Newman, equipo casi perfecto, remonta para vencer a Alumni con un try controvertido y avanza a la final

31 octubre, 2026

Otra cara de Newman. Sin exhibiciones ostentosas, con la camisa arremangada y sin brillo, el cuerpo mojado por la sudoración y el esfuerzo generoso. Y el mismo desenlace de estos tiempos: victoria y la posibilidad de disputar otra final. El 25-20 quedó fijado en el cartel y dio el pase. Recién asegurado en la última acción, cuando Francisco Lascombes arrebató un line fundamental a cinco yardas de su ingoal, se quedó con la esperanza de Alumni de anotar el try que requería. Poco antes (20-20) se definió la contienda, no exenta de polémica por el try de Fermín Perkins tras un line y maul: al apoyar en una esquina, la jugada debió ser revisada por posible pisada de la línea de touch. Las imágenes generan dudas, porque no se puede apreciar si el Nº 16 apoyó antes o después de que sus pies tocaban tierra. El try fue convalidado, y fue así que Newman avanzó a la final. “No tengo buena imagen del jugador de touch, quedate con tu sensación de cancha”, le dijeron al árbitro Mauro Rossi. Y se dio la conquista.

Ganó Newman. Con una personalidad marcada para cambiar una historia que venía mal planteada en la primera mitad. Pero nada de elegancia ni de garbo. Ni tampoco un avance compacto, rodando con elegancia. No. Esta vez, no. Por deficiencias propias y por los méritos del rival. Alumni se lo hizo difícil. Y no sorprendió que así fuera, porque la fase regular es una cosa y los play-off, otra. Lo explicó con claridad Gonzalo Gutiérrez Taboada, una vez concretado el triunfo: “Esto no tiene nada que ver con todo lo anterior. Son partidos únicos, y este, en particular, fue muy exigente”, subrayó el consagrado apertura, que no vivió su noche más iluminada. Viene de atravesar una situación de salud compleja de su hija de pocos meses de vida. “Estoy feliz de haber podido jugar, pasé una situación adversa y difícil y, por suerte, la pude superar”, señaló.

La historia también modificó su actitud hacia el Bordó. Cambió la indiferencia por varios gestos de complicidad. Entonces ganó lo que probablemente, en otros años, habría perdido. Hay algo de mística también en esta era virtuosa de Newman, fruto de un largo proceso y no de una racha circunstancial. Como antes sumaba frustraciones, ahora, el Cardenal, acumula éxitos. En la etapa regular, el vigente campeón terminó líder imponente, con la fusta bajo el brazo. Aventajó en veinte puntos al CASI, su escolta: 110 puntos frente a 90, respectivamente. Sin embargo, la modalidad del torneo obligaba a ratificar ese dominio abrumador en dos instancias más y sin posibilidad de revancha. Era sabido de antemano. Así son las reglas del juego. Entonces, confiado en sus fuerzas, encaró la prueba inicial frente a Alumni y la sorteó con sobresaltos, pero con convicción y oficio. Levantó el resultado, levantó la imagen opaca de la fase inicial y se quedó con la primera semifinal del Top 14 de la URBA, frente a un Alumni digno. Lo derrotó, como ya lo había hecho en las dos definiciones del año: 32-30 en Tortuguitas, a mediados de abril, y 29-19 en Benavídez, hacia agosto. Y ahora, con el boleto a la definición del próximo sábado 7 de noviembre en la mira, el Cardenal aguarda a su último rival en el camino hacia el bicampeonato.

En unas horas se sentará frente a una pantalla para seguir el duelo que, desde las 17.10, disputarán el Atlético de San Isidro y Hindú. Dos equipos a los que Newman también venció a lo largo de la campaña: a la Cebra, 37-28 en casa, en el Día de la Bandera, y 37-27 como visitante, el segundo sábado de octubre. Mientras que, al Elefante, lo derrotó 26-25 como visitante, a principios de mayo, y 40-20 como local, a fines de agosto.

Los ochenta minutos definitivos contra Alumni fueron los más incómodos desde que comenzó la racha triunfal. Las cosas no fluían, su scrum era arrastrado por el del rival, el manejo de la pelota carecía de la prolijidad y la seguridad que caracteriza al Bordó. Entonces, el grupo dirigido por Santiago Piccaluga, Marcos Ayerza y Patricio O’Connor apeló a la personalidad y al oficio para sacar adelante un compromiso más complejo de lo esperado. “Estos partidos son así. Durísimos. Alumni lo planteó muy bien. Nos hicieron sentir el rigor y, en el descanso, nos dijimos que, si seguíamos así, estábamos preparados. Reaccionamos, apareció el line y el maul, empezamos a ganar el contacto y, de ese modo, pudimos dar vuelta el marcador y llevárnoslo”, afirmó Rodrigo Díaz de Vivar, una de las figuras de la noche del equipo que en 2026 llegó a una racha impresionante de 24 partidos sin perder, contando este cruce con Alumni (23 triunfos y un empate, el anterior al mano a mano con Alumni, 21-21 frente a CUBA).

Alumni dio pelea. Con sus armas, con su estilo. Empujado por un pack de delanteros de características parecidas a las del campeón: dinámico, luchador, audaz, inquieto. Que en esta oportunidad estuvo a la altura, redondeando uno de los mejores primeros tiempos del año, ante el rival más complejo. Hoy la desazón invade el ánimo de los jugadores de Tortuguitas, pero conviene mirar atrás para valorar lo logrado por este conjunto. Al concluir la primera rueda del torneo, parecía utópico que el equipo de Tortuguitas se clasificara para los play-offs. Se encontraba lejos del cuarto puesto y con varios competidores merodeando: Belgrano que subía, Los Tilos que no se rendía y Regatas que amenazaba. Pero Alumni venció. Que se hizo al andar. A prueba y error. Superándose. Animándose. Reinventándose, con cambios, con rotaciones y bajo la guía de un par de estandartes, fundamentales para enderezar el carro: Ignacio Cubilla, Juan Patricio Anderson, Juan Cruz Bottoni, y, cuando les tocaba entrar, Manuel Mora, Santiago Montagner o Santiago Neyra. El equipo mejoró, revivió, se entusiasmó y se ubicó en la cima del torneo. Con un rugby contundente, lleno de tries, se afianzó en la lucha por el título. Hasta que le tocó debatir con Newman, la noche de ayer. Ahí quedó sin argumentos y el Bordó volvió a vencer de forma contundente.

Ignacio Cubilla se destacó en el conjunto derrotado. Y con serenidad y prudencia expresó su opinión tras consumarse la eliminación: “Nos sentimos muy cómodos en el primer tiempo, y luego… bajamos un poco y la definición se dio por detalles”, afirmó con pesar.

Newman no desfiló. No caminó con elegancia ni garbo. Apeló a la personalidad, se arremangó la camisa y se lanzó a pelear para sacar adelante la llave. Aun así, mostró autoridad. Derrotó una vez más a Alumni, como se dijo, con un try que desató controversias. Lo cierto es que ahora solamente un triunfo lo separa del bicampeonato. Otro rival duro. Una nueva batalla: CASI o Hindú.

Resumen conciso de la clasificación de Newman

Balance de Newman 25-20 frente a Alumni

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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