El tiro desde el punto penal que dispuso Corinthians al minuto 101, ejecutado por Memphis Depay, podría haber cambiado el curso de la historia. La estrella neerlandesa lo falló por alto y la atención, que se había desplazado por la sorprendente secuencia de la última jugada de la revancha, volvió a centrarse en Alexis Castro, la pieza clave de la serie que llevó a Estudiantes a una semifinal de la Copa Libertadores tras 17 años. Fue quien acompañó los dos tantos que consagraron el 2-1 global, aumentando las jornadas que ya lo empiezan a situar como un hombre de definiciones importantes. “Uno siempre sueña con estar en estos momentos”, confesó emocionado. No fue sencillo alcanzar este momento a sus casi 32 años.
Las dos dianas, ni más ni menos, fueron las primeras que convirtió vistiendo la camiseta de Estudiantes en esta competencia continental (en la edición de 2025 no había anotado ni dado asistencias). Abría la eliminatoria y la cerraba, literalmente. En La Plata, el vaivén de sus piernas y los rebotes tras un córner dejaron a su alcance la definición al minuto inicial; anoche, en el Arena Corinthians, hizo vibrar a la hinchada rojiblanca con una volea de zurda prodigiosa que dejó la pelota pegada al ángulo, a los 42 del complemento.
“La sensación es inexplicable. Tengo a mi hijo de dos meses que me dio un impulso enorme, me hizo crecer y aprender un montón de cosas. Esto es para él, mi mujer y mi familia. Para este grupo de jugadores que no renuncia a una pelota, que sufre hasta el último minuto”, fueron sus primeras sensaciones, con la voz entrecortada y un par de suspiros para poder expresarse. Y para dejar claro que Estudiantes lo acompaña como si lo hubiese seguido desde sus inicios, no dudó en citar a Alejandro Sabella: “Y como dijo un gran maestro nuestro, pasamos el Rubicón”.
Pero quizá nunca imaginó pasar por esa institución. Porque su padre es Fernando Castro, el verdadero “Pucho”. De ahí que muchos lo nombren a Alexis con ese mismo tono, aunque en realidad se le conoce como “Puchito”. La cuestión es que su progenitor lució, en Argentina, las camisetas de River, Racing, Quilmes, Chacarita, Instituto (el club que más le marcó), Banfield y hasta Gimnasia. Incluso, su tío, Fabián Pepe Castro, pasó por Ferro, Comunicaciones, Defensores de Belgrano, San Lorenzo y Atlanta, donde es ídolo y dejó una huella imborrable. Sin embargo, ser un Pincharrata más se convirtió en la prioridad del actual volante.
“Siempre estuve familiarizado con el fútbol, gracias a mi tío y a mi padre. Es una familia de futbolistas. Mi viejo dice que él es el mejor, pero soy yo, ja. Nada que ver a mí, porque él era extremo derecho y yo soy más de posicionamiento. Disfruto mucho la visión que tienen ellos dos del fútbol”, comentó hace años en una entrevista que le realizaron en Santa Fe, cuando era jugador de Colón. Quizá ese sea el lugar donde empezó a desplegar sus alas o, con mayor certeza, la razón principal por la que hoy disfruta en Estudiantes.
No obstante, mucho antes transitó por episodios muy distintos a los actuales. Para empezar, hay una coincidencia llamativa: se formó entre San Lorenzo y Tigre, pero en distintos momentos de su carrera, se arrepintieron de dejarlo ir y volvieron a contratarlo.
En Boedo lo recibieron a los diez años, lo liberaron antes de debutar en la primera y en 2017 desembolsaron US$ 1.800.000 para sacarlo de Victoria, donde llegó con edad de sexta y debutó en primera a los 20. Sin embargo, tras 40 partidos y varios préstamos en el medio (Defensa y Justicia, Tijuana y Colón) el Ciclón prefirió desligarse del mediocampista: Tigre aprovechó una deuda de San Lorenzo para volver a tenerlo en 2022.
Castro no terminó de afirmarse en ninguno. En Tigre formó parte del equipo que consiguió el subcampeonato en su año de regreso, pero aún con ese recuerdo se lo ha querido tanto como se ha resistido. Tanto que se fue libre a Nacional, de Uruguay. En San Lorenzo, directamente, no tuvo una buena experiencia y de las tres cesiones pactadas, recién la tercera rindió, en 2021. No le ayudó mucho salir a Defensa y Justicia, en 2019, ni a Tijuana, de México, en 2020. Recién su llegada a Colón significó empezar a creer en sí mismo.
Porque allí lo recibió Eduardo Domínguez, el entrenador que lo convirtió en pilar de aquel equipo que se coronó en la Copa de la Liga 2021, en la que anotó el 3-0 de la final ante Racing. Se ganó el cariño de los santafesinos, pero no pudieron retenerlo. Cuatro años más tarde, el Barba, ya como entrenador de Estudiantes, pidió por él. No le dio un rol titular indiscutido, pero por algo decidió dejarle al Pincha al volante zurdo: formó parte de las conquistas del Torneo Clausura y del Trofeo de Campeones.
Alexander Medina lo está saboreando y exprimendo. De hecho, el último gol de Castro había sido ante Gimnasia, convirtiendo el 4-0 con otro golazo: bajó la pelota de pecho y la colocó contra un palo con un zurdazo de sobrepique. Como si todo fuera hilo conductor, el tramo anterior al clásico merece el recuerdo: en la desesperación por derrotar a Independiente Medellín para superar la fase, el Cacique lo hizo ingresar a falta de dos minutos y asistió de cabeza a Mikel Amondarain en su gol in extremis que clasificó al equipo a octavos de final.
Más atrás, con Domínguez aún al mando, abrió un triunfo en el Monumental ante River. En la celebración simuló prender un cigarrillo, una dedicatoria explícita para su padre. “Puchito” va dejando huellas imborrables en su trayectoria. Por eso, tras devolver al Pincha a una semifinal de Libertadores, aceptó la referencia de ser una situación digna para un “habano”: “De a poco, me están cambiando el apodo, ja. Siempre que sea con esta energía tan bonita que me da esta gente….”
Alexis Castro está suelto, quizá como nunca. A un mes de cumplir 32 años, no es tarde para que transmita la plenitud, la felicidad y la comodidad de pertenecer a una escuela de Estudiantes que dejó huellas profundas en su corazón.