La noche en Victoria estuvo rodeada de un frío intenso y la presión de la afición de Tigre, que esperaba celebrar un triunfo que les asegurara seguir adelante ante Alianza Atlético de Perú, en la última jornada de la Copa Sudamericana. Paralelamente, era crucial recibir noticias alentadoras desde Colombia, donde América de Cali no podía imponerse. Todo estaba a su favor. El conjunto logró vencer 2-0 gracias a los tantos de Jabes Saralegui y , mientras que los colombianos se quedaron con un empate sin goles. Así, el equipo logró asegurar la segunda plaza para continuar peleando: se enfrentará a Nacional, de Uruguay, en los playoffs.
La noche no inició de la mejor manera. A los cinco minutos, el médico debió atender al Diego Dabove y hacer un gesto para indicar el cambio de Martín Garay, quien, al ir a buscar una pelota en lo alto, recibió un cabezazo involuntario pero contundente de Mariano Barreda en la nariz. La cantidad de sangre obligó a cubrir la herida y a trasladarlo al vestuario para recibir atención, con Valentín Moreno ingresando en su lugar.
Antes del descanso para rehidratarse ya se escuchaba el conocido grito: “Movete… y dejá de joder”. Otra mala noticia, podría decirse. Porque en un contexto así lo que más necesita un equipo es la serenidad para encontrar el gol, pero la presión externa alimentaba la ansiedad y el equipo no mostraba profundidad. Además, pesaba la racha: una victoria en los últimos 16 compromisos, desde fines de febrero.
Por ello, en ese momento habitual de las indicaciones, Dabove insistió en evitar “entrar en el desorden” provocado por la exigencia. No obstante, en la primera mitad el local no remató a portería. Y aunque no se desbordó, en los últimos diez minutos perdió la posesión.
El conjunto peruano empezó a mostrarse más criterioso. Incluso tuvo una opción tras un centro que desvió levemente el delantero argentino Franco Coronel y que encontró la reacción de Felipe Zenobio. Como consecuencia, al final de la primera mitad se escucharon abucheos desde las tribunas.
De todos modos, a pesar de la presión por ganar, necesitaban exactamente eso: 15 minutos de calma en el vestuario y contagiarse de serenidad y motivación entre ellos. Además, ver la pantalla y comprobar que el otro resultado seguía favorable les dio un nuevo impulso al reingresar. Porque a los dos minutos de la segunda mitad, cuando la gente aún se acomodaba, Tigre presionó alto, Ignacio Russo conectó un rebote rápido y Saralegui sacó un remate bajo, cruzado y de media distancia que terminó entrando tras un leve desvío del defensa argentino José Villegas. Explosión de júbilo.
Con ello se desató una claro propósito de soltura. Mostró su faceta peligrosa, primero con un desborde notable de Moreno y la definición de , atajado por el guardameta Daniel Prieto. Después, un tiro libre de Federico Álvarez rozó un poste, tan letal como el que había ejecutado en la etapa inicial.
Aunque lo que más destacó fue la inteligencia. Se apartó del arco rival para ocupar espacios y evitar volver a perder la posesión como antes. Llenó de amonestaciones al visitante y fue eligiendo sus momentos para ir a buscar. El resultado ya lo tenía, y el que había en Cali también, con un 0-0 que se mantenía intacto.
Recién pasados los 25 minutos tuvo otra ocasión de peligro con un tiro libre del ingresado Gonzalo Martínez. Sin embargo, la calma llegó a los 31: Pity ejecutó un tiro de esquina bajo, Joaquín Mosqueira —también ingresante— la cabeceó y Barrionuevo la empujó al fondo del arco. Misión cumplida: a pensar en Macará.
Lo mejor de Tigre 2 vs. Alianza Atlético 0
Ya sin nervios, se dispuso a sellar el resultado y a revisar sus celulares, tanto los jugadores como los hinchas. El conjunto ecuatoriano sostuvo el empate y en Victoria resonaron los vítores: tal como ante América de Cali, empato en Colombia y triunfó en Victoria (2-0), quedando por delante pese a los nueve puntos en juego compartidos.
No hubo un festejo desmedido, pero sí reconocimiento por lo logrado. Tigre deberá mostrar una mejor versión a tiempo: en el semestre dejó entrever una personalidad intratable y, sin embargo, terminó apagándose, aunque con un consuelo siempre bienvenido.