Mientras el viento agitaba la escena y las gotas de lluvia se iban desvaneciendo, el drama se apoderó del encuentro; con dos jugadores menos y a un minuto de closing, Hindú adelantó con un penal desde la mitad de la cancha, pero el campeón tuvo la última palabra en un desenlace cargado de tensión: el local perdió la salida, cometió un penal por matar el juego y Gonzalo Scooby Gutiérrez Taboada estampó el 26-25 a favor de Newman, que le arrebató el invicto a Hindú en la séptima fecha del URBA Top 14.
Newman sacó la chapa de campeón en Don Torcuato. Aun cuando fue superado en varios pasajes, no bajó la guardia. Hizo frente a los embates de Hindú, que lo atacó con todo. Se mantuvo firme y, cuando logró salir de ese asedio, se atrevió a jugar con confianza en la distribución y dejó ver momentos de lucidez. “Dejamos de estar en urgencia y empezamos a jugar. Sabíamos que íbamos a tener más la pelota por el viento y naturalmente nos iban a patear más. Encontramos la fluidez del juego y levantamos un partido en esta cancha que es una locura”, analizó Gutiérrez Taboada, algo errático en el manejo con el pie en una tarde fría y ventosa.
Típicamente un equipo sólido en las fases de bases, Newman sufrió con las formaciones fijas: en un duelo en el que no estuvo disponible Bautista Bosch, recibió tres penales y un free-kick en contra en el scrum. Con la salida de Paul Cardinal por un golpe en la cabeza en la primera mitad, no mantuvo su eficacia habitual en el line y perdió tres lanzamientos propios. Sin balones de calidad y cercado en su propio campo, indisciplinado, fue ampliamente superado por un elefante que mostró signos de sus mejores tiempos: un rugby intenso, con carreras contundentes y un medio scrum como Felipe Ezcurra que imprimió un ritmo frenético. Si bien Newman arrancó con ventaja por el try de Beltrán Salese, el local respondió con las conquistas de Fermín Ormaechea, Lisandro Rodríguez y Agustín Capurro, para el 19-10 parcial.
Las tarjetas amarillas que repartió Simón Larrubia resultaron determinantes para entender las fases del encuentro. En total fueron ocho jugadores sancionados, cuatro por cada bando. A los 14′ del segundo tiempo, en Newman ya habían sido amonestados Miguel Prince, Teófilo Garay, James Wright y Bautista Bonasso, pero hubo una acción que marcó un quiebre; el visitante perdía 22-10 y quedaba acorralado en su ingoal con un scrum en contra. La entrada del experimentado Luciano Borio y los cambios en los pilares de Hindú reorientaron el scrum, y el Bordó se llevó un penal favorable. Además, Agustín Capurro le dio una palmada en la cara a un adversario y recibió una amarilla.
El símbolo de la resistencia del Cardenal fue Rodrigo Díaz de Vivar, el capitán ante la ausencia de Alejandro Urtubey. Cuando su equipo estaba superado, recuperó tres pelotas en los rucks para frenar el vendaval local. “No fue el mejor partido desde el juego, pero actitudinalmente nos impusimos en el segundo tiempo”, reconoció la figura de la cancha.
Hindú recibió varios golpes que diezmaron a su línea de backs. Federico Graglia, su jugador más desequilibrante, recibió una tarjeta azul por un golpe en la cabeza. Beltrán Álvarez dejó la cancha por dolor y Lucas Fernández Miranda tuvo que ingresar como wing por una molestia de Tomás Amher. Cuando Newman se lanzó a la etapa final para buscar el triunfo, encontró espacios moviendo la pelota a lo ancho de la cancha. Justo Ortiz Basualdo definió pegado a la bandera al igual que Franco Longinotti, el potente wing que selló una gran secuencia colectiva.
Hindú quedó prisionero de su ansiedad por recuperar la pelota. Lautaro Bávaro y Ramiro Herrera fueron amonestados; Newman pasó al frente a cuatro minutos del final gracias a un penal de Gutiérrez Taboada, aunque el local respondió a un minuto del cierre con un tiro de larga distancia del marplatense Lisandro Rodríguez. Pero el campeón, que no bajó los brazos durante 79 minutos, no iba a rendirse: con un salto magistral, Díaz de Vivar capturó la última salida y Fermín Ormaechea cometió el penal por matar el juego. El diez se autoincriminó con el gesto posterior.
“Es la situación del pateador: héroe o villano. Siempre lo digo. A veces toca fallar y otras meter. Igual es un triunfo que se gestó a lo largo de todo el partido y que merecíamos”, puntualizó Gutiérrez Taboda, que con su extensa trayectoria en el rugby de Buenos Aires conoce de sobra los sinsabores de esa función. Un triunfo para consolidar a Newman entre los cuatro mejores, que en siete fechas están bien marcados. Hindú perdió el invicto, pero volvió a estar a la altura de los protagonistas y puede permitirse ilusionarse.