NEUQUÉN (Enviado especial).- Fue a mediados de diciembre pasado, en los pasillos del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Javier Frana, el capitán del equipo argentino de Copa Davis, se cruzó por casualidad con quien escribe este artículo. Habitualmente sociable, atento y suelto de palabras, esa vez estuvo esquivo, distante. No parecía haber motivos deportivos, periodísticos ni personales, al menos se creía, para que reaccionara así. Su mirada transmitía incomodidad y fastidio, pocas ganas de dialogar. Lo primero que surgió fue “un mal día, quizá”; puede ocurrir. Pero no: había un motivo concreto que, por esas horas, lo tenía dolorido y perturbado. El motivo era la conformación del equipo para visitar Corea del Sur en febrero, para los Qualifiers 2026, y las numerosas negativas de los jugadores.
Finalmente, fueron nueve los tenistas (los siete singlistas mejores y dos doblistas “titulares”) que se desertaron. Un mal de ausencias, realmente, inédito y severo. ¿La razón principal? La incomodidad de viajar a Asia con el inicio de la gira sudamericana sobre polvo de ladrillo a la vista. La Argentina, con cinco debutantes que se esforzaron por sacar adelante el compromiso, cayó ante Corea del Sur (3-2) y el equipo perdió la chance de avanzar en la emblemática competencia por la temporada, lo que también se tradujo en menos dinero para la tesorería de la Asociación Argentina de Tenis por los premios que otorga la ITF.
Después del cimbronazo en Busan, a comienzos de febrero, Frana se aisló más de lo normal, se recluyó entre los suyos y respondió menos mensajes de los habituales. Murmuró bronca en privado. No visitó el Buenos Aires LTC durante ninguna jornada del ATP de Buenos Aires, decisión (ausencia) que lógicamente no pasó inadvertida. Sí estuvo la semana siguiente en Santiago, en el Chile Open, cumpliendo con un compromiso laboral: comentando el torneo para una cadena de TV.
El rafaelino de 59 años, capitán desde enero de 2025, procesó el mazazo como pudo. En medio del enojo, se planteó si las respuestas negativas habían sido por algo “personal”, hasta que entendió que no. Y se fue serenando. Pero, ¿qué tan cerca estuvo de pegar un portazo y presentar su renuncia a Agustín Calleri, el presidente de la AAT?
“¿Si pasó el mal trago de Corea del Sur? Costó, costó… Para mí fue durísimo. Durante ese proceso de designación de jugadores para Corea a fines de 2025, que fue bastante largo, en silencio, porque no se sabía, la gente no estaba con la cabeza puesta en la Copa Davis del año siguiente… yo estaba atravesando toda una etapa de filtros, de ir uno por uno y no recibir respuestas inmediatas, porque no era que llamaba y decía: ‘¿Tienen lugar para el fin de semana?’. No. Era: ‘Dejame que lo veo, lo voy a analizar, te aviso’. Fue un proceso largo y estresante”, confiesa hoy Frana, como no lo había hecho antes.
Ahora se encuentra en Neuquén, por capitanear su primera serie como local, frente a Turquía, en el Ruca Che (este sábado y domingo), buscando no descender y obtener un boleto en los Qualifiers de 2027. Está concentrado y más sereno, pero le costó muchísimo digerir lo sucedido.
“Nunca hice catarsis de la situación. Terminó Corea y me cayeron todas las fichas juntas”, se desahoga, ante LA NACION. “Fue una serie durísima, dolorosísima, porque hicimos mucho esfuerzo para tratar de sacarla adelante, estuvimos ahí, no pudimos, pero fue enriquecedora. No me puedo olvidar de la reunión que tuvimos con los chicos después del quinto punto, todos llorando, destrozados. Dentro de la tristeza hubo cosas buenas que se reconocieron y se valoraron. Esas cosas dejan aprendizaje y sirven para entender las cosas. También me dio una fortaleza para tomar otras decisiones. Por ejemplo, ahora, para decidir quién jugaba, cómo se juega… Y bueno, ¡esto es así, macho! Todos tenemos que tomar decisiones”, sentencia Frana, que, siendo capitán, suma dos triunfos (ante Noruega y Países Bajos) y dos derrotas (contra Alemania y Corea del Sur).
“¿Si me costó asumir que las ausencias no habían sido por algo personal conmigo? No, no me costó asumirlo. Conceptualmente lo tenía claro, pero igualmente dices: ‘Sé que no es por mí, pero hay que atravesarlo’. Hay que llevarlo de la teoría a la práctica y no es fácil. Yo tenía mi sueño para Corea y fue otra acción. Tuve que aceptar que fue una situación involuntaria. Para ellos (los jugadores) tampoco fue fácil, como para mí”, apunta Frana.
-¿Te planteaste dejar la capitanía?
-Mira, a ver… Uno sabe que en caliente no hay que escucharse. Sí me voy a desahogar, a hacer catarsis, voy a decir todo lo que quiera en el lugar donde corresponde, que es entre cuatro paredes… Tampoco puedes negar tus emociones, tus sentimientos y guardarte todo. ‘Oye, me siento así, estoy enojado, me pasa esto’. Y, obviamente, vas desmenuzando lo que pasó, lo vas limpiando. Dices: ‘Bueno, a ver, ¿con qué me quedo de todo esto?’. Y a la vez me sirvió para resignificar lo que yo hago. Una parte tiene que ver con el resultado, con que nos vaya bien, con que lleguemos lo más lejos posible y todo lo que hubiese podido ser que no fue. Todos queremos ganar: no es paz y amor para todo el mundo y no pasa. No. Pero dices: ‘Ok, pero en mi propósito como capitán tengo incorporado el hecho de tratar de ayudarlos, asistirlos, que tengan una mano más en la que apoyarse’. ¿Entonces?
-Una parte tuya te pidió renunciar; la otra no.
-Una parte me planteó: ‘Che, ¿y qué hacemos?’. Y pesó más algo que me llena mucho, que es el hecho de ir a verlos entrenar a una cancha vacía un martes, que me abran sus puertas, que me den lugar. Si mañana me voy y no ganamos la Copa Davis, no voy a decir: ‘Perdí tiempo dos o tres años. Todo fue al pedo’.
-Entonces, te serenaste y ganaste energía de nuevo.
-Sí, evaluar todo me dio equilibrio. Cuando no tenés una cosa, tenés que acordarte que hay otra. Situaciones como las de Corea te dan ganas de decir: ‘Peeero, la puta madre. Esto, lo otro, pa, pa, pa’. Después pasa que decís: ‘Bueno, ¿cuál es mi centro? ¿Cuál es el lema de mi capitanía? ¿Acepté ser capitán de Copa Davis solo para ganarla o hay un montón de otras cosas que me llenan?’. Como lo dije el primer día: no es solo el resultado. Sentí que fueron muy genuinas las dificultades que tuvieron los jugadores. No hubo ninguno que me dijera que no cagándose de risa. Les fue difícil, fue una problemática que les cayó a ellos involuntariamente. Por eso sigo.