Tenista lucha contra las lesiones: el tobillo que preocupó a Cincinnati

16 agosto, 2026

No hay nada peor para un atleta que una lesión. Aún más cuando los imprevistos se enfilan uno tras otro y el miedo ante cada contratiempo crece. En un circuito tan exigente como el tenis, duro, agotador y sumamente competitivo, quedarse fuera de la cancha durante semanas o meses, y en el peor de los casos, cambiar de rumbo una carrera, es algo que puede ocurrir. Y poco se puede hacer cuando la mente entra en un modo de pensamiento negativo.

De ese trance podría haber estado cercano ayer el australiano Thanassi Kokkinakis, ya no exactamente un joven impulsivo, de los quese llevan todo por delante. Con 30 años y 440° del ranking mundial, le tocó debutar en el Masters 1000 de Cincinnati frente al portugués Nuno Borges. Un encuentro muy cerrado, que incluso pudo haber ido para él, con un punto de quiebre en el segundo set. Fue derrota y el dolor es mayor porque parece confirmar una historia que ha intentado cambiar durante demasiado tiempo.

Porque en el desempate decisivo, con 4-5 de servicio, el corazón pareció quedarse congelado. Al correr hacia la derecha para golpear una bola, una circunstancia lo sobrepasó: sufrió una fuerte contractura en el gemelo derecho y, al mover mal la pierna, se produjo una torcedura de tobillo impactante. Incluso se escucharon quejidos de dolor. Fueron segundos de angustia para todos, incluido su adversario. En una de las imágenes televisivas se veía cómo el gemelo quedaba rígido. No podía moverse en ese instante hasta que aflojara el músculo. Sin saber, por supuesto, qué tan grave era la torsión del tobillo.

Se reincorporó como pudo luego de recibir atención, alcanzó a disputar un punto más y terminó perdiendo el partido por 5-7, 7-6 (7/3) y 7-6 (7/4). El dato que hace aún más cruel la escena es que Kokkinakis había llegado a Cincinnati tras atravesar uno de los periodos más complicados de su trayectoria. A los 30 años, y después de haber pasado gran parte de su carrera entrando y saliendo del circuito por problemas físicos, buscaba algo que parecía casi extraordinario: una temporada completa de tenis sin que una lesión volviera a detenerlo.

Ahora deberá esperar para conocer la gravedad real del problema en el tobillo. Lo sucedido ante Borges, sin embargo, reabre una historia que parecía interminable.

Un cuerpo que nunca le dio tregua

Kokkinakis irrumpió en el tenis a una edad temprana. Fue finalista del Abierto de Australia juvenil en 2013 y pronto se erigió como uno de los grandes talentos de su generación. No obstante, su carrera profesional estuvo marcada desde el inicio por las lesiones. Tuvo problemas en la espalda, el hombro, el codo, la rodilla, la ingle y el pectoral. También atravesó una enfermedad que lo obligó a ingresar al hospital y le hizo perder una cantidad considerable de peso. El talento estaba, pero el físico, muchas veces, no acompañaba.

El momento de la lesión

Hubo momentos en los que parecía que finalmente podría asentarse entre los mejores. En 2015 venció a Roger Federer en Miami y en 2022 encontró una de las mayores alegrías de su carrera al ganar el Abierto de Australia en dobles junto a Nick Kyrgios. En 2023 logró su mejor ranking individual: el número 65 del mundo. Pero cada vez que parecía construir una continuidad, surgía otro problema.

El calvario más reciente comenzó varios años antes de la operación. Kokkinakis sintió por primera vez que algo no iba bien en el pectoral derecho en 2019. Continuó compitiendo y aprendió a convivir con la molestia. Durante años disputó encuentros con un músculo que, según explicó después, no estaba correctamente unido al hombro. Era una situación especialmente cruel: podía jugar, incluso ganar partidos importantes, pero el dolor aparecía después. En ocasiones disputaba un partido y luego su brazo quedaba prácticamente inutilizado para los siguientes.

La situación llegó a un punto límite en el Abierto de Australia 2025. Tras un intenso partido de cinco sets frente a Jack Draper, el problema se agravó. Al día siguiente debía jugar dobles con Kyrgios, pero tuvo que retirarse. Ya no quedaba margen para seguir esperando. En febrero de 2025 decidió operarse. Y no fue una intervención convencional.

Kokkinakis consultó a numerosos especialistas. Incluso habló con médicos vinculados a Rafael Nadal. Finalmente encontró una solución muy poco habitual: le retiraron tejido y parte del pectoral derecho y utilizaron un injerto de tendón de Aquiles proveniente de un donante fallecido para volver a unir el músculo con el hombro. Era una apuesta.

Tan poco habitual que, según relató el propio australiano, ningún tenista había pasado antes por una cirugía de esas características. Muchos especialistas sencillamente no se sentían cómodos con la posibilidad de operarlo. “Fue un riesgo que decidí asumir”, explicó después. Y había una razón: estaba cansado de jugar un partido, sentirse competitivo y luego abandonar o pasar días sin poder utilizar normalmente el brazo.

“Me daba igual si no volvía a jugar”, llegó a decir al recordar aquel momento. Lo que ya no quería era seguir atrapado en ese ciclo de jugar, sentir dolor y volver a parar. La recuperación fue larga. Casi un año fuera del singles.

En enero de 2026 llegó el momento que había esperado durante meses. En Brisbane volvió a competir en dobles junto a Kyrgios. El triunfo de los “Special Ks” tuvo un componente emocional enorme y Kokkinakis lloró. Después llegó el regreso en singles, en su casa, en Adelaida. Le ganó a Sebastian Korda en tres sets y protagonizó una remontada emocionante. Pero durante el partido volvió a aparecer el dolor en el hombro derecho. Recibió atención médica y terminó el encuentro como pudo. La victoria, paradójicamente, volvió a tener un sabor agridulce.

Al día siguiente se retiró del torneo por la lesión en el hombro. Y posteriormente decidió no disputar el singles del Abierto de Australia. Había pasado un año entero rehabilitándose para volver a jugar. Y apenas regresó, el cuerpo volvió a recordarle que la historia todavía no había terminado.

Pero Kokkinakis, obstinado, volvió a levantarse. Llegó a Roland Garros 2026 y consiguió colarse de nuevo en el cuadro principal, algo muy significativo tras todo el camino recorrido. Ganó en su debut frente al local Terence Atmane y cayó en la segunda ronda ante el español Pablo Carreño Busta. Para entonces, lucía en el brazo una enorme cicatriz de aquella operación que él mismo definió como una especie de “mordida de tiburón”. El australiano no ocultó la magnitud de lo vivido: una cirugía prácticamente sin precedentes en el tenis y una rehabilitación incomparable. Por primera vez en mucho tiempo, parecía poder mirar hacia adelante. Hasta Cincinnati.

Kokkinakis dejó Cincinnati con una nueva incógnita sobre su futuro físico. Aún no se conoce la gravedad de la lesión de tobillo. Pero las imágenes bastan para entender el golpe: está viviendo un calvario sin fin.

Mateo Fernández

Periodista deportivo argentino. Cubro la actualidad del fútbol y del deporte con una mirada directa, basada en el análisis y el contexto. Me enfoco en contar lo que pasa dentro y fuera de la cancha con claridad, sin ruido y con respeto por el lector.

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