La Fundación River Plate inaugura la iluminación de la cancha del único club de Purmamarca

14 septiembre, 2026

PURMAMARCA.— Al caer la noche, el cerro de los Siete Colores de la localidad de Purmamarca, en la provincia de Jujuy, apenas se distingue como una silueta que oculta el horizonte. Sus tonalidades ocres, rosadas y verdosas –la seña distintiva que atrae a millones de visitantes de todo el mundo– quedan invisibles. Pero si uno se interna en la quebrada entre las montañas, surge una claridad que rebota sobre la tierra multicolor. En el eco generado entre las elevaciones se oyen sonidos insólitos: botines y tenis rozando la arcilla, una pelota, respiraciones agitadas.

Al asomarse, se descubre un terreno llano y recto, delimitado por líneas blancas de cal, a unos 2300 metros de altura. Un grupo de niños se divierte con el fútbol. Persisten en seguir la pelota con entusiasmo, levantan polvo y guijarros con sus pies y sonríen cuando uno tropieza. En ese momento, uno de los más grandes del grupo se aparta, toma la pelota y la remata de volea. El tiro sale con fuerza y entra en la red. El grito de gol suena como si fuera una final.

La cancha recibe el nombre Diego Armando Maradona y forma parte del Club Atlético Santa Rosa, una institución que nació en 1924 gracias a un grupo de familias que fue transmitiendo la administración de generación en generación. Es el único club existente en Purmamarca.

En 1934 la superficie aún no estaba aplanada y los muchachos la utilizaban como potrero. Para sacar un tiro de esquina debían escalar un par de metros la base del cerro. Lo que destacaba en ese momento eran las luminarias situadas en cada costado de la cancha, y cuya instalación se terminó de colocar hace apenas una semana. “Para mí, la luz de la cancha no apaga el cerro. Lo ilumina”, afirma Gastón Cruz, presidente del club Santa Rosa.

Un grupo de niños aprovecha el poco sol que queda en la cancha en el Cerro de los Siete Colores
Un grupo de personas se reúne en el cerro para ver el partido que ocurrió poco después de la inauguración de la red de iluminación en la cancha

Una cancha entre los cerros

Cumple múltiples funciones. Se utiliza para los entrenamientos de las categorías de Primera, Reserva y femenino del Santa Rosa. Todos participan en la Liga Quebradeña de Fútbol, que agrupa a entidades de 14 localidades. Además, el club presta gratuitamente el terreno a la escuela deportiva municipal, a la liga de veteranos y a las dos escuelas del pueblo (una primaria y una secundaria) para que practiquen deporte.

A ello se suman actividades comunitarias o eventos externos —como el Raíd de los Andes, la reconocida prueba de trail running que culminó este año en la cancha—. El Santa Rosa además presta el recinto a otros clubes de la zona para que actúen como locales y no deban desplazarse tanto para competir.

Hasta ahora, todos debían turnarse para utilizar el predio y lo alternaban con la diminuta cancha de cemento que se halla en la sede principal del club, ubicada en la Ruta Nacional 52 frente al Río de la Quebrada de Purmamarca, en el mismo camino que conduce a las Salinas Grandes.

El pasado jueves, la Fundación River Plate inauguró la obra de iluminación de la Diego Armando Maradona.

La intervención se realizó en conjunto con Mantelectric, con el respaldo de la Fundación Signify y en coordinación con la Secretaría de Deportes provincial.

La cancha saltó a la popularidad en 2024, cuando Gianni Infantino, presidente de la FIFA, compartió una publicación elogiando su belleza y singularidad. Más tarde, fue destacada en un documental como una de las más extraordinarias del planeta.

Desde entonces, las redes sociales del equipo se llenaron de mensajes de apoyo de aficionados de todo el país. “Acá en Buenos Aires también alentamos!! Vamos!!”, comentó un seguidor.

Un club hecho a pulmón

Como la cancha, el club cumple múltiples funciones. En diciembre cumplirá 102 años y, desde su creación, ha sido un refugio para la comunidad. Su nombre rendimenta homenaje a Santa Rosa de Lima, la patrona local. Cada 30 de agosto se juega un partido en su memoria.

Guacinto “Washington” Cruz, de 85 años, forma parte del Santa Rosa casi desde que nació. Rememora aquellos tiempos en los que, con seis años, la cancha aún no existía y él y sus amigos jugaban en un terreno privado que no se utilizaba. “No había mucha infraestructura y las manzanas no estaban edificadas. Allí veníamos a jugar”, cuenta a LA NACION.

Eso continuó hasta que un joven los reunió y propuso que cada domingo jugaran dos equipos: siete contra siete. “Así nació el club. Mi abuelo fue uno de los fundadores y ocupó la presidencia. Yo, a los 18, empecé a formar parte de la comisión directiva”, cuenta. A los 25 asumió la presidencia. Su esposa fue secretaria desde los 23. “Toda una vida”, bromea.

Washington era conocido como “Pichón”. Era maestro rural y enseñaba de todo: cómo jugar al fútbol, al básquet y al vóley. En aquella época pasaba por el terreno y lo imaginaba: “Tenía una pendiente tremenda. Desde ahí sería imposible anotar un gol olímpico.”

También fue el primer club de la zona en contar con vestuarios, una obra levantada con sus propias manos: “No teníamos ingresos. Uno traía la madera, otro traía las varas y cañas para el techo. Nosotros trasladábamos las piedras del río para colocar los cimientos. Las llevábamos a cuestas unos 200 metros.”

Y así continuó el esfuerzo a pulmón. En la actualidad, el presidente del Santa Rosa es su hijo, Gastón, quien acumula seis años en el cargo. Hoy la cancha mide 85 metros de largo por 65 de ancho, y siguen existiendo obstáculos. Las líneas de cal deben volver a pintarse antes de cada partido.

La municipalidad facilita un camión para regar la cancha dos veces por semana, con el fin de que no se levante tanto polvo durante los encuentros. En los días de lluvia el juego se dificulta porque algunas zonas todavía no cuentan con muros de piedra, de modo que el agua se infiltra con facilidad y la arcilla se acumula hacia el centro.

El mantenimiento es costoso. Cuando se encharca es muy complicado. Pero estamos erigiendo muros de contención”, detalla Gastón. También rodearon la propiedad para evitar accesos no autorizados: una vez un caballo de una finca cercana se escapó y debieron perseguirlo hasta sacarlo del terreno.

La iluminación abre nuevas posibilidades, como permitir que los jóvenes jueguen tras la salida de clases. La secundaria funciona con jornada completa, lo que dificultaba que los chicos pudieran disfrutar del recinto por la noche. De mayo a agosto, en invierno, los escolares terminan a las 18:30 y apenas pueden jugar media hora. “La luz nos da una buena ayuda. Les da la posibilidad de quedarse y entrenar de forma continua, lo que se repetirá dos veces por semana”, señala.

Para el equipo de Primera también representa un beneficio: todos los jugadores trabajan y salen a entrenar por la tarde o por la noche. “Muchos son meseros, tienen su propio negocio y trabajan en un remis. Recién a las 20 pueden jugar”, añade Gastón.

El presidente del club sueña incluso con un torneo nocturno para las categorías infantiles, que se lleve a cabo durante el verano, para chicos entre ocho y doce años. “Los padres quedan liberados en esos horarios y pueden ir a apoyar a sus hijos”, afirma.

Santa Rosa como contención

Muchos familiares atraviesan realidades económicas complicadas y el club se convierte en un pilar fundamental para la comunidad, explicó Noelia Catacata, educadora comunitaria del club y integrante del Ministerio de Educación local.

“La mayor parte de los padres trabaja en la plaza como puesteros. Muchas veces los chicos llegan sin comer y debemos brindarles té, mate cocido o bizcochos”, señala. Resalta que, como única condición, los jóvenes que ingresan deben estar escolarizados.

El club también acoge a niños de localidades cercanas que desean jugar para el Santa Rosa pero no pueden desplazarse. Gustavo Jerez, entrenador actual del Santa Rosa, se encarga de trasladarlos a Purmamarca en su camioneta y devolverlos a sus hogares. Él heredó su amor por el fútbol: su padre jugaba para el Santa Rosa.

Durante la tarde del jueves, todos se reunieron para la inauguración oficial, que ocurrió poco después de que la Fundación River Plate ofreciera capacitaciones para autoridades y formadores de clubes locales. También participaron Felipe Llorente, presidente de la Fundación; el gobernador de Jujuy, Carlos Sadir; el intendente de Purmamarca, José Humberto López; el presidente de Mantelectric, Carlos Pérez San Martín; y el Sales Manager de Signify, Juan Ignacio Martire.

Durante todo el acto, los niños de la localidad persiguieron la pelota para intentar convertir un gol mientras el sol se escondía entre las montañas. Cuando se encendieron las luces, el duelo continuó hasta que solo quedó a la vista la silueta de los cerros. “Siento que el cerro se ilumina. Que brilla”, comenta Gastón.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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