La evolución de Alexander Zverev: cómo logró ganar el US Open seis años después de su caída

13 septiembre, 2026

“Esto no es sencillo… Estoy convencido de que mis padres se sienten orgullosos de mí, a pesar de la derrota. Ojalá algún día pueda regresar a casa con el trofeo.” Alexander Zverev, que buscaba ocultar la humedad de sus ojos, terminó quebrándose durante la ceremonia en Nueva York. Fue el domingo 13 de septiembre de 2020.

El alemán, reconocido desde siempre por su talento con la raqueta, se mostró emocionalmente devastado en ese momento. En plena lucha por regresar a la normalidad tras la pandemia, las gradas del Arthur Ashe Stadium, centro de competencias del US Open, lucían desiertas. A pesar de ello, Sascha, entonces situado en el puesto n° 7 del mundo, tenía ante sí una ocasión inmejorable para liberarse de la presión que lo señalaba como uno de los tenistas más prometedores de la Era Abierta sin un título de Grand Slam, junto a figuras como el chino Ríos, Nalbandian o Ferrer.

Contemporáneo del Big 3 (Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic), logró catar la final de un gran torneo en ese Flushing Meadows, ante Dominic Thiem, quien era tercer jugador del ranking. Había tomado ventaja de dos sets a cero y preparaba la posibilidad de cerrar el choque con su servicio cuando marchaba 5-3 en el quinto set. Pero permitió que la presión lo invadiera y terminó errando. El grito triunfal del austríaco resonó en el enorme recinto de concreto de Queens, donde solo estaban presentes el árbitro, los jueces de línea, los técnicos de ambos equipos y el personal del torneo (todos con mascarilla, por supuesto). En esa derrota de Zverev, esas palabras cargadas de dolor parecían diluir una ocasión única para romper el destino. “Si no fue hoy…”, fue la reflexión generalizada (y pesimista) que se filtraba en el mundo del tenis. Pero el destino tenía preparadas varias sorpresas (buenas y no tanto) para el joven germano nacido en Hamburgo.

A partir de ese momento, Zverev continuó marcando presencia en la cima del circuito, aunque también volvió a estar bajo el foco por acusaciones de sus exparejas por maltrato físico y psicológico, por competir con diabetes tipo 1 (inyectándose insulina durante los partidos) y por episodios de furia en la pista, como cuando destrozó una silla de un árbitro con sus golpes de raqueta (Acapulco 2022; eso le valió la descalificación). A pesar de las miradas de reojo y de la sensación constante de estar al borde de la fragilidad, siguió luchando con la ambición de conquistar un Grand Slam. Y, al final, el año le dio una gran recompensa, la mejor de su trayectoria con trece títulos profesionales, al alzarse en Roland Garros, aprovechando la caída de Jannik Sinner en la segunda ronda y la ausencia de un Carlos Alcaraz lesionado. Sascha dejó atrás los fantasmas que le atormentaban al recordarse que no era dueño de ningún majors y se liberó.

Seis años después de aquel llanto por el golpe sufrido ante Thiem, Zverev volvió a pisar el cemento del Arthur Ashe para disputar una final. Enfrente, Ben Shelton, seis años más joven y cargando el peso de una historia histórica. El estadounidense, nacido en Atlanta, aún no tenía un año cuando Andy Roddick conquistó el US Open 2003, pero sabía que, desde entonces, ningún tenista de Estados Unidos había alzado un Grand Slam en individual. Shelton, que eliminó a Alcaraz en cuartos (un partido que se extendió hasta las 3:33 de la madrugada y que marcó su primer triunfo ante un top 3), buscaba poner fin a una sequía de 8.407 días. Pero Zverev tenía otros planes: disputó el encuentro con seriedad, mostró toda su jerarquía y apenas dejó ver señales de fragilidad.

“Necesito que me recarguen de energía para el domingo”, pidió Shelton en voz alta el viernes; nunca había logrado vencer a Zverev en los cinco duelos previos, entre 2024 y 2025. Pero ese domingo, la grada respondió a cuenta gotas, más por el propio rendimiento del alemán que por la expectación del público. Entre las figuras presentes en la cancha, el germano emergió y venció 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2, tras 3 horas y 33 minutos. Fue tan concentrado que ocurrió un hecho inédito: solo al alzar la vista y observar el marcador en las pantallas y las reacciones de su equipo y del público se dio cuenta de lo que había logrado; recién entonces asimiló la magnitud de su triunfo.

Un insólito momento tras ganar el título

Aprovechó el nerviosismo evidente de Shelton (cometió 47 errores no forzados frente a 31 de su rival) y afianzó su saque: nueve servicios ganadores, 85% de puntos ganados con el primer servicio, solo un quiebre en contra. Así, el europeo de 29 años pasó a ser el cuarto hombre de la Era Abierta en conseguir sus dos primeros Grand Slams en un mismo año (uno de ellos fue Guillermo Vilas, en 1977, con Roland Garros y el US Open). En la actualidad, Sascha se unió a Boris Becker, quien fue el único alemán en conquistar el título en Nueva York (lo hizo en 1989).

Con la ausencia de Sinner, Zverev (n° 2 del mundo) apareció como el gran favorito del último Major de la temporada. Y Shelton (octavo cabeza de serie en Nueva York y 4° del ranking cuando se actualice) fue el primer rival entre los top-20 que enfrentó Zverev en el torneo (hasta ese encuentro, el más alto posicionado había sido Luciano Darderi, 21° sembrado, en cuartos).

Dentro de la metamorfosis de Zverev destaca su mayor apertura cuando se trata de hablar ante los micrófonos. Entregó un emotivo discurso sobre su madre (Irina) y cómo ella lo acompañó en la consecución de sus metas, pese a luchar contra la diabetes. “Quiero agradecer a una persona que, en realidad, nunca está frente a mis partidos, pero que es la más importante en mi vida tenística y en mi existencia. Cuando a tu hijo de cuatro años le diagnostican diabetes y los médicos te dicen que su carrera deportiva podría estar muy limitada, hace falta una madre increíble para salir y decir: ‘Mi hijo logrará lo que él desee. Si quiere ser tenista, lo será. Si quiere dedicarse a otra cosa, también lo logrará. Pero esta enfermedad no nos definirá’. Mi madre es la persona más importante y fuerte que conozco. Se necesita una mujer con una fortaleza increíble para hacer lo que ella hizo”, relató Sascha, mientras su padre (Alexander, también) lloraba de emoción en un rincón, junto a su otro hijo, Mischa.

Zverev venció a sus demonios y aprovechó las oportunidades que el circuito y su vertiginosa trayectoria le ofrecían. Y lo hizo con autoridad, dejando atrás cualquier polémica por las veces que la pelota picaba entre saque y saque, disipando las dudas cuando parecía autoboicotearse con drives inestables o fallos dobles exasperantes. Incluso redujo la brecha con Sinner, líder del ranking, y sueña con terminar la temporada en lo más alto. “Quiero agradecer a mi equipo. Llevábamos casi 30 años sin ganar un título de Grand Slam y ahora ya sumamos dos en apenas tres meses. Creo que Dios ha visto lo mucho que trabajamos, todo el sufrimiento y el dolor que hemos pasado. Estoy convencido de que 2026 es el resultado de todos aquellos años previos”, confesó Zverev, aquel mismo que hace 2191 días, tras perder ante Thiem en la definición del US Open, parecía quebrado y resignado. Sin embargo, encontró la claridad y la fuerza para transformarse.

Lo mejor de la final del US Open

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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