Sint-Truiden, club belga que abre la puerta al fútbol japonés en Europa y disputará la Conference League

4 septiembre, 2026

La selección japonesa volvió a sufrir un tropiezo en un escalón menor del que esperaba durante el reciente Mundial. Tras dominar el choque ante Brasil y tomar la delantera, un tanto de Gabriel Martinelli en el quinto minuto de descuento dejó a los nipones eliminados en los octavos de final, provocando de nuevo la sensación de que los futbolistas del archipiélago del Extremo Oriente les sigue faltando ese toque de madurez y experiencia suficientes para sostener y consolidar los resultados a su favor.

Pero con la perseverancia y la organización que les caracteriza, los japoneses no cederán en su objetivo: estructurar y conquistar una Copa del Mundo en las dos próximas décadas. Y como paso previo, fortalecen, sin prisa ni pausa, una experiencia sin precedentes: la de desarrollar en Europa una especie de Casa Japonesa, un lugar que sirva de puente para los futbolistas del país antes de dar el salto a clubes de élite y llegar a la selección. En otras palabras, buscan ese plus intangible que parece faltarles en momentos decisivos, sobre todo frente a rivales que les exigen un respeto desproporcionado.

La entidad elegida fue Sint-Truiden STVV, un club belga modesto de la ciudad homónima en la provincia de Limburgo, con poco más de 41.000 habitantes, cercana a la frontera con los Países Bajos. Fundado en 1924, Los Canarios —así los apodan por el tono amarillo de su camiseta— no figuran entre los grandes logros del fútbol belga.

Nunca ha ganado la Liga, ha conocido varios ascensos y descensos a lo largo de su historia y apenas cuenta con un subcampeonato en la campaña 1965-66 y dos finales de la Copa doméstica, ambas perdidas, en 1971 y 2003. No obstante, el año anterior exhibió una evolución: terminó tercero, lo que le abre la posibilidad de disputar por primera vez la fase de liga de la Conference League, la tercera competición del fútbol europeo.

“En su día buscamos exactamente esto: un club de nivel medio para que nuestros jugadores se vayan acoplando al entorno y al estilo de juego europeo”, explicó Takayuki Tateishi, exdirector general del FC Tokyo y manager general del Sint-Truiden, a The Athletic en marzo pasado. El empeño de Tateishi logró convencer en su momento al multimillonario Keishi Kameyama, dueño del grupo DMM, gigante del comercio electrónico y de contenidos digitales, para realizar una inversión con mucha visión de futuro y cierto espíritu patriótico.

La idea empezó a dar frutos con relativa rapidez. En 2018, poco después de garantizar la totalidad de las acciones de la entidad, los tres primeros refuerzos fueron Takehiro Tomiyasu, Wataru Endo y Daichi Kamada. Tomiyasu sería traspasado al Bologna por 7 millones de euros un año y medio después; en 2021 el Arsenal inglés lo fichó por 18,6 millones; estuvo en Ajax la temporada pasada y acaba de firmar con el Crystal Palace, donde compartirá vestuario con Kamada, quien arribó en 2024 tras pasar por Eintracht Frankfurt y Lazio. Endo, por su parte, brilló en el Stuttgart durante cinco temporadas de la Bundesliga antes de sumarse a las filas del Liverpool. Los tres han sido los mejores ejemplos para demostrar que el proyecto no era ninguna locura y para multiplicar el interés de las entidades europeas por la disciplina y la cultura del esfuerzo que representan los futbolistas japoneses.

“Cuando empezamos solo había tres jugadores japoneses en Bélgica. Ahora hay 25 entre primera y segunda división, y 150 en toda Europa”, dice con orgullo Tateishi, cuya idea inicial de contar con unos siete compatriotas en su club empieza a verse superada. El manager general de la institución afirma que también quieren desarrollar a jugadores locales “para competir al máximo nivel”, pero la realidad del actual plantel enseña la presencia de ocho nipones (había nueve, pero a uno le dieron el pase libre), tres de ellos recién llegados. Muchos, si se tiene en cuenta que al mismo tiempo hay diez belgas.

El hecho de que entre los 26 futbolistas que el técnico Hajime Moriyasu llevó al último Mundial hubiese siete que en algún momento de su trayectoria hicieron escala en la casa de Los Canarios no hizo más que darle la razón al proyecto. Además de los ya mencionados, el arquero Zion Suzuki -que se hizo célebre por ser de raza negra-, el veterano defensor Shogo Taniguchi, el extremo Keito Nakamura -autor del primer gol ante Países Bajos en el debut-, y el juvenil Keisuke Goto, flamante fichaje del Friburgo alemán, tienen pasado en el STVV.

La decepcionante actuación de Japón en la Copa del Mundo 2002 en la que fue local (lo eliminó Turquía en octavos de final) empujó a Tateishi, un jugador de corta carrera en clubes menores de su país, a imaginar fórmulas para incrementar el roce internacional de los futbolistas nipones y, de esa manera, aumentar las chances de mejoría en sucesivas ediciones. Según su mirada, la clave era exportar la mayor cantidad de talento a Europa en etapas tempranas. En principio probó hacerlo a través de la reducción de sus valores de venta, pero como de esa manera no percibió progresos llamativos decidió dar el paso siguiente: crear directamente un club japonés en lo que es el epicentro del fútbol mundial. Lo consiguió en 2017.

La experiencia, observada con entusiasmo por otros países asiáticos, tomó aún más impulso en julio de 2025, cuando la entidad belga anunció que el holding Japanet, propietario del V-Varen Nagasaki, club de la Primera División nipona, y operador de BS10, una estación de televisión por satélite, había comprado el 19,9 % de las acciones de la institución.

Japanet no es una empresa recién llegada al mundo del deporte, y su compromiso parece fuera de dudas. Desde que tomó las riendas del Nagasaki en 2017, la ciudad que en 1945 sufrió el ataque con bombas nucleares estadounidenses asiste a una nueva era de su equipo insignia. En 2024 se inauguró el Peace Stadium, que cuenta en su interior con un hotel cuyas habitaciones brindan visión directa del campo de juego, más un centro deportivo y otro comercial y de entretenimientos a su alrededor. “En lugar de empezar desde cero, vimos el valor de unirnos a un club que ya contaba con una base sólida. Junto con STVV y DMM reforzaremos nuestras iniciativas futbolísticas transfronterizas”, señaló Akihito Takata, director ejecutivo de la empresa, al explicar el porqué de la alianza.

El Nagasaki se sumó de esta manera como actor privilegiado de un pool de clubes de Primera y Segunda división japoneses -Avispa Fukuoka, FC Tokyo, Fagiano Okayama, Consadole Sapporo y Oita Trinita- que en cierto modo ya trabajaban en sociedad con la entidad belga. “Es como si fuese un modelo de propiedad de varias entidades”, remarca Tateishi.

La clasificación para disputar la fase principal de Conference League es, desde ya, un enorme salto de calidad para la institución de Limburgo, que hasta ahora solo se había asomado a Europa para jugar la desaparecida Copa Intertoto en 1999 y 2003, cuando cayó en tercera y segunda ronda, respectivamente. Ahora, las expectativas son otras. También para los responsables de la federación nipona. Sint-Truiden ha demostrado ser el sitio perfecto para que los futuros jugadores de la selección de Japón hagan base para adaptarse y crecer antes de expandirse por el continente. Y quizás, al mismo tiempo, para terminar de adquirir ese plus de madurez y oficio que necesitan para no seguir acumulando decepciones en los próximos Mundiales.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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