LONDRES, enviado especial. En menos de un día, Wimbledon presentó a Tomás Etcheverry dos sensaciones contrastantes. El martes quedó eliminado del cuadro individual tras un choque muy parejo frente al italiano Lorenzo Sonego, que se impuso por 6-4, 6-4, 6-7 (2) y 7-6 (4). El argentino consiguió alargar la confrontación, llevó el cuarto set a un desempate y estuvo a punto de virar el desarrollo de una tarde complicada, pero se topó de nuevo con una superficie que le resulta todavía incómoda.
Este miércoles, estuvo cerca de avanzar en el dobles masculino junto a su compatriota Mariano Kestelboim, aunque cayeron ante una dupla de especialistas, el estadounidense Christian Harrison y el británico Neal Skupski, por 7-6 (3), 3-6 y 6-4. La derrota, no obstante, le permitió sumar más horas en una superficie que intenta dominar. De hecho, llegó mucho antes que otros argentinos a Londres para prepararse. Tras su paso por Wimbledon 2026, el platense habló con franqueza y claridad sobre el césped, la adaptación de los argentinos y la necesidad de cambiar el enfoque.
– ¿Qué tiene de particular el pasto para los jugadores argentinos?
– Es una pista distinta, desde mi punto de vista. Premia al que se atreve con audacia, y eso es algo que voy entendiendo. Es una superficie en la que, si sirves con precisión y devuelves bien, siempre tendrás oportunidades. Se pueden definir puntos en el tie-break por detalles, pero si manejas esos dos golpes, tienes chances de pelear y de rendir a buen nivel.
– ¿El problema es técnico, físico o mental?
– Hay que perder el miedo. A la movilidad hay que enfrentarse. Muchos, nosotros entre ellos, tememos caernos. En mi primer partido de este año me llevé varios golpes. En un momento pensé: “Me voy a terminar lesionando”. Hay que dejar de ver la hierba como un obstáculo. Es más riesgosa, sí, pero si se quiere ganar hay que lanzarse de cabeza.
– ¿Ese cambio de mentalidad cuesta más para quienes crecieron en polvo de ladrillo?
– Sí. Somos jugadores habituados a generar ráfagas largas, a sostener rallies. Hemos aprendido otro tipo de tenis, ya sea por haber crecido en arcilla, y esta superficie es justamente lo opuesto. Hay que despojarse de ese chip. Creo que es una pista a la que hay que aprender a jugar sin depender tanto del feeling, sino con acción constante, proponiendo y atreverse a hacerlo.
Hay que perderle el miedo a la movilidad en el pasto. Muchos le tememos a caernos. En mi primer partido del año recibí varios golpes. En una ocasión pensé: “Me voy a terminar fracturando”. Hay que sacar esa idea de la cabeza”
– Técnicamente, ¿cuál es la mayor diferencia entre el césped y las otras superficies?
– El manejo del desplazamiento es lo crucial. Para mí, la movilidad es fundamental. Un golpe limpio puede dejarte expuesto, y aunque quieras sostener choques, si llega un cambio bien ejecutado es difícil volver a la situación anterior. Contar con un saque inicial sólido, el primer saque, es esencial y te da tranquilidad, especialmente en esta superficie.
– ¿Qué es lo que estás trabajando especialmente para adaptarte mejor?
– En lo personal, estoy focalizándome en moverme con pasos cortos y ganar confianza hasta deslizarme. Algunos ya lo hacen y yo me animé a intentarlo también. Hay aspectos positivos. Si ya deslizás, ganás tranquilidad. Es como deslizarse sobre polvo. Y hay que arriesgarse a buscar la victoria.
– El balance en césped aún no te acompaña. ¿Cómo lo tomas?
– Por ahora, la actuación es 0-9, realmente complicada. Es un verdadero desastre. Habrá que entender qué sucedió. Llevo dos años apostando fuerte y aún me cuesta. El año pasado hice toda la gira, llegué a cuartos en Halle y luego no me fue bien. Este año también llegué una semana antes, tras Roland Garros, para entrenar en Londres y prepararme aquí; y tampoco resultó. Entonces hay que dejarlo así y seguir intentando, porque es una superficie que quiero dominar en el futuro.
– ¿El césped sigue pareciendo una superficie más natural para los británicos?
– Uno podría pensar que nacieron aquí, pero al entrenar con ellos me dicen que no juegan en hierba habitualmente. Tocan la hierba solamente cuando llega el verano, tras la arcilla. No es que desde chicos jueguen en pasto. Están en la misma situación que nosotros.
– Entonces, ¿se trata de tiempo y de acumular partidos?
– Sí, es cuestión de tiempo. Cuanto más juguemos, mejor iremos aprendiendo. Pero hay que perder el miedo. Es una superficie que todavía nos cuesta, pero a la larga se puede. Como se ve en la examples de brasileños e italianos, que cuentan con menos infraestructura en sus países y ya lo logran. ¿Por qué nosotros no?
Muchos piensan que los británicos juegan siempre en césped, pero lo tocan recién en verano, tras la arcilla. No es que cuando son chicos ya juegan en pasto”
– ¿Se puede aprender de argentinos para rendir mejor en Wimbledon?
– Sí. En el caso de Fran (Cerúndolo), ya tiene dos títulos en pasto y se ve que se adapta mucho mejor a la superficie que otros argentinos. Después, hay que aprender de quienes ya lograron resultados: Peque avanzó varias veces a las etapas finales; Guido (Pella) llegó a cuartos; Leo (Mayer) también mostró un rendimiento sólido. Ellos ya lo tomaron como algo natural. Habrá que ver, en los años que quedan, de qué modo podemos crecer en esta superficie.
– ¿Qué enseñanza principal te deja esta experiencia?
– Que hay que atreverse. No basta con querer jugar igual que en otras superficies. Hay que proponer más, devolver con criterio, moverse mejor y perder el miedo a caerse. Si se quiere triunfar en pasto, hay que lanzarse sin reservas.