Independiente volvió a ganar y disimula la crisis que lo acosa tras el mercado de pases y la economía

10 septiembre, 2026

El ambiente marcó el pulso y la visita a Central Córdoba dejó a Independiente con una única misión: sumar de a tres. No era el momento de debatir métodos ni de exponer argumentos firmes; la presión del instante exigía resultados y el Rojo no tenía espacio para otro tropiezo. Se llevó la victoria y punto. Celebró en el césped, pero también porque ese triunfo otorga aire fresco a los dirigentes, que pasan y no logran hallar la forma de enderezar el rumbo económico e institucional.

El triunfo 1-0 protege, aunque hay que mantener la guardia alta: el adversario lo sometió en varios pasajes y lo que en Santiago del Estero representó alivio, en la próxima fecha podría convertirse en una inquietud.

Un inicio a ritmo alto, que deja ver las urgencias de dos equipos que transitan un Clausura con tropiezos. Vértigo, juego veloz, algunas combinaciones y, desde el banquillo, el entrenador de Independiente, Jadson Viera, se mostraba inquieto ante el retroceso de su once. No sorprende la preocupación del uruguayo: fue el talón de Aquiles en la derrota en Avellaneda ante Gimnasia, de Mendoza. Un movimiento casi inmediato habría podido cambiar la cara del técnico: Maximiliano Meza dio entrada al uruguayo Matías Abaldo, quien envió una pelota cruzada para la definición del joven Felipe Tempone. Los dos últimos estaban en claro fuera de juego.

Dos formas distintas de avanzar y herir. Independiente buscó controlar la posesión como eje de su juego, con Meza marcando el pulso como titiritero. La intención de enlazar líneas con el desdoble de Facundo Zabala y Abaldo se repitió; Santiago Montiel apareció de forma intermitente: explosivo en ciertos pasajes y ausente en otros, pero siempre sacrificándose para retroceder.

Construir triángulos para proyectar el ataque, esa era la idea, aunque se requería precisión y no siempre llegó; ante los tropiezos, el Rojo se refugió en acciones individuales: Montiel, el que más intentó. El plan de los santiagueños era correr con espacio, sabiendo del flojo retroceso del Rojo: un juego directo, vertical, siempre buscando a Rodrigo Rey. El que ponía la pelota al servicio era Marco Iacobellis, que se ofrecía como nexo para Diego Barrera y Ezequiel Naya.

Impreciso, falto de confianza y con dudas para arriesgar, Independiente sufre la carencia de caciques. El cierre del mercado de pases lo dejó desamparado en ese rubro, con las salidas apresuradas de Gabriel Ávalos y Kevin Lomónaco.

El delantero, rumbo a Olimpia, de Paraguay; el defensor, hacia Elche, de España. Dos movimientos que exponen la crisis económica de un club que lleva tiempo atravesándola, aunque cambien los dirigentes. Buscaron saldar deudas por traspasos sin pagar, recortar contratos para no inflar el pasivo con futbolistas que firmaron nóminas incompatibles con las finanzas del Rojo. En total, este año se fueron 13 jugadores, entre quienes rescindieron y quienes se fueron por ventas.

El resumen del triunfo de Independiente

Ocultar las bajas, alimentarse de puntos para integrarse al grupo de ocho que disputará los playoffs, superar dos duelos sin victorias ni goles —empate sin festejos frente a Independiente Rivadavia y caída 0-3 ante Gimnasia, de Mendoza— eran metas que Independiente entendía como obligatorias.

Meza dejó mano a mano a Tempone, pero el atacante definió sin convicción y el arquero Alan Aguerre negó el festejo con un despeje con el pie. La jugada fue una advertencia, una señal de que Central Córdoba tiene vulnerabilidades defensivas y de que el Rojo debía atreverse a ser protagonista para desbloquear el trámite. Surgió entonces la fórmula que mejor le sienta en el desarrollo: la asociación de pases, la estocada de Mateo Pérez Curci y la definición del lateral Leonardo Godoy.

Independiente encontró una razón para sonreír en medio de las penurias que lo rodean, tanto en la cancha como en las arcas, aunque se trate de un ligero maquillaje para un club con una historia tan rica, un grande que parece haber despertado de su letargo.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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