Cerúndolo no supo dominar sus demonios y cayó ante Svajda, eliminado de Roland Garros

13 junio, 2026

En París, durante el Roland Garros, cada vez que la grada celebraba un punto o guardaba silencio, emergía una queja en español sobre el cotejo. El protagonista era Francisco Cerúndolo, quien protagonizó un duelo tremendo que terminó por convertir su temperamento en una piedra en el camino. El argentino, 26.º del mundo, quedó eliminado ante el estadounidense Zachary Svajda, ubicado en el puesto 85 del ranking, un rival que apenas había disputado diez partidos en el cuadro principal este año y que debutaba por primera vez en la segunda semana de un Grand Slam. El marcador fue 6-3, 6-4, 3-6, 4-6 y 6-3, en un choque en el que Cerúndolo no tuvo sosiego ni lucidez de principio a fin.

Entre ambos tenistas existían dos antecedentes enfrentamientos: Cerúndolo se impuso en el US Open de 2023 y Svajda se llevó la victoria en Winston-Salem de 2024. El muchacho de ascendencia estadounidense no tenía la arcilla como superficie favorecida. De hecho, previo al Roland Garros, su balance en la pista de tierra era de 2-6 en Challengers y 1-2 en cuadros principales de torneos de la ATP.

“Sos horrible, boludo”, resonó en la cancha 14. Cerúndolo parecía desorientado y fuera de sí. Svajda aprovechó para quebrar el saque del argentino y colocarse 2-1 arriba en el tercer set, abriendo la posibilidad de encaminar el triunfo. En ese instante, el entrenador de Cerúndolo, Pablo Cuevas, dejó la pista, acatando lo que su pupilo había pedido minutos antes: que se retirara del terreno. El episodio tenía un marco entre lo absurdo y lo dramático y traía un antecedente: en febrero de 2025, durante el Río Open, la decisión de irse también había quedado en manos de su entrenador. “Pablo me dijo que luche, le respondí que no podía; no le habrá gustado y se fue”, relató Cerúndolo entonces.

Esta vez, fue el propio jugador quien pidió que se fuera, desorientado y acorralado por la situación. Una vez que Cuevas abandonó la cancha, Cerúndolo pareció liberarse y vislumbró una luz para salir del atolladero. Reencontró su nivel y remontó, ganando dos sets con destellos de su jerarquía y forzando un quinto capítulo decisivo.

Parecía haber tomado el control de la situación; sin embargo, todo se desmoronó apenas inició ese set final. Sin Cuevas, sólo contaba con el apoyo técnico y anímico de su preparador físico, Esteban García, y de su madre, María Luz (su otro entrenador, Nicolás Pastor, no viajó a París y sigue siendo una incógnita si continuará acompañándolo). “No me mientan más”, “convénzanme”, “hoy no voy a ganar” formaron parte de la letanía de furia que Cerúndolo dirigía hacia esas dos personas. El desenlace quedó sellado en el marcador: le quebraron el primer saque, él respondió con un drop perfecto para recuperar la delantera, pero volvió a ceder su servicio en la siguiente. A partir de ahí, todo pareció resignación y sufrimiento.

Habrá que analizar las posibles repercusiones de esta derrota. Es evidente que los problemas de temperamento persisten y este nuevo choque con la cabeza de su equipo podría ser determinante para su futuro inmediato.

Svajda, con 23 años, elevó la vista al cielo, en un gesto de homenaje a su padre, fallecido en octubre pasado a causa de un cáncer. Al alcanzar los octavos de final, Svajda logró la mejor clasificación de su carrera (sube 26 posiciones, hasta situarse en el puesto 59 del ranking en vivo) y le tocó medirse con el cabeza de serie número 10, el italiano Flavio Cobolli, quien eliminó a Learner Tien por 6-2, 6-2 y 6-3.

Todo un batacazo en la capital francesa que se comenta en voz alta en estas horas en París.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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