PARÍS.— El proceso contra los individuos acusados del asesinato del rugbier argentino Federico Martin Aramburú, ocurrido cerca del bar Le Mabillon en París en marzo de 2022, concluyó este miércoles su octava sesión ante el Tribunal en lo Criminal de la capital francesa. Una sesión marcada principalmente por el perfil psicológico presentado por el perito responsable de valorar a los cuatro inculpados: según su informe, Loïk Le Priol —autor de los disparos que provocaron la muerte— presenta “una propensión activa a la violencia” que intenta ocultar mediante un discurso “con tono de víctima”, y un sentimiento de persecución y mala fe que resurgen cada vez que percibe un ataque a su honor.
Este diagnóstico clínico arroja luz, a posteriori, sobre el comportamiento del acusado la noche del crimen —amenazas expresadas con voz “suave”, bofetadas y disparos a quemarropa—, tal como lo relató a lo largo de la jornada la serie de testigos presentes. Los acusados llegaron a la sala Voltaire poco antes de las 10. Loïk Le Priol, con un chaleco sobre una camisa blanca, saludó a sus abogados y recorrió la recinto con la mirada, impasible. A su lado, Romain Bouvier, con una camisa clara, conversaba con sus dos defensores. Lyson R., y Antonio S., que se hallan en libertad, ya ocupaban sus asientos.
El testimonio de François, un subastador que estaba sentado a la mesa justo detrás de los rugbiers aquella noche, dejó huella en la mañana. Visiblemente afectado más de cuatro años después de los hechos —tomó pausas en su relato y terminó llanto al concluir su declaración—, relató el ambiente distendido de aquella velada estival antes de que la tensión se desbordara: los comentarios despectivos de Loïk Le Priol hacia dos peatones, la pelea que surgió cuando uno de los rugbiers (Federico) tiró de la capucha del acusado al ponerse de pie, y, sobre todo, la amenaza que afirma haber escuchado con claridad, pronunciada con una voz “suave” pero cuyo sentido era contundente: “Cállate la boca o te voy a disparar, y voy a hacer daño a tu madre”.
También se señaló el papel de Lyson R., la única mujer entre los cuatro acusados. Según el testigo, Bouvier ordenó a Lyson que tomara el Jeep de Loïk Le Priol para subir por el boulevard Saint-Germain y dar alcance a los rugbiers que se habían marchado. Una orden que, según afirmó, ella habría seguido sin objeciones: “Estaba plenamente de acuerdo, en perfecta sintonía”, resumió, describiendo lo que fue verdaderamente una “cacería humana”. Loïk Le Priol, que lo observó fijamente durante toda la declaración, negó con la cabeza en varias ocasiones. Su versión fue contrastada con varias secuencias de video mostradas en la sala: se ve el Jeep partir y regresar frente a Le Mabillon, Lyson R. descendiendo del vehículo y una escena en la que Loïk Le Priol sujetó a Shaun Hegarty por el cuello antes de ser separado por un guardia de seguridad.
François reconoció en esas imágenes el instante exacto en que oyó la amenaza de “fumar” por parte del acusado. La reproducción de los videos se interrumpió en dos ocasiones por las protestas del abogado defensor, Dr. Vigier, amonestado por el presidente del tribunal. El testimonio también se enfrentó a cuestionamientos durante la tarde: los abogados de Lyson R. y de Romain Bouvier impugnaron sus contradicciones. Uno de ellos llegó a soltar el micrófono exclamando que “sus declaraciones ya no nos interesan”, mientras que otro lo acusó frontalmente: “¡Afirmo que usted miente!”. Sin perder la compostura, el subastador sostuvo cada una de sus palabras: “Solo puedo declarar lo que mi mente grabó. No soy una cámara de videovigilancia”.
El tribunal se tomó después un tiempo para hacer un primer balance de la mañana, centrado en una cuestión que atraviesa todo el proceso: dada la distancia entre Aramburú y el lugar de los disparos, el ángulo del brazo de Romain Bouvier que se observa en los videos parece contradecir la versión del acusado de que el disparo fue dirigido hacia el suelo. A su vez, de los seis disparos efectuados por Loïk Le Priol, cuatro impactaron en la víctima. Queda por dilucidar si los otros dos fueron disparos de advertencia, un punto en el que la experiencia militar del acusado, excombatiente, cobra relevancia en el debate. ¿Asesinato premeditado, como sostiene el acta de acusación, o una reacción defensiva, como sostiene la defensa sin negar la gravedad de los hechos? La cuestión permanece sin resolución.
Los demás testigos escuchados durante la jornada ofrecieron una visión mucho más incierta. Fabien, un camarero habitual que no conocía a los dos rugbiers, presentó un relato cargado de lagunas cronológicas sobre el desarrollo de los hechos, antes de asegurar haber oído a Loïk Le Priol decir, mientras abofeteaba a Shaun Hegarty: “Soy militar, voy a hacer daño a tu madre”, y haber visto al acusado sacar “su brazalete policial y su pistola” antes de los disparos. Al confrontarlo con sus declaraciones previas ante la policía, en las que faltaban muchos de estos detalles, terminó reconociendo sus lagunas de memoria cuando el presidente del tribunal, Franck Zientara, le señaló: “Hoy no recuerda nada”. “Exactamente”, respondió.
Santa, un repartidor que pasaba por la zona en aquel momento, describió una confrontación en la que uno de los hombres golpeaba al otro con fuerza antes de sacar una pistola y efectuar “cinco, seis disparos” contra su objetivo: “No disparó al aire”, afirmó, aunque no logró precisar la cronología exacta de los hechos, especialmente la llegada del Jeep. Por su parte, el testimonio escrito de una amiga de François, leído por el presidente en su ausencia debido a que se encontraba hospitalizada, coincidió con la tesis de la persecución organizada. La joven afirmó haber tenido la impresión de que Lyson R. perseguía a los dos rugbiers y haber visto a la acusada hacer una señal para indicarles que los había localizado. Este testimonio fue objeto de impugnaciones por parte del abogado de la acusada, quien reiteró “eso es falso” ante cada frase leída por el tribunal.
Un giro en la audiencia
La tarde adquirió un tono radicalmente distinto con la intervención de Alexandre Ledrait, el psicólogo forense que elaboró los peritajes de los cuatro acusados. En primer lugar, centró su análisis en el perfil de Romain Bouvier, describiéndolo como alguien con una “tendencia al dominio y al control” y con “fragilidades narcisistas”, vinculadas a un “sentimiento de impotencia” derivado de haber presenciado, durante su niñez, la violencia doméstica que sufría su madre, a quien, según relató, tenía presente en la sala. En lo relativo a su relación con Loïk Le Priol, el acusado le habría confesado: “Es el hermano que nunca tuve”. El experto también destacó las “reales capacidades intelectuales” del sujeto, lo que, según su testimonio, dificultó la realización del peritaje. Al ser preguntado por el fiscal sobre la capacidad del acusado para cuestionarse a sí mismo, el psicólogo no dejó lugar a dudas: “No”. Lo describió como alguien “egocéntrico”, que sostiene que “simplemente se defendió”. Durante ese peritaje, Romain Bouvier mostró atención, intercambiando palabras con su abogada, sin desplazarse, alternando la mirada entre el presidente del tribunal y el experto.
Luego se pasó a la evaluación de Loïk Le Priol, a quien el psicólogo entrevistó dos veces, observando dos actitudes muy distintas entre una sesión y otra: un hombre inicialmente inquieto, que consideraba injusta su detención, y luego más sereno en la segunda cita. El experto indicó un vínculo familiar forjado en torno al “mundo militar” y al elitismo, con comparaciones narcisistas respecto a otros militares, así como un posible trastorno de estrés postraumático, señalando que el acusado se mostró especialmente sincero al evocar el sufrimiento vivido durante su carrera como comando.
Según el perito, la salida del ejército habría provocado una ruptura profunda en un proyecto familiar y personal ya trazado, lo que le generó un sentimiento de persecución y mala fe cuando su honor se ve amenazado: un “daño narcisista”, en las palabras del experto. Se insistió, especialmente, en la dificultad de Loïk Le Priol para reconocer cualquier comportamiento violento de su parte, sosteniendo que sus declaraciones estaban “teñidas de una postura de víctima” que tiende a “ignorar una propensión activa a la violencia”. Concluyó su exposición ante el tribunal con una formulación inequívoca: “El sujeto posee una propensión a exponerse a la violencia fundamental del otro y tiende a presumir la mala fe ajena, lo que deriva en una agresividad directa”. Durante toda esta parte de la audiencia, Loïk Le Priol permaneció inmóvil, con la cabeza baja y la mirada fija en el suelo.
Consultado sobre la relación de Le Priol con la ley, dado que el acusado ha sido condenado en repetidas ocasiones y ha violado medidas cautelares que le fueron impuestas, Alexandre Ledrait fue categórico: “La ley no parece ejercer autoridad ni cumplir ninguna función”, respondió y añadió: “No se siente sujeto a ella. La violencia encuentra una especie de legitimidad moral. Su relación con la ley se rige únicamente por su interés.”
El abogado de Le Priol intentó justificar la “violencia fundamental” descrita por el experto como un “fenómeno de autodestrucción” provocado por los traumas sufridos por su defendido en África: “¿Derivado de un TSTP (trastorno de estrés postraumático) no tratado?”, preguntó. Una vez más, Alexandre Ledrait fue incisivo: “No lo creo. No”.
La sesión continuará mañana jueves, avanzando en el análisis de las circunstancias exactas de los disparos mortales de Romain Bouvier y Loïk Le Priol, así como en la cuestión clave de la premeditación, que ha marcado el debate entre la acusación y la defensa desde el inicio del proceso.