Argentinos Juniors se llevó un desafío que parece prometer más que tres puntos. Esta vez no fue tanto por la dureza que pudiera mostrar un Banfield irregular, sino por lo que costó al conjunto de La Paternal abrir el marcador en el Florencio Sola. No por una avalancha de opciones desperdiciadas, sino por la falta de profundidad para crearlas. Hasta que Matías Giménez Rojas, poco después de ingresar, aportó el toque individual que le faltaba al colectivo y dibujó un verdadero golazo que selló el 1-0.
Era imprescindible ganar, por su posición en la Zona B y la aspiración de igualar a Boca en la cima de la Tabla Anual. Quizás por eso fue poco frecuente verlo tan desesperado a su entrenador, Nicolás Diez, como durante la tarde del sábado en el sur del conurbano bonaerense. Hasta el instante en que vio el balón besar la red de Diego Rodríguez, un arquero no tan ajeno al gusto de la casa. Se conoce el temperamento del técnico y la escuela que lo identifica, exactamente una que no entiende de vivir el partido con nervios a flor de piel. Todo queda a la vista.
Incluso le había reprochado a su arquero, el chileno Brayan Cortés, un despeje por encima de la línea en vez de jugarla con claridad. Buscaba paciencia y, sobre todo, la tranquilidad que le faltaba. De hecho, el disgusto que mostró con el rendimiento de su centrodelantero Tomás Molina no es habitual. Si bien es cierto que desaprovechó una chance insólita a un metro del arco, volviendo a confirmar la racha adversa que arrastra desde la cuarta fecha, el enojo del DT tuvo su raíz en el funcionamiento del equipo.
No le dio demasiado tiempo en la segunda mitad. A los 12 minutos ordenó su salida, provocando la ira del delantero, que abandonó el campo entre insultos, lejano de la entrada de su reemplazo y descargando su furia con una patada al avanzar hacia el banco. Sin embargo, con la rápida apuesta de Giménez, Diez había acertado. Apenas ocho minutos después el desarrollo se lo haría saber.
El Bicho se compactó en la mitad de la cancha, le quitó la pelota a Lautaro Gómez e hilvanó toques simples hasta identificar la libertad del sanjuanino en tres cuartos de campo rival. Desde allí inició su decisión de encarar hacia el gol. Su aceleración fue más veloz que el intento del volante Santiago Esquivel por cortarlo y su posterior sutil toque le permitió sortear al lateral derecho Juan Alfaro con un caño que lo ingresó al área.
A la creatividad le dio una definición impiadosa. Porque el lujo le permitió rematar con su pierna hábil, la zurda, con la que no le dio tiempo a su excompañero para achicar y negarle la oportunidad. Lo fusiló sin pensar e infló la parte superior de la red. Golazo para un triunfo que Argentinos pudo haber ampliado por otras ocasiones, pero no logró volver a vencer al Ruso. El candado en su arco ya estaba, porque el orden no lo perdió nunca y Banfield lo hizo sufrir poco y nada.
Asimismo, un gol con un sabor especial. En octubre del año anterior debió ser operado por la ruptura del ligamento cruzado anterior de su pierna derecha. Lo sufrió, justamente, en un encuentro correspondiente a aquel torneo Clausura frente al Taladro, aunque en el estadio Diego Armando Maradona.
El compacto de Banfield 0 vs. Argentinos 1
En Banfield se autorizó la asistencia del público visitante y, en efecto, la gente de La Paternal pudo celebrar un triunfo importante desde la tribuna. Y unas horas más tarde, el sábado quedó redondeado con los puntos que dejó en el camino Independiente Rivadavia (empataron con Tigre) para que el Bicho goce del doble liderazgo, de la Zona B con 25 unidades y de la anual junto a Boca, con 54.