ROSARIO.— Más allá de contabilizar cuánta gente se acomodó dentro del recinto, conviene observar cuánta quedó fuera y no pudo disfrutar. Se tuvo que cerrar el acceso y muchos perdieron la fiesta, así de potente es el tirón de este equipo. El público que vino a ver a sus ídolos se llevó mucho más que un espectáculo de alto nivel.
Los Pumas 7s lograron en estos Juegos Suramericanos algo que va más allá de una simple medalla dorada. La posibilidad de competir en casa junto a todas sus figuras y recibir el cariño de la afición representa un fenómeno único, casi excepcional. Si los jugadores estuvieron a la altura de las circunstancias no fue solo por haber tomado un campeonato lógico, sino por haber alimentado ese fenómeno popular que sigue creciendo.
Paralelamente, la selección femenina de las Yaguaretés comenzó a ganarse también un lugar en el corazón de los argentinos. En este caso, el mérito es deportivo: las chicas ratificaron el notable progreso mostrado la temporada anterior y arrancaron este ciclo con la primera dorada en la historia de los Suramericanos, la clasificación para los Panamericanos de Lima 2027 (regresan tras ausentarse en 2023) y el puntapié inicial de una campaña que buscará sostenerse entre la élite del Circuito Mundial.
“Nada más hermoso que hacerlo en casa y con nuestra gente. Es algo espectacular”, celebró Gregorio Pérez Pardo. “Hemos disputado algunos torneos en Mar del Plata, pero nada oficial de esta magnitud. Nada como sentir el respaldo de la gente. Esto es un magnífico inicio para la temporada que se viene”.
La lógica no destruye el mérito. Los Pumas 7s derrotaron a Chile por 17-7 en la final disputada en la pista sintética del Hipódromo Independencia. Un triunfo esperable, pero no por eso menos placentero para los aficionados que llenaron las tribunas. También influyó el nerviosismo que derivó en errores no forzados, aprovechados por los chilenos con su habitual garra. Marcos Moneta tranquilizó el encuentro apenas iniciado el complemento y anotó el try que definió el marcador. Santino Zangara y Juan Patricio Batac habían apoyado en la primera mitad.
Sin Brasil en el cuadro, la potencia regional más destacada en la rama femenina (ya clasificada a los Panamericanos) las Yaguaretés tenían la obligación moral de quedarse con el oro. La victoria del sábado ante Colombia (24-5), una rivalidad históricamente pareja, certificó el favoritismo argentino. Se volvieron a ver las caras en la definición, y allí quedó demostrado el salto cualitativo que dio este equipo con la contundente victoria por 33-5.
“Es una alegría enorme, estamos muy emocionadas de haber logrado la primera medalla dorada para la Argentina”, afirmó la entrerriana Antonela Reding. “Haber disputado tantos torneos este año, enfrentarnos a los mejores equipos, marcar tries a todos nos dio muchísima confianza y nos permitió construir esa confianza entre nosotras”.
La última vez que los Pumas 7s disputaron un evento oficial en la Argentina fue el Sudamericano de Seven de 2015, en Santa Fe. El seven no es una disciplina habitual por estos lares. En la Argentina se mantiene reducida a un puñado de certámenes al final de la temporada doméstica. Pero esta selección ha logrado algo mágico: trascender las fronteras del deporte y conquistar a un público que va más allá del rugby tradicional. El plan de alto rendimiento elaborado por la UAR en coordinación con el Enard y la visión estratégica e inspiradora de Santiago Gómez Cora cumplen una función clave en ese sentido. Sin embargo, es la entrega y el compromiso que este equipo viene demostrando desde Tokio 2021 (por señalar un punto de partida) junto al carisma de figuras como Moneta o Lucho González, lo que, en definitiva, conquista al público. Un idilio que en Rosario se mostró en su expresión máxima.
Acostumbrados a competir en sedes lejanas y con horarios difíciles (como Hong Kong, Singapur o Australia), el vínculo entre los jugadores y la hinchada se mantiene casi exclusivamente a través de las redes sociales. Sólo cuando aparecen aislados para ver a su club o a alguna franquicia la admiración puede volverse tangible. Por eso este certamen tuvo un valor adicional.
Tras recibir la medalla, como ocurre tras cada encuentro, ninguno de los jugadores o jugadoras se fue sin dedicar minutos a firmar autógrafos y a posar para las fotos con todos los que se lo pidieron. Predominaba la presencia de adolescentes, un público mayoritariamente femenino y familiares y amigos de los deportistas. Batac, de Junín, contó con una hinchada propia numerosa y bulliciosa. De Haro, por supuesto, fue la más numerosa entre las tribunas. Moneta Cordón fue el más solicitado, pero no fue el único: todos recibieron el afecto y se tomaron el tiempo necesario para corresponderlo.
El bullicio, con tribunas colmadas y gente rodeando todo el perímetro de la cancha, con colas de 500 metros para ingresar hasta minutos antes del inicio del partido, tuvo un mérito adicional: a pocos pasos existía el fan fest con Benja Amadeo y Turf. La explicación está en las deficiencias organizativas, que no anticiparon tal convocatoria (algo previsible) y que quedaron rebasadas por este evento de magnitud para el que no se contó con la estructura adecuada.
Para Pumas 7s y las Yaguaretés, Santa Fe 2026 representó el inicio de una temporada con enormes expectativas. La lucha por el título anual y la clasificación olímpica para los hombres, la permanencia en la élite y el desarrollo continuo para las chicas. Por encima de todo, significó un abrazo con su gente. Una experiencia que resultó gratificante para ambas partes.