Los Pumas inician la travesía hacia la costa australiana para el Mundial 2027

6 septiembre, 2026

Queda poco menos de 13 meses para el estreno de los Pumas frente a Canadá en el Mundial de Australia 2027. Canadá, el rival inicial, es un rival muy inferior a todos los contrincantes con los que el equipo se ha enfrentado en este ciclo de Felipe Contepomi y durante los tres años anteriores. Por ello, resulta algo complejo hacer un balance de los Pumas tras medirse con Sudáfrica y Australia, pensando en ese encuentro que marcará su bautismo en el próximo Mundial.

Si profundizamos un poco, al fin y al cabo, los Mundiales funcionan como una vara que mide a las selecciones. Sudáfrica fue campeón en 2019 habiendo perdido ante los Pumas en 2018, pero, por supuesto, ese ciclo se evalúa por lo sucedido en Japón, por ejemplo. Por ello, contemplar ese objetivo del 4 de octubre de 2027 resulta necesario.

Australia es, en lo figurado como en lo real, una isla a 13 meses de distancia. El inmenso océano Pacífico que separa ese destino de nuestro continente impone paradas previas bastante exigentes. Parecería que los Pumas se encuentran en medio de una navegación cuyo rumbo era más claro hace un año. Hoy, tras seis partidos en esta temporada, esa ruta aparece difusa, no por los resultados; esa claridad la dejo explícita en mis columnas.

Hace una semana, tras la derrota frente a los Wallabies en el primer choque de la serie, por alguna razón decidí recordar un libro: “La expedición del Kon-Tiki” de Thor Heyerdahl, en el que un equipo de científicos noruegos navega desde las costas de Sudamérica hasta la Polinesia en una balsa de madera en los años cincuenta. El viaje buscaba comprobar la existencia de corrientes que viajan desde nuestro continente hacia las paradisíacas islas polinesias. Antes de hallar dicha corriente, atraviesan largos momentos de zozobra, dudas y malestar.

Un equipo es como la tripulación del Kon-Tiki. Felipe Contepomi sabe que existe una corriente capaz de llevar a este conjunto hasta Oceanía.

La dinámica del juego y la plantilla

La mecánica del juego ha mostrado más momentos de desconexión que de lucidez. Aunque también es justo señalar que los Pumas hoy no pueden alinear en todos los test matches a sus mejores jugadores. Contra Australia, los Pumas quizá jugaron con menos de la mitad de los posibles titulares, o al menos con la posibilidad de presentar a los mejores. Sclavi, Montoya, Alemanno, Gonzalez, Oviedo, Gonzalo García, Albornoz, Mateo Carreras, Chocobares, Piccardo, Mallia y Delguy son algunos de los jugadores ausentes frente a los Wallabies.

Existen dos lecturas posibles. Puede verse como una desventaja por la falta de continuidad. O puede interpretarse como una ventaja: la base de jugadores es más amplia. Y, como si fuera poco, hay que considerar que les empataron a los Wallabies con una formación alterna.

En ataque, los Pumas en Mendoza mostraron menos brillo que el de 2025 y algo más que el de hace una semana. El inicio no fue prometedor: apenas una posesión con un saque inicial que terminó en penal en contra. Poco después, dos tries en contra ante un rival decidido y voluntarioso, sin mucha creatividad. El quiebre claro llegó con Donaldson y la entrega inmediata de la posesión marcando la pauta. En otro tramo, Australia parecía un equipo implacable.

El cierre de la primera mitad fue más benévolo para los Pumas, que, reordenando un poco la obtención y el contacto, lograron anotar dos tries para igualar. Y con uno más para pasar a ganar al final de la primera parte, se enredaron tras el scrum, que parecía funcionar, y perdieron la posesión justo antes del descanso para beber agua y escuchar a los entrenadores.

Si bien el juego no fue hermoso, las cifras de eficacia no resultaron malas: 9 posesiones en zona de gestación, 4 ingresos a la zona de 22 y 2 tries. Esa estadística se mantuvo similar en el segundo tiempo. Siendo un equipo que apostó más por el contacto que por la carrera, Argentina generó situaciones en las que pudo marcar. En ese aspecto destacaron Matera -no es noticia-, así como Ruiz, Elías y Molina. Los tres últimos están vinculados a la renovación, que a mi juicio resulta una fuente de ilusión, aunque no es que mis motivos tengan gran peso frente a los intereses de un plantel que necesitará jugadores que ganen el contacto.

En noviembre, frente a Irlanda, Italia y Francia hará falta ese personal. Porque, aunque el rugby parezca cambiar, el juego sigue siendo el mismo: los forwards deben ganar el contacto y colocar la pelota tras la defensa para ganarse el derecho de ampliar el juego hacia los espacios. Lo segundo, una de las señas del equipo, no se vio con claridad en este segundo test. Tal vez sí en el primero. Por otro lado, en la conexión entre ambas fases, la lucha de forwards y la distribución a los backs, hace falta un medio scrum que llegue rápido al juego y pueda ejercer presión. Con García eso se constata. Benítez Cruz, que además ha mejorado su juego con el pie, también da indicios de poder aportar.

Las costas de Australia todavía no se presentan como un horizonte claro. No se confundan. Lo que suceda en agosto y septiembre de 2026 dista mucho de lo que enfrentaremos en octubre de 2027. Solo el equipo sabe hacia dónde va y qué puede hacer, como un barco que, navegando en alta mar, busca su rumbo. Los equipos, como los navíos, pueden hallar la corriente que los lleve a su destino. Como los científicos del Kon-Tiki, no se guían únicamente por la fe y tampoco se dejan vencer por la adversidad.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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