más que el drive; Sinner, por su parte, mostró claridad de golpes desde ambos perfiles. El saque poderoso de ambos llevó los dos primeros parciales a decidirse en el desempate. Tanto fue así que el primer quiebre del encuentro llegó recién en el octavo game del tercer set: Sinner tomó la delantera 5-3 y, con su servicio, selló el parcial en 6-3. En ese momento ya habían transcurrido más de dos horas y media de juego. Ese quiebre terminó por marcar un antes y un después en la mentalidad de ambos tenistas.
El sólido líder del ranking mundial, que no había conseguido un Grand Slam en la temporada (había sido semifinalista en Australia y cayó en la segunda ronda del Abierto de Francia), descompuso la estructura de Zverev, quien en sus nueve participaciones en Wimbledon nunca había superado los cuartos de final. Sinner, entrenado por Simone Vagnozzi y el australiano Darren Cahill (con un argentino en el equipo, el fisioterapeuta Alejandro Resnicoff), logró, finalmente, imponer su dominio mental frente al gigante de Hamburgo tras ese oportuno quiebre de servicio. Y otro rompimiento en el séptimo game del cuarto set, que lo dejó 4-3 y acercó el cierre, negando a Zverev la posibilidad de convertirlo en el tercer campeón germano en Wimbledon, hazaña que solo habían conseguido Boris Becker (1985, 1986 y 1989) y Michael Stich (1991).
Sinner se convirtió en el primer tenista en ganar el título individual masculino de Wimbledon sin ceder juego alguno en el saque durante la semifinal (1 de 1 punto de quiebre defendido) y en la final (1 de 1) desde Roger Federer en 2003.
Con Sinner, el mejor tenista italiano de la historia, no basta relajarse. Sascha lo entendió de nuevo: registró 17 aces, un 76% de primeros servicios y un 72% de puntos ganados con el primer saque; sin embargo, Sinner, apenas con un puñado de oportunidades de quiebre, derribó el muro que parecía imbatible.
“Jannik, ya no me caes tan bien”, bromeó Zverev durante la protocolaria ceremonia de entrega, frente a la princesa Kate Middleton, esposa del príncipe William. “Bromas aparte, felicitaciones. Jannik demostró una vez más por qué es el mejor del mundo. Hemos tenido dos meses muy intensos, con dos finales de Grand Slam. Hemos venido a Wimbledon sin poder arribar a cuartos, así que, más allá de la derrota, estoy muy satisfecho”, añadió Zverev. “Sé que uno de tus objetivos es ser número 1; te estás acercando mucho…”, respondió Sinner entre risas. El campeón de dos grandes de este año recibirá 3.600.000 libras esterlinas (US$ 4.820.000) en premios, mientras que al subcampeón le corresponden 1.800.000 libras (US$ 2.400.000).
Sinner logró resurgir en la gira y defender la corona británica tras el bajón en la arcilla de Roland Garros y sin competir en torneos previos sobre césped. Y, otra vez, su dominio quedó en evidencia. A falta de la presencia de la selección de fútbol italiana en el Mundial, Italia disfruta de Sinner, el Capitán Frío del tenis que empuja a sus rivales hacia la resignación.