En una semana marcada por las declaraciones de varios protagonistas, el arbitraje de Nicolás Ramírez no pasó inadvertido: tomó decisiones controvertidas, expulsó a dos defensas de River y mostró un criterio distinto ante acciones semejantes, a pesar de haber expulsado correctamente a Lucas Martínez Quarta a los 10 minutos del primer tiempo y a Gonzalo Montiel, el juez dejó pasar una segunda amonestación para el capitán de Boca, Leandro Paredes, mientras que una infracción severa de Lautaro Blanco fue castigada únicamente con una amarilla, pese a la similitud de esa entrada con la de Montiel.
Al árbitro del superclásico se le fue de las manos la conducción del partido. Su labor fue deficiente, ya que la primera decisión relevante empujó a otras determinaciones que luego carecieron de lógica. A los 7 minutos de iniciado el encuentro en la Bombonera, Ramírez ni siquiera detectó la falta cuando Martínez Quarta tackleó a Miguel Merentiel.
Rodolfo Arruabarrena, el entrenador de Boca, explotó desde el banco y los jugadores de River también se alarmaron cuando el árbitro no reanudó el juego y fue a la cabina cercana al césped, a raíz de la llamada de Silvio Trucco desde el VAR. En ese momento, Ramírez revisó las imágenes y confirmó que el zaguero de River se arrojó con los dos brazos y frenó al delantero cuando buscaba una habilitación de Santiago Ascacibar.
Los defensas de los costados no alcanzaron a Merentiel, que iba directo hacia el balón con el arquero Santiago Beltrán como único obstáculo entre él y la posibilidad de convertir. Tras la revisión, Ramírez señaló la falta del defensor visitante, que interrumpía una ocasión manifiesta de gol y, por ello, la sanción fue la expulsión. Los aficionados de Boca celebraron como si fuera un gol, mientras que los jugadores de River rodearon al árbitro, irritados por la decisión.
Para considerar que una jugada es una ocasión manifiesta de gol, el reglamento establece cuatro criterios: la distancia entre el lugar de la infracción y la portería, la dirección del juego, la probabilidad de mantener o recuperar el balón y la posición y cantidad de defensores y atacantes. Con esas referencias, el único aspecto discutible era la probabilidad de mantener o recuperar la pelota, ya que los otros tres respaldan la sanción impuesta por el VAR.
Después de la roja a Martínez Quarta, Ramírez fue perdiendo rápidamente el control del encuentro y la gran mayoría de jugadores lo enfrentaron de forma constante. Además, ante acciones muy similares su criterio de sanción no era siempre el mismo, incluso en jugadas de menor relevancia. Esa falta de uniformidad crispó aún más a los protagonistas.
Antes de que terminara la primera mitad, en un incidente entre varios jugadores, Leandro Paredes fue amonestado tras un choque con Marcos Acuña, quien también recibió una tarjeta amarilla. El capitán de Boca, que sería reemplazado en los minutos finales de la segunda parte, le propinó una infracción clara a Galván, que lo había limitado en la mitad de la cancha. El 5 del Xeneize, que al barrer engancharía al mediocampista visitante, debería haber visto la segunda amarilla y, por tanto, ser expulsionado.
Antes de aquella situación polémica, River reclamó otra jugada: Lautaro Blanco, en campo rival, fue a disputar la pelota con vehemencia, llegó tarde y su entrada —con los tapones— fue sobre el tobillo y parte del botín de Andrada, que quedó tendido en el suelo. Ramírez pitó la falta y amonestó al lateral izquierdo local, quien después recibió una fuerte patada de Gonzalo Montiel, a los 33 minutos del segundo tiempo.
Esa infracción del lateral campeón del mundo fue castigada con la tarjeta roja por parte de Ramírez, quien terminó rodeado por los jugadores de River, que le reprochaban que, ante la similitud de la patada de Blanco sobre Andrada, no hubiera aplicado el mismo criterio. En ese sentido, el error fue que el árbitro podría haber expulsado al defensa azul y oro, pero la decisión de expulsar a Montiel fue correcta.
Las tarjetas amarillas que mostró desde la primera parte el juez tampoco obedecieron a un criterio uniforme. En total, Boca terminó el encuentro con siete amonestados (Di Lollo, Facundo Herrera, Paredes, Blanco, Alan Velasco, Enner Valencia y Ayrton Costa), mientras que River vio amarillas a Acuña y a Rafael Santos Borré (este último desde el banco, por protestar).
En las áreas no hubo situaciones extremas, pero River pidió penalización durante el segundo tiempo, tras un centro en el que Nicolás Otamendi fue a buscar el balón mientras era marcado por Lautaro Di Lollo: el defensor campeón del mundo aseguró haber sido sujetado por el autor del gol del encuentro, aunque al inicio de la carrera ya sostenía a su marcador. Esa acción, propia del juego, no ameritaba ser sancionada como falta.
Así, Ramírez dejó un superclásico que le quedó grande, ya que el VAR debió advertirle la primera expulsión y no obtuvo un criterio equitativo, y el temperamento de los futbolistas terminó desbordándolo.