Boca casi pierde, empata en el último momento y avanza a penales: alivio para un equipo aún endeudado

2 agosto, 2026

Boca no gana para sustos. Tan solo cuatro días después de la caída 0-3 ante Deportivo Riestra en su estreno en el Torneo Clausura, volvió a sufrir en demasía: no fue capaz de sostener la ventaja en Chile, cayó 1-0 en el tiempo reglamentario frente a O’Higgins y solo en la definición por penales (4-3) selló su pase a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Álvaro Montero, el arquero que había quedado señalado tras la derrota ante el Guapo, detuvo un remate en la tanda y Lautaro Blanco convirtió el gol decisivo que dio la clasificación al Xeneize, que deberá mejorar mucho si quiere mantener la ilusión de ser campeón. En octavos lo espera Recoleta, de Paraguay: la ida se disputará en Buenos Aires y la vuelta, en Asunción.

Boca salió decidido a no retroceder ni jugar el partido como si solo debiera defender la diferencia. Quiso ir a buscar otro gol. Al menos, desde la propuesta, pese a los obstáculos para generar peligro. Con Tomás Aranda partiendo desde la izquierda y acercándose al centro, buenas asociaciones con Lautaro Blanco e intentando hacerse con la pelota en campo rival, el conjunto de Rodolfo Arruabarrena dejó en claro desde el inicio que no pensaba ceder protagonismo. En ese primer tramo, con cierta fluidez, logró acercarse al área rival, aunque sin remates al arco. La ocasión más clara fue la de Aranda, que dejó atrás a dos defensas, ingresó al área y lanzó un derechazo que se desvió en un defensor.

Pero esa versión de Boca duró poco. Apenas O’Higgins se acomodó, empezó a tomar el control del juego y, aun sin generar situaciones claras, dio la sensación de estar más cerca de romper el cero. Boca, sin la pelota, entró en confusión. No presionó, pero tampoco esperó. Quedó a mitad de camino. Intentó disputar el partido, aunque sin un plan claro y prácticamente sin contragolpe, con Sebastián Villa incómodo por la derecha y Miguel Merentiel, que nunca terminó de sentirse cómodo, como referencia.

En un césped resbaladizo, en el que por momentos costaba mantener el equilibrio, los chilenos parecieron adaptarse mejor. Circularon la pelota con mayor velocidad, encontraron huecos y atacaron con más decisión. Ahí emergió la peor versión de Boca: descoordinaciones defensivas, una zaga central que nunca transmitió seguridad entre los resbalones, llegadas tardías y decisiones erróneas, y un mediocampo que, pese a contar con Santiago Ascacibar, Leandro Paredes y Milton Delgado, jamás encontró orden ni consistencia, y pasó gran parte del tramo persiguiendo a los rivales. Al equipo le faltó coordinación entre líneas frente a un O’Higgins poco profundo, pero mucho más decidido, dinámico y prolijo con la pelota.

Lo mejor del partido

El primer tiempo dejó nuevamente en evidencia que Boca todavía es un equipo en construcción, una realidad que, en un club donde cada partido se vive como una final, puede convertirse en un riesgo significativo. Se fue al descanso con la sensación de que había que corregir varias cuestiones para no sufrir en la segunda mitad, cuando O’Higgins seguramente adelantaría sus líneas para buscar el empate.

Arruabarrena tomó nota y movió el banco al inicio del segundo tiempo. Tras unos minutos con Villa por la izquierda, mandó a la cancha a Leonardo Flores, el juvenil que había dejado buenas sensaciones en los primeros duelos del ciclo y que volvió a ratificarlas en Chile. Con Aranda más retrasado, liberado de buena parte del retroceso y con mayor participación en la elaboración, Flores le dio una nueva profundidad al ataque, con un par de carreras que obligaron a O’Higgins a ajustar sus defensas. Aranda, de todos modos, siguió siendo el jugador más peligroso de Boca: apareció de a ratos, desequilibró cada vez que encontró espacios y fue, junto a Flores, casi la única esperanza del equipo en la última fase.

Boca, sin embargo, siguió siendo un equipo inconsistente. Y esa fragilidad quedó expuesta de nuevo en la jugada del gol de O’Higgins: tras un lateral al área, Figal rechazó hacia el centro y González aprovechó para rematar abajo ante Montero.

El 1-0 terminó por romper el partido y dejó las cosas claras. O’Higgins sintió que podía ganarlo, y Boca quedó obligado a apostar por las transiciones, con las carreras de Flores como principal argumento, aunque sin peso real dentro del área. De hecho, el joven fue el único recambio de Arruabarrena durante toda la noche. Aun con un desarrollo adverso, el entrenador hizo apenas una modificación, cambiando de banda a Flores, y, si bien no tuvo muchas variantes en el banco para cambiar la historia, el equipo no lograba imponerse. Recién en el tramo final Boca consiguió arrinconar a O’Higgins y tuvo sus mejores chances: un remate de Flores que rozó el travesaño, un tiro de Aranda que despejó Omar Carabalí, un cabezazo de Ayrton Costa que pasó rozando y otro intento de Aranda que exigió al arquero.

En la tanda de penales, Montero atajó uno, O’Higgins falló otro y, después de que Aranda desperdiciara el primer match-point al picarla, Blanco le dio a Boca una clasificación tan valiosa como reveladora. Porque siempre es mejor corregir desde la victoria. Pero el equipo dejó en claro que todavía está muy lejos de la versión que pretende Arruabarrena.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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