Este Belgrano es de otra talla. Más combativo, dominante, resuelto. Firme en el contacto, desestabilizador con la pelota. Qué puede ganar y qué puede perder, como ocurre en un torneo sumamente parejo, pero ya no se entrega sin pelear. Habrá que batallar sin descanso para doblegarlo. Es un Belgrano que respira otro aire, que vive y late, y que dejará la piel en busca de uno de los cuatro cupos a las semifinales. Los simpatizantes, que también disputaron su propio partido, celebran la victoria con el grito de “para ser campeón hoy hay que ganar”. Y lo hicieron.
Ramón Duggan, uno de los protagonistas de la jornada, deja un instante la celebración y comenta el buen momento del equipo, tras un arranque con cinco derrotas consecutivas (SIC, Newman, Alumni, Champagnat e Hindú): “Este equipo merece cosas grandes.” Estamos construyendo después de un inicio adverso y aún queda mucho por delante. El campeonato es largo. Hoy no somos los mejores por haber vencido al CASI, y tampoco éramos los peores por perder al comienzo.” Theo Blaksley, otro jugador de alto rendimiento en la jornada del sábado, se expresa en la misma línea que el forward: “Lo decía cuando los resultados no acompañaban, hubo momentos de los encuentros en los que fuimos protagonistas. Con la pelota en la mano siempre tomamos la iniciativa.”
La respuesta que originó el cambio, y que transformó derrotas en victorias, tiene un sustento tanto anímico como técnico. Duggan es claro: “Hubo un cambio de actitud, creo.” Sobrevocabamos algunos asaltos y ahora trabajamos con más entrega. Y no estamos fuera de juego, ¿eh? A los que nos dan por muertos, dicen; y este equipo hoy levanta la mano y está más presente que nunca, enfatiza. Blaksley añade mejoras técnicas al análisis: “Logramos corregir cosas importantes, como la salida y la recepción, la cantidad de penales… Nos la creemos un poco más. Al principio nos faltaba eso también. Y, por supuesto, aumentó significativamente la posesión de balón, y con ella somos protagonistas”, asegura.
Belgrano y el CASI protagonizaron un duelo de alto voltaje. Intenso, emotivo y con juego en ocasiones bien ejecutado, con tries para recordar y destrezas individuales para enmarcar, como la acción de Pedro Arana, adelantándose por la banda derecha, y ejecutando un pase corto para evitar un placaje, recoger la pelota y apoyar en el ingoal. O la habilidad de Jerónimo Solveyra para dejar una pelota a centímetros de la bandera y, tras cartón, sacar provecho de un line y un maul para anotar cinco puntos al inicio. Intercambiaron envíos fuertes. Try por try, penal por penal. Sin grandes diferencias aparentes. Hasta que las indisciplinas del equipo visitante definieron el desenlace en la segunda mitad. Como consecuencia de la reiteración de infracciones, el visitante perdió dos hombres en pocos minutos, quedando 15 contra 13, y el local no perdonó.
Lo mejor de un partidazo
A la mitad de la hora, con Belgrano arriba 40-30, el equipo visitante consiguió recomponer a los sancionados y, con coraje, apretó las tuercas al contrario. Buscó la hazaña y la tuvo a tiro. A dos minutos del final, un maul liderado por Eugenio Sartori (que reemplazó al capitán Salvador Ochoa) redujo la diferencia a tres puntos, y en la última jugada, un fallo en la entrega cortó la ilusión de empatar.
Se impuso Belgrano y dejó claro que no está obligado a rendirse. CASI cayó y sigue entre los cuatro de arriba. Ahora, la Academia debe pasar página y pensar en el siguiente choque: ante el SIC, en la Catedral. “Ese partido es especial. Y el contexto no cambia eso”, señaló Juan Akemeier.