ROSARIO.— Ingresó al inicio del complemento y, en la primera acción que tocó, firmó un try que desató el mayor estruendo de la tarde. Contar con Marcos Moneta jugando como local es un lujo que los rosarinos supieron aprovechar. El debut del seven en los Juegos Suramericanos se dio ante un estadio desbordante de público y con una selección argentina que respondió a ese afecto con una actuación a la altura de lo esperado. Una comunión que evidencia que los Pumas 7s dejaron de ser el hermano menor de la selección mayor y lograron, además de una identidad propia, también un público propio.
Por la estructura de la disciplina, disfrutarlos en el país es toda una rareza. Por ello no resulta sorprendente que las tribunas de la cancha sintética montada en el Hipódromo Independencia (el mismo escenario donde se disputó el Mundial Juvenil 2019, donde juega como local Capibaras en el Súper Rugby Américas y donde se aloja la Academia del Litoral) estén cubiertas en un 90%. La organización prometió más graderías para las jornadas de este sábado (cuando los Pumas 7s disputarán tres cotejos) y este domingo, día de la definición por la medalla dorada. El 50-0 sobre Paraguay en la apertura, seguido por el 87-0 nocturno frente a Perú, marcaron un inicio acorde con las expectativas, con varios lujos que deleitaron a la concurrencia.
Aunque podrían haber llegado a la pelea por el oro con una once de desarrollo, el entrenador Santiago Gómez Cora optó por traer a todas las figuras, Moneta incluido. Ocurre que es la primera vez en 11 años que la selección disputá un certamen oficial en Argentina. La última había sido el Sudamericano de Seven de 2015, también en Santa Fe, en el Club de Rugby Ateneo Inmaculada (CRAI) de la capital provincial. Claro que por entonces el seven no contaba con la popularidad que alcanzó hoy. Un magnetismo con el público que arrancó con la medalla de bronce obtenida en los Juegos Olímpicos Tokio 2020 y se potenció con los 10 trofeos del Circuito Mundial conseguidos desde entonces y la irrupción de figuras como el propio Moneta, Luciano González Rizzoni y Rodrigo Isgró (desde 2024 está en los Pumas).
Un equipo que, de la mano de Gómez Cora, quien asumió en 2013, se convirtió en una potencia de la disciplina y ha despertado una gran adhesión por parte del público argentino, que excede incluso al público propio del rugby. Sin embargo, las posibilidades de ver a sus nuevos ídolos cara a cara son casi nulas para los aficionados, ya que la última vez que se desarrolló una etapa del Circuito en el país fue en 2002, en Mar del Plata.
Compacto de Pumas 7s: 50-0 ante Paraguay
Esta es la razón principal, incluso por encima de los aspectos rugbísticos, por la que el entrenador decidió traer a Rosario un equipo competitivo. Los 12 integrantes que componen el plantel cuentan con experiencia en el Circuito Mundial y son la base para las próximas dos temporadas. “Siempre es muy especial jugar en la Argentina. Lo extrañamos y lo necesitamos mucho”, afirmó Gómez Cora para LA NACION. “Competimos siempre fuera del país. Nos provoca una nostalgia enorme saber que la gente se muere por ver en persona a los chicos. Una cosa es verlos por televisión; verlos desde la tribuna es mucho más hermoso. Venimos a competir, a cumplir con la parte laboral y lo que debemos hacer como equipo, pero lo más importante es venir a devolverle algo a la gente que nos alienta todo el año”.
Excepto por la ausencia de Lucho González, que se encuentra disputando Ultimate Sevens, una liga profesional privada europea, y la de Joaquín Pellandini (recuperándose de una lesión), están todos: Santiago Álvarez Fourcade (un jugador que no destaca por sí mismo pero que es emblema y pieza clave), Santiago Mare (el estratega), Matteo Graziano (con el recambio de 2025 se convirtió en desequilibrante) y Santiago Vera Feld (otro que aporta experiencia y equilibrio), la camada que emergió en gran forma este año con el líder local Pedro de Haro a la cabeza… y, por supuesto, Marcos Moneta, el ídolo de multitudes.
El Rayo Moneta es el más solicitado por los aficionados. No solo es el mejor del mundo en el seven; también posee un carisma y una espontaneidad que le confieren un atractivo especial, potenciado por su exhibición mediática en las redes sociales. Fue el más ovacionado, el más demandado por los fanáticos y el que concentró más cámaras alrededor cuando apareció en la zona mixta: “Es lo máximo. No solemos jugar aquí. Es hermoso que vengan los familiares, los amigos. La gente nos transmite su amor”, comentó. “Es el primer torneo del año y lo estamos disfrutando mucho, y más siendo aquí, en Rosario. No es menor jugar en Argentina; no nos ocurre con frecuencia”.
Otra mención especial merece De Haro, el único rosarino del plantel. De la camada de jugadores nuevos, que se sumaron al inicio de la temporada pasada tras una sensible sangría, fue quien más rápidamente se adaptó. Con 23 años, jugador de Atlético del Rosario, sorprendió desde el puesto de medio-scrum por su poder de desequilibrio y por lo bien que entendió el sistema de juego. “No puedo describir lo que estoy viviendo. Es una alegría inmensa”, declaró para LA NACION. “Jugar delante de mis familiares, de todos mis amigos, de todo el club… no lo puedo describir. Ya conozco el hipódromo, conozco todos los rincones, así que todo se siente muy familiar. A la vez, es raro estar en un hotel en Rosario”.
Cuando en uno de los primeros turnos jugaron las Yaguaretés, las plateas laterales ya estaban ocupadas en un 75% y la gran tribuna situada detrás de uno de los in-goals iba tomando color. La victoria por 46-0 frente a Perú resultó natural dadas las diferencias entre ambos equipos. Y luego llegó un 40-0 ante Chile. En el mejor año de su historia, que incluyó la participación en la etapa definitoria del Circuito Mundial, las argentinas no sintieron los nervios típicos de un debut en casa.
Compacto de Yaguaretés 40 ante Chile 0
“Es muy bonito jugar como locales. Jugar con familiares y amigos tan cerca es increíble”, comentó Cristal Escalante, una de las figuras. “No pasa muy seguido. Te da un empujón de ánimo adicional”.
El crecimiento de las Yaguaretés desde Asunción 2022 ha sido notable. Aquella vez se quedaron al margen de la lucha por el trofeo en la semifinal frente a Paraguay y luego, al perder ante Colombia, se quedaron sin medalla. Hoy el objetivo es la medalla dorada, con la ventaja de la ausencia de Brasil (no participó porque está clasificado para los Juegos Panamericanos) y el incentivo de ser locales para aumentar las expectativas. Además, está el objetivo de volver a los Panamericanos, con la mira en Lima 2027; el certamen otorga una única plaza. “Vinimos a ser campeonas”, afirmó Escalante.
Rumbo a Los Ángeles
Más allá de la cuestión afectiva, la selección masculina argentina, ya clasificada para Lima 2027, toma estos Suramericanos como el primer peldaño hacia los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Después de una temporada de transición con un recambio amplio que se sostuvo hasta terminar con un meritorio cuarto lugar, el equipo tiene como objetivo claro para el Circuito Mundial 2026/2027 terminar entre los cuatro primeros, como en las tres campañas anteriores, para asegurar la clasificación olímpica directa. Con la primera etapa a la vuelta de la esquina (el Seven de Dubái se disputará del 27 al 29 de noviembre) y una larga inactividad desde su última participación (Burdeos terminó el 7 de junio), los Pumas 7s buscarán en el hipódromo sumar millas para llegar en plena forma al estreno.
“El año pasado cometimos el error de ir a Dubái sin competición previa, porque creímos que la serie era muy larga, y este año jugamos aquí y jugaremos en Córdoba el Sudamericano de Seven, porque necesitamos competir”, admitió Gómez Cora. “No hemos disputado partidos en tres o cuatro meses, así que la prioridad es darle rodaje, probar algunas ideas de juego nuevas y no esperar a Dubái para empezar”. En la temporada 2025/2026 el equipo fue de menos a más y terminó siendo protagonista en las tres etapas finales, donde se decide todo. Esta vez llega con un plantel de jugadores mucho más experimentados y que tendrá, tanto aquí como en el Sudamericano de Córdoba, la posibilidad de llegar con una preparación inédita.
“El primer objetivo es ganar, pero nos hemos propuesto varios desafíos de juego, personales y grupales, más allá de lo que marquen los partidos”, explicó De Haro. “Que no ganemos por una individualidad o una genialidad de Moneta, sino que crezcamos como equipo y alcancemos ese nivel que nos permita llegar bien a la temporada y lograr la clasificación para los Juegos Olímpicos”.
Para eso aun faltan 665 días y unos 10.000 kilómetros. El primer paso tiene el apoyo de un público que se ganó por mérito propio.